Fue una tarde del verano pasado cuando el poeta hizo su entrada a mi oficina. Arrastraba los pies y fumaba. Venía acompañado de Margarita Rodríguez Freyre. La visita fue grata, la sorpresa fue grande. José María Lima me dijo que Sofía Irene Cardona y Carlos Alberty le habían hablado de mí y que le interesaba publicar un libro que Margarita le ayudaba a organizar.

Hablamos toda la tarde. Tomamos café. Me contó de su vida. Y yo, fascinado, pensaba que ante mí estaba un iluminado, un sabio, un verdadero palabrista.

Yo, extranjero en todas partes y ciudadano de la palabra, nunca merecí tanto poeta.

Fue una de muchas conversaciones que tuvimos por casi un año, durante el cual, entre sus recaídas en su condición de salud, montamos el libro que él quería. Un día de esos en que se decía en lucidez, Lima me dijo: “Éste es el primer libro que yo organizo”. Hacía cambios, eliminaba versos, añadía otros. Yo tan sólo lo escuchaba y lo miraba. Cuando revisaba, no necesitaba verificar el manuscrito. Se lo sabía de memoria.

Ante Lima, no había otro modo que la humildad.

En medio del proceso, mi madre fue diagnosticada con cáncer del seno. Ante mi tristeza, el poeta dijo: “Es una pena. Pero la muerte nos hace mejores”.

El poeta cambió de plano existencial ayer. Su libro en prensas lleva por título Poemas de la muerte, con los cuales pidió ser enterrado. Ahora, irremediablemente una obra póstuma, se nos adentra hecho palabras. La carne gravita. Se desvanece. El poeta se queda.

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Ahora digo ayer

aunque lastime.

Camino despacio

este tablado.

Reúno, resucito, respiro.

Escogidas palabras

a una señal,

acuden

a despertar desvelos

olvidados.

Me recuesto a dormir

en las fisuras

(es sabio;

no agrede la ventisca,

de este lado del muro

conozco el empedrado

y las alturas,

el residual espacio

las lagunas

las voces desteñidas

los molinos

los odres engañosos

las bacías vacías;

es tibio)

de reojo

la sorprendo restando

y disponiendo restos.

“Habla a solas”

murmuran los vecinos

yo sé que dialoga

sé a quién promete

aquel lugar oscuro

rodeado de antiguas

fantasías,

ahora pálidas,

pero no le respondo.

antes desconocía

sus mañas

me escurría

hasta sus predios,

mi alforja rebosante

de inocencias.

me parecía leer

en sus tapices

las horas con fortuna

de los días en acecho,

la calma

que encerraban

las borrascas

las fragantes fronteras

del dolor,

la alegría aferrada

a las desgracias.

en ocasiones

me tendió golosinas

mi moneda más limpia

se posó sabiamente.

cuando me dio

la espalda

adiviné fulgores

debajo de sus cuencas.

no tuve la osadía de sonreír

espero que lo sepa.

yo sé de carcajadas necias

con las que hizo

su agosto.

así aprendí sus tretas

más filosas.

ya no invado

su jardín de delicias

me bastan

los antiguos trofeos

secos y patinados

que penden

de mis muros.

 

(-de Testamento, en Poemas de la muerte).

pink_cad III.

Conducimos en un Cadillac rosado de asientos blancos y, no, no es una canción de Bruce Springsteen. Somos una gota de Pepto Bismol sobre ruedas. Uma deja su cabello ondular entre la franja de viento que vamos abriendo con la velocidad. La miro y pienso en el tiempo que llevamos juntos: a penas, unas horas calvas. Su boca, dibujada por el intenso rojo del lápiz labial, viaja en una sonrisa. Me percato de que el paisaje que vamos rebasando asemeja una dentadura disforme. Nada, en este momento, me parece más maleable que el tiempo. Entonces, avanzamos en espacio.

—¿Cómo dices se llama el hombre qué vamos a conocer? —pregunto.

