lobo gris Siempre hay un plan mayor. Siempre hay algo más. Siempre.

Yo, que colecciono y estudio teorías de conspiración por el mero afán de la ficción de esto que pensamos es nuestra vida, acabo de recibir una invitación a leer Lobo Gris (Madrid: Editorial El Tercer Nombre, 2008), por su propio autor, el amigo James Nava, asesor militar y de Inteligencia, inversor financiero y, por supuesto, escritor. Lobo Gris es una combinación explosiva de thriller político y espionaje, dicen los editores, pero también es un canto a los lobos y la naturaleza salvaje de las Montañas Rocosas, con raíces en las leyendas indias nativas americanas, que tal vez nos hace rememorar a Leslie Marmon Silko. Todo esto y la CIA, en la cual el protagonista, Jason Rovin trabajó por diez años y de dónde extrajo importantes y comprometedores documentos.

La acción se emprende cuando Rovin se dirige a Wild Creek y conoce accidentalmente a Catherine Rush, una bióloga que estudia a los lobos de la zona. Ambos apenas inician la amistad cuando reciben una amenaza de muerte contra la bióloga y el sheriff de la localidad. Jason y Catherine descubren, durante una de sus incursiones en las montañas, la presencia de un campamento de milicias paramilitares, liderado por un terrorista neonazi internacional. Entonces, justo cuando los documentos secretos que guarda Jason Rovin se convierten en claves para la intervención de la CIA y el FBI en el asunto, la manada de lobos comienza a crecer alarmantemente, cosa que preocupa a todos los rancheros de la zona.

Nava, español de nacimiento y autor de Conspiración y El Infiltrado, nos dice que ha creado una historia de proporciones cinematográficas. Es una novela de traslación veloz, un page turner que a medida que pasan las páginas, los personajes van materializándose en toda su tridimensionalidad.

Lobo Gris, de James Nava, es una lectura apasionante que reconcilia con el género del thriller, ha dicho la reseñista de Qué Leer, Isabel López.

¿Lectura de verano? Ya mismo les cuento.

Girl_Dragon_Tattoo La novela negra se ha revitalizado hacia nuevas direcciones con el fenómeno del autor sueco Stieg Larsson (1954-2004), quien fuera periodista de guerra y novelista a escondidas hasta poco antes de su muerte, cuando decidió publicar Los hombres que no amaban a las mujeres (publicada en inglés como The Girl with the Dragon Tatoo, que leo al momento, y llevada al cine recientemente) la primera de su conocida Trilogía Milenio, la que completan La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire (a ser lanzada el 23 de junio). Elogiado por su precisión narrativa, Larsson ejecuta sus voluminosas novelas por medio de oraciones y párrafos de corta extensión, muy ágiles, que van formando pasajes minimalistas superpuestos sobre trasfondos, contextos y ambientaciones que retan al género mismo.

Larsson comenzó su trilogía en 2001, según él mismo admitiera durante su primera y última entrevista como figura literaria, como una diversión particular para consumo personal. La heroína de sus novelas, Lisbeth Salander, es una construcción especulativa de Pipi Långstrump, personaje infantil de las novelas de la también sueca Astrid Lindgren. Larsson admitió que luego de preguntarse cómo sería Pipi en su adultez, llegó al personaje de Lisbeth, chica de veinticinco años que se siente “como una extraterrestre entre la gente. No conoce a nadie ni tiene capacidades sociales en absoluto”.

La contraparte de la trilogía Milenio es Mikael “Kalle” Blomkvist, un periodista de cuarenta y cinco años que maneja su propia revista, que es la que le da nombre a la trilogía, Millenium. Aunque la acción transcurre alrededor de la oficina de la revista, la vida insipiente de Lisbeth Salander, una compañía de servicios de seguridad y varios policías también coaccionan constantemente para sacar la novela de sus situaciones límites.

Larsson, quien murió de un masivo ataque al corazón, no vivió el éxito que hoy se batallan varios miembros de su familia que reclaman la custodia de los derechos de autor.

Poco o nada se ha comentado sobre Larsson en Puerto Rico. No obstante, mi impresión es que pronto se convertirá en un escritor bastante comentado, pese a que a la novela negra todavía –en muchos foros– le miran por encima del hombro.