—No he mencionado el nombre —dice, sus ojos fundidos tras dos planetas de vidrio ambarino que le hacen de gafas—. Y ya yo le conozco; tú eres el extraño aquí.

La sinceridad a veces sobra. Es la historia natural del modo.

taller-ciudades El proyecto de formación de talentos literarios que Terranova Editores viene desarrollando por tres años convoca al campamento literario para adultos "Ciudades de palabras", que consiste en un taller de poesía con Guillermo Rebollo-Gil y otro de cuento con Rey Emmanuel Andújar, ambos autores de trayectoria reconocida en sus respectivos ámbitos.

Los talleres se extienden por cinco semanas a partir del 30 de mayo de 2009 y se extienden hasta el 27 de junio.

El espacio es limitado.Incluye un seminario de asesoría editorial con Elidio La Torre Lagares.

Los talleres se conducirán en las facilidades de Terranova, en las facilidades de Terranova Editores en el Cuartel de Ballajá, Calle Norzagaray Final, en el Viejo San Juan, Puerto Rico.

Más info:

En el 787.668.8470
Email: eterranova@prtc.net

http://www.facebook.com/inbox/?compose&id=167701770018#/event.php?eid=167701770018

dark stage II.

Esta es la miseria: un acto del verso.

Por la ventana, las luces se apocopan y se repiten. Atenúo la posibilidad del silencio imaginando tu voz. Sin quererlo, te has disuelto en poesía. Y todo lo que se forma en palabras queda en palabra misma. Una imagen. Una aparición. Un fantasma.

Habría preferido mentir, ficcionalizar la conversación y decirte: “La noche es un pájaro ciego”, pero me debilita lo mismo que me fortalece. Sigo pesando el vacío.

El deseo, te digo, siempre es mucho más sincero que la honestidad, aunque ambos se convocan aquí en este momento. El deseo, siempre único e irrepetible, es la constante que nos moviliza; la honestidad, a veces, es negar la existencia. Ambos quedan suspensos en el cielo de la boca, esperando ese exhalar que les facilite en sonido o caricia.

La luz nunca se pregunta el origen del fuego.

Stop_City_Ghetto_GOI.
Digamos que hay un modo. Un método. Que todo lo que uno es pueda simplificarse en una imagen, como el vórtice de todas las historias que somos.

Acaecer en la extraña latitud de la palabra. Saber menos que el olvido. La ciudad articula el tiempo como un espacio y en eso se parece al lenguaje. Hay que adquirirla. Apropiarla, para leerla.

Una bandada de palomas aplaude esta idea y se funde en los feroces rayos del sol.

No hay que decirse menos.

El cielo se ha ido en carrera hasta el fondo de mi vista, que es una página amarillenta. Diseña mi mano un gesto en el aire, como si enhebrara el silencio. Queda, a par de latidos de distancia, la autoridad del fiasco, esa prístina oquedad con la que hacemos muñecos de letras, y que, al final, alejada de toda pretensión de ser espejo, trata de escribirnos.

Imagen: Rich Fitzpatrick, Stop City Ghetto Go (2005)

diccionario entry Cuando yo jugaba béisbol, solía utilizar el número 15. Siempre fue (ha sido y es) ese número que todos llamamos “de la suerte”. Si no me daban el número, optaba por el 25 o el 7. Si no, no jugaba. El número 15 espera ser retirado al Salón de la Fama del Béisbol de Callejón y Bola Monga de la liga San Joaquín, allá, en Adjuntas State.

Pues el 15 se ha convertido en el 150 (3 veces 50, tres veces cinco), que es lo que me gustaría pesar en este momento, y es también el número de la página del nuevo Diccionario de Autores Puertorriqueños de Víctor Federico Torres y publicado por Plaza Mayor (2009), donde inician los autores cuyo apellido comienza con “L”.

Como en “La Torre”.

Estas cosas uno ni se las imagina. Es lo peor que me ha ocurrido desde que la FIL Puerto Rico me otorgó el premio a la excelencia editorial “Nuevas Letras”.