Por Leyra E. González Pérez (El Nuevo Día)

“Hay una impresión incorrecta de que uno es escritor cuando publica. Y las cosas no son así. Lo que define a un escritor es su actividad y cómo desarrolla su trabajo”. Cuando se trata de descartar vicios, el escritor dominicano Rey Emmanuel Andújar es enfático en sus declaraciones. Conoce sobre esa y muchas otras ideas falsas que en ocasiones pueden inundar las mentes de aquellos que se interesan por la literatura.

Desmentirlas será una de sus tareas durante el transcurso del campamento literario “Ciudades de Palabras”, que ofrecerá a partir del 30 de este mes, junto al poeta puertorriqueño Guillermo Rebollo Gil. Los encuentros se llevarán a cabo en la sede de la editorial Terranova Editores, localizada en el Cuartel de Ballajá en el Viejo San Juan.

Con este campamento veraniego, ambos escritores marcarán la primera ocasión en que dirigen un taller literario.

“Eso no quiere decir que sea malo”, asegura entre risas Rebollo Gil, autor del poemario “La carencia”. “He sido profesor de literatura y sociología en los últimos seis años. Creo que esas experiencias y las dinámicas que he tenido en el salón de clases, de cierta manera me sirven de trasfondo”.

Andújar también está preparado para impartir sus sesiones aunque, confiesa, que cuando se trata de talleres de literatura “siempre me he mostrado reacio”.

“Muchas veces se pueden vender (los talleres) a las personas como el lugar donde encontrarán la fórmula para escribir. Y para mí son un espacio de búsqueda. Prefiero que las personas salgan del taller con preguntas bien estructuradas, y no con una supuesta fórmula de cómo es que se escribe. Eso no existe. Hay gente que puede tener la técnica para escribir, pero no el talento o viceversa. Pero lo que se busca aquí es que los participantes afinen sus intereses críticos, para que a partir de ellos puedan comparar o elaborar nuevos conceptos de lo que quieren ser como artistas”, comenta Andújar, escritor de los textos “Candela” y “Amoricidio”.

“Es una ocasión para exponerse al texto y a la vocación de escribir y afectarse por la literatura. Además, es para dejarse conmover por ella, y tratar de responder y establecer unos diálogos con ciertos escritores y ciertas tradiciones”, añade Rebollo Gil.

Entre los temas que abordarán durante el campamento, compartirán herramientas y técnicas que les han funcionado en el desarrollo de sus carreras literarias. Una de esas herramientas que nutrió la obra de Andújar fue entender que “es dueño y señor de sus personajes”.

“Muchos de mis textos revelaban mis intereses, y me olvidada de que los personajes debían tener su propia vida y fuerza. De igual forma, el cuento se sustenta por sí mismo mediante las decisiones que tomo como autor. Ver los textos desde ese punto de vista no fue un cambio drástico, sino un cambio en el enfoque de mis relatos”, destaca.

Por su parte, Rebollo Gil cuenta que inicialmente partía de la idea de que debería seguir un patrón para publicar y convertirse en “un escritor de carrera”. Sin embargo, con el paso de los años, entendió que el compromiso principal de un autor tiene que ser con su texto y, luego, con “el resto de las consideraciones”.

Perspectiva joven

El hecho de que la editorial los haya seleccionado para impartir los talleres, aun cuando no se consideran escritores del canon, abre el camino para que las personas puedan conocer otras miradas acerca de la literatura.

“El asunto literario y de los talleres está muy ligado a la universidad y lo que es el canon, cuando existen otras alternativas. Se tiene la falsa pretensión de que, si no se ofrecen cerca de esa zona, no funcionan. Pero hay gente haciendo otras cosas y otros lugares también. Y algo interesante que tienen estos talleres es que no están limitados a escritores, sino a cualquier persona interesada en este campo creativo. Porque vamos a leer, a reflexionar, a cuestionar y también a escribir”, detalla Andújar.

“Creo que es importante el hecho de que somos artistas jóvenes, porque veremos además otras posibilidades de la literatura y lo que se puede hacer con ella. Y para mí eso es genial y una de las razones por las que decidí participar en estos talleres”, agrega el poeta.