No lo digo en mal ánimo, que conste. El asunto es inevitable: pese a mi agradecimiento infinito, se le activa a uno el batch de la memoria donde uno asocia estas cosas con autores muertos, olvidados o en decadencia.

Espero no ser ninguno de estos.

(This is for you, Soph!)

moll_boscana_pic-81x135 La semana pasada el Dr. Ramón Luis Acevedo nos entregó una magnífica conferencia en el Seminario de Estudios Hispánicos de la UPR, donde anunció que ya tenía listo la edición anotada de Mi misa rosa. Ya que todo apunta al rescate del primer libro modernista en Puerto Rico, nunca sabe mal un refrito. En la revista Otro Lunes, se publica el siguiente artículo, ya conocido en este blog.

_______________________________

Imagino el barco alejándose, cortando las olas que inundan la bahía, y a él, con sus ojos grandes perdidos en el horizonte de isla.  Es el eterno viaje de ida, como el del Bayoán peregrino —el viaje que se repite como holograma de un arquetipo. Arístides, apenas con veinte años, deja atrás una estela de recuerdos y un libro de versos. Mi misa rosa, se titula.

Arístides gira hacia la proa y se pierde en el amplio y misterioso mar que se lo traga como una gran boca de tiempo.

Tan sólo lo imagino.

¿Razones para arar la distancia en búsqueda de otro suelo? Las podemos adivinar. Pero únicamente Arístides las conocía. Las guardaba como parte de su equipaje, allí, con “La ninfa y el fauno”, “Los cíclopes”, “Los argonautas”, “Pan” y “Prometeo”, quienes poblaron sus versos.
Tal vez era un pez demasiado grande para un estanque pequeño.

Arístides Moll Boscana se casó con la historia en una “misa rosa” que abría el espacio a una nueva estética poética al publicar el libro que oficializa el modernismo en Puerto Rico. Pero el matrimonio duró poco, y la historia se olvidó de Mi misa rosa, libro impreso en las prensas del Boletín Mercantil de San Juan en 1905, y que por fin verá nueva luz este año en una edición anotada del estudioso Ramón Luis Acevedo.

Como sucede con otros grandes de la literatura de mi país, que fácil parean en los criterios de la mejor literatura hispanoamericana (como lo son al presente José María Lima o Manuel Abreu Adorno), de la obra y vida personal de Moll Boscana se conoce muy poco. Nacido en Adjuntas en 1885, el autor muere en Berkeley, California el 5 de marzo de 1964. Se educó en diversos centros de estudio en Francia, España y Estados Unidos. Fue maestro en su pueblo natal, pero luego migró de campo laboral para convertirse en subadministrador de aduana en Mayagüez.

Fue allí donde el mar comenzó a llamarle hace más de 100 años, cuando un tal Albert Einstein postulaba que el tiempo no es el paradigma absoluto que hemos conocido y respetado., y que Masa y energía son recíprocamente transformables. Einstein, por supuesto, no hablaba de los libros, pero eso es Misa rosa, la obra que oficializa el modernismo en Puerto Rico: energía en reposo.

Un reposo de más 100 años, claro.

Como en reposo quedaron Cantos y cuentos, Las orquestaciones y Walhalla yanqui, obras que permanecen inéditas o perdidas.

Aunque para algunos conocedores Moll Boscana fue el primer modernista puertorriqueño en publicar un cuerpo poético, para otros no trasciende la condición de poeta menor. Pero, ciertamente, la falta de valoración de su obra se alude a la ausencia del autor en la escena literaria puertorriqueña de inicios de siglo, dominada, entre otros, por Nemesio Canales, José de Diego y Luis Lloréns Torres. Lo cierto es que Misa rosa lleva el sello inextinguible de la mejor poesía modernista en Hispanoamericana. El título mismo del libro desprende del prólogo a las Prosas profanas (1896) de Rubén Darío (a quien alegadamente el autor conociera brevemente), el más grande modernista hispano, en donde el vate nicaragüense escribiera: “Yo he dicho, en la misa rosa de mi juventud, mis antífonas, secuencias, mis profanas prosas”. Misa rosa destaca la presencia de un genio creativo de la talla de Arthur Rimbaud o Percy Bysshe Shelley.