Los talleres de cuento, de Andújar, y los de poesía, de Rebollo Gil, se ofrecerán los miércoles en turnos nocturnos y los sábados en horas de la mañana.

También habrá una asesoría editorial con el editor Elidio La Torre Lagares y un seminario sobre publicidad e inserción en los medios de comunicación con la publicista Ana Ivelisse Feliciano.

“Se van a divertir muchísimo”, finaliza Andújar.

HorariosTaller de cuento con Rey Emmanuel AndújarSábado 30 de mayo, de 9 a.m. a 12 m. Sábado 6 de junio, de 9 a.m. a 12 m. Miércoles 10 de junio, de 6 p.m. a 9 p.m. Miércoles 17 de junio, de 6 p.m. a 9 p.m. Miércoles 24 de junio, de 6 p.m. a 9 p.m.Taller de poesía con Guillermo Rebollo Gil Miércoles 3 de junio, de 6 p.m. a 9 p.m. Sábado 13 de junio, de 9 a.m. a 12 m. Sábado 20 de junio, de 9 a.m. a 12 m. Sábado 27 de junio, de 9 a.m. a 12 m.

andres N Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) acaba de ganar el premio el XIIº Premio Alfaguara, dotado con 175.000 dólares (unos 133.000 euros), con su novela El viajero del siglo, la cual el autor describe como una novela futurista que se desarrolla en el pasado.

Al parecer, la literatura especulativa ha encontrado su lado cómodo. Eso es bueno.

"La narración está ambientada en la Europa de la Restauración, en la Alemania posnapoleónica, en un momento de crisis que se resolvió con valores conservadores, como está ocurriendo en la actualidad. El año de la acción es 1827, aunque no mencione la fecha en la novela, y el lugar es una ciudad inventada, si bien podríamos situarla cerca de Berlín", dice el autor.

Dice el comunicado:

Basada en un lied de Franz Schubert, El viajero del siglo cuenta el encuentro entre Hans, un forastero, y un anciano organillero. Como ha relatado Neuman, "el personaje, un viajero misterioso, piensa pasar una sola noche en la posada de la localidad, pero distintos acontecimientos lo retienen durante un año entero". Mezcla de novela histórica, misterio, relato amoroso y reflexión sobre la emigración y los cruces de culturas, El viajero del siglo también incluye una crónica de una época en la que algunas intelectuales alemanas comenzaron a reclamar la emancipación femenina.

Dos cosas se han resaltado del texto: el sentido de la construcción estructural y el estilo. De lo primero, dice el presidente del jurado Luis Goytisolo que se erige sobre las cuatro estaciones del año; de lo segundo, resalta que la obra premiada “está escrita con la prosa de un autor peninsular, pero algunas expresiones no se corresponden con un español de la Península”.

La prosa de un autor penínsular: algo opuesto a la prosa de un autor no peninsular. Pregunto: ¿Importa tanto la localización u modalidad geográfica de un idioma que se habla como lengua oficial en 22 países en el mundo? ¿Tanto, como para constituir un criterio de excelencia que le haya ganado un premio literario a alguien?

La relevancia de los comentarios de Goytisolo asaltan mi atención más que el premio mismo: España, se infiere, sigue siendo el barómetro para las publicaciones en castellano y el español que allí se habla, el bien último.

Go figure.

Al parecer, el español que no sea peninsular constituye alguna forma deformada del idioma, como diría Fanon, “casi igual, pero no tanto”.

Joder, majo.

dangerous_laughter_large Steven Millhauser, ganador del Puliter por su novela Martin Dressler: The Tale of an American Dreamer y autor del relato “Eisenheim, The Illusionist”, el cual fuera llevada al cine bajo el titulo “The Illusionist”, es un fabulador cuya entrega más reciente, Dangerous Laughter, estuve leyendo entre bocanadas de aire que me tomaba hasta hace poco mientras trabajaba con Du Certau, Simmel, Benjamin y De Diego Padró. Son 13 cuentos de verdadera factura literaria que se alimentan de lo absurdo, la fantasía y la ficción distópica, y cuyo anclaje temático hace honor a la fama de Millhauser (1943)como “miniaturista”, o hacedor de historias que atomizan un aspecto especifico de la vida para resaltar con simpleza la complejidad de la existencia.

La escritura de Millhauser tiene más Blade Runner que Borges (con quien se le ha comparado). Más Bradbury que Kafka. Más Orwell que Gogol. Mas cartoons que reality TV. Mas es todo esto a la vez. Millhauser es un fabulador sin el sarcasmo de Vonnegut.

De todos los cuentos, “A Change in Fashion” me impacta por su prosa devastadora en donde el narrador retoma la historia de la moda según impuesta por los hombres, desde la poca ropa, pasando por la época victoriana hasta la minifalda y de vuelta a cubrirse de pies a cabeza hasta que un día las mujeres terminan inmovilizándose, a tal punto que cuando a alguien se le ocurre buscar debajo de tanta ropa, sólo encuentra un traje vacío. El tema de la elaboración de las narrativas sociales se repite en “The Dome”.

Y esta historia ni siquiera pertenece a la sección subtitulada “Vanishing Acts”, en la que, como se infiere, se disuelven las subjetividades de los protagonistas. En el cuento que da título al libro, por ejemplo, un grupo de adolecentes inventa un juego: decir una palabra de cierta manera, con cierta inflexión y tonalidad, que logre revelar la estupidez inherente de la misma.

El asunto crece proporcionalmente hacia afuera y hacia adentro: por un lado, comienzan a surgir “laughter clubs” en toda la ciudad y la gente comienza a terner orgasmos de la risa y hasta morirse de la risa, literalmente; por otro, el narrador inventor del juego comienza a sentirse excluído de la experiencia y la risa adquiere una dimensión casi espiritual, mística: el holy grail que el narrador busca y no encuentra. De hecho, de orden espiritual –sin sermoneo; más Siddhartha que la Biblia- son los cuentos “History of a Disturbance” y “The Wizard of West Orange”, que tienen implicaciones de un budismo posmoderno.

Los cuentos de Millhauser son sistemas, lo que demuestra que la rareza onírica no implica un divorcio del principio organizativo estructural; por el contrario, estos cuentos asumen al lector y lo atrapan entre sus estructuras intricadas, algo siempre apreciable en un buen escritor. Queda al final lo más valorable en una lectura: que le hayan dicho algo a uno, aunque sea un invento o una ilusión.

peseta_boricua Tendríamos que admitir que ser puertorriqueño a principios del siglo XXI es, como en La Guaracha del Macho Camacho, una cosa fenomenal.

Nos reinventamos continuamente. Y es que como dijera Luis Aguilar León sobre los cubanos, los puertorriqueños “nacen con sabiduría”. No necesitamos viajar, ¡todo lo hemos visto! Los puertorriqueños somos algo así como el pueblo escogido... por nosotros mismos.

El pensamiento me viene dado que, recientemente, unas visitantes europeas le expresaron a una amiga mía el deseo de desayunar a lo puertorriqueño. Las invitadas quedaron un tanto desilusionadas cuando mi amiga las agasajó con unos huevos revueltos y tocineta. Esto no es boricua, dijeron.

Entonces, ¿qué es un desayuno boricua?

A ver. La respuesta tendría que venir, por supuesto, desligada de cualquier sentimiento romántico por los farináceos que una vez fueron nuestra dieta principal, por aquel pan con mantequilla y café que si bien a veces resuelve, no es nuestro concepto de la primera comida del día. Yo hablo de lo que verdaderamente comemos en la mañana. ¿Special K? ¿Pop Tarts? ¿Frutas? ¡Ah! ¿Cuáles? ¿Manzanas de Adjuntas? ¿Peras de Ciales?

Pero, desayuno aparte, habría que ver las grandes innovaciones en nuestra cultura que son pruebas que somos un pueblo en formación híbrida. Aquí todo es mezcla. Por ejemplo, hace poco, camino a Aguadilla, encontré un establecimiento que se llamaba “Lechonera Pollochón”. Y es que en Borinquén adobamos el pavo –una comida que apenas se metió en nuestras cocinas el siglo pasado– como si fuera un cerdo a la varita. Y de ahí, el “pavochón”. Pero, ¿pollochón? Seguro que pronto tendremos el “lechollo”, con la receta secreta del coronel y todo.