Precisamente, Moll Boscana incluye un poema en honor al poeta inglés, titulado apropiadamente “Shelley”. “Bello como un ensueño de pagano/ Existe un cementerio/ de flores cuna y templo de plegarias/ La brisa tiene allí su voz de salterio/ y es que entre flores de violetas y nardo/ duerme allí el bardo”. El poema canta la trágica muerte de Shelley, quien naufragara hacia la muerte cuando una tormenta arremetió contra su bote en el Golfo de Spezia.

La muerte, ese gran misterio abismal, se cierne sobre el espectro temático de Moll Boscana. No es coincidencia que en otro poema titulado “Emerson”, el poeta bebe la inspiración ante la tumba del filósofo y poeta trascendentalista Ralph Waldo Emerson: “Recé por el maestro/ Bebí como en raudal la poesía/ Que cinceló su prodigioso estro”. En otro poema, el autor hace préstamo del famoso poema “El cuervo”, de Edgar Allan Poe, en el soneto del mismo título: “Nació en el triste Bóreas, en desdichoso día,/ Y tuvo en su plumaje lo oscuro de las brumas,/ Y en su graznido seco del hado la ironía/Aléjate -el poeta le dijo- que me abrumas”. La visión lúgubre de Poe reverbera en el poema “Canto de buitres” que nos sorprende por su increíble vigencia: “Un rosario de llanto, largo, largo,/ Y más que largo, amargo/ Por el soldado ausente ... /Gota a gota/ De la nariz del jovenzuelo hoy brota/ Hilo de sangre corrompida y negra/ Que a los buitres alegra”. Moll Boscana vivió la invasión de Guánica el 25 de julio de 1898.

Encontramos, así, la frecuente yuxtaposición de conceptos e imágenes, como el cisne y el buitre, el ermitaño y el peregrino, paganismo y cristianismo, el día y la noche, la muerte y la vida, la tristeza y la alegría. El poeta transfiere estas dicotomías antitéticas a la forma, donde resaltan las combinaciones acentuales y métricas  propias del modernismo. Por supuesto, también habitan este libro las formas de verso más cerradas, como el soneto, los serventesios y las cuartetas.

Sin embargo, de todos los poemas del libro, el que más impacta es “El éxodo”, donde se expone abiertamente uno de los temas recurrentes en la literatura puertorriqueña: el abandono de la patria a causa de las pobres condiciones económicas. Los versos finales leen: “Yo entonces pregunto: ‘¿Do váis amigos míos?’/ Y en una voz -sollozo que el monte hace temblar-/Aquel tropel responde sin detener la marcha:/ ‘No vamos, nos arrastra la horrible tempestad’”.

El poema lleva fecha de 1901, año devastado por el huracán San Ciriaco.
Tan sólo lo imagino.

Imagino el barco ya mar adentro, tragado por la nada, dejando atrás la isla en el horizonte, reducida hasta donde la mirada acaba.  Arístides, con su peinado á la Rimbaud, se tornaría hacia la proa y se perdería en la amplia y misteriosa boca de tiempo.

Tan sólo lo imagino. Un poeta en éxodo hacia el olvido en el barco de los muchos.

Puede escribirle al autor a: elidiolatorre@otrolunes.com

 

AlbertoSantosDumontXIX. Alberto Santos Dumont medita en su dirigible

mi reino

no es de la

tierra

tampoco

 

aquí,

en lo alto,

por primera

vez,

aspiro a la

la ingeniería

de las aves

 

deleite

maravilla

intoxicación

 

movimiento

diagonal

libre

 

el sol

agrieta

las nubes

y la luz

se dispersa

en una refracción

de colores

 

arreo

las

curvas

y espirales

del viento

y danzo

con la

eternidad

 

aquí, en lo alto,

cierro los ojos

y las palabras

se aquietan

en mi boca

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