A todo esto, según datos del Departamento de Asuntos del Consumidor, y por medida legislativa, la canasta alimentaria básica de un puertorriqueño ha sido reinventada para incluir un celular. ¡Un teléfono móvil! Por Dios. Seguro que nuestros índices de obesidad –una de las cosas que, junto a la gasolina y el costo de vida, aumentan continua y misteriosamente– no van a reducir por esto.

También contamos ahora con el reggaetón como música autóctona. El género, que surge como mezcla del dancehall reggae jamaiquino y del hip-hop estadounidense, ha desplazado a otros géneros musicales en términos de difusión. Dios nos libre de unas fiestas patronales sin Reggaetón Todopoderoso. El reggaetón ha venido a ser como una trova urbana en el presente siglo y la madre del que no haga el coro.

Aquí mezclamos todo: desde el idioma hasta los tragos, desde arroz y habichuelas con pechugas Cordon Blu hasta tostones con pico de gallo; todo se “aboricua”, desde Chili’s hasta Denny’s, desde Wal-Mart hasta K-Mart. Todos los shopping malls se llaman “mall” o “plaza”, mientras las verdaderas plazas las dejan para poblarse de desempleados. Y póngale el sello: si la candidata a Miss Puerto Rico Universe se llama Aeropagita, demos por seguro que el registro demográfico se abarrotará de miles y miles de Aeropagitas. En cuanto a la literatura, mientras menos gente lea un libro, mejor es (ésto no es cinismo: ésto me lo dijo un escritor boricua). Pero, como diría el Dr. Aguilar León, los puertorriqueños no necesitamos leer: ¡todo lo sabemos!

Claro. Ahora, dada la reciente situación en la televisión local, pronto tendremos a Los Tigres del Norte y a Albita como embajadores culturales, y todo irá de estar a fuego a estar padrísimo.

Pero seguimos formándonos. No estamos acabados aún. Estas son sólo algunas de nuestras minucias en Genérika…

devorador_de_cultura Truncar la cultura de un país acarrea en la eventual desaparición del pueblo que la manifiesta. Si bien, por un lado, la cultura es un entramado de constructos en constante modulación, por otro habría que aceptar que esa dimensión espiritual o de manifestación de lo intangible en el ser humano requiere de las condiciones apropiadas para expresarse.

This is the dead land.

Es en este sentido que los problemas de la cultura en Puerto Rico –por retomar el título de aquel foro convocado en 1940 en torno a una preocupación similar- confieren una proporción de espacio, o la reciente reducción de éste. Se afecta, de manera proporcional, todo tipo de artista, desde la plástica hasta la literatura. Sin expresión de arte, somos, como en el poema de T.S. Eliot (“The Hollow Men”), seres huecos.

This is the cactus land.

Ciertamente, mi comentario surge, en primer lugar, porque me incluyo en este último campo, y, segundo, porque es a través de la palabra escrita –la forma más contundente del decir- que codificamos esa necesidad de modelar lo abstracto.

Is it like this
In death's other kingdom.

O sea, alegría y pena, esperanza y miedo, bondades y perversiones, entre muchos, toman forma artística.

Es la obra de arte –en este caso, la palabra escrita- la que nos lleva al reconocimiento como individuos, como sociedad, como pueblo y como planeta.

Sightless, unless
The eyes reappear.

El arte es una manera de existir, una manifestación del sistema de actitudes que regulan a un sujeto frente a una comunidad. El arte es la manera de concretizar ese reino amorfo de los pueblos que es su Capital Cultural.

This is the way the world ends
This is the way the world ends
This is the way the world ends
Not with a bang but a whimper.

(Imagen: Devorador de cultura, por Arsmephisto)

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La foto es de la obra El cuerpo fragmentado, de Carmen Z, y en este momento forma parte de una exposición llamada Cuerpo(s) Des(h)echos en la UPR-Humacao.

En la parte inferior al centro está "Homenaje al ombligo"- homenaje a Angelamaría Davila y a José María Lima

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