His Dudeness Saves, o por qué Jeff Bridges importa

big-lebowski1-full Jeff Bridges es uno de los actores de amplio espectro histriónico en el cine estadounidense que, de alguna (buena) manera, no alcanzan la condición semideica de otros mucho más retratados, entrevistados y papirizzados.

Ayer, luego de cuatro nominaciones al Oscar y otras tantas al Globe, le fue conferido el codiciado esferoide por su actuación en la película Crazy Heart. No conozco el filme -es decir, no lo he visto-, pero tratándose de Bridges, no dudaría de la validez del premio Globe a la Mejor Actuación Dramática.

Bridges, además de productor, músico y compositor, es dado a cierto tipo de filme anfibio que a veces sale a tomar el aire hollymoodense pero que la mayor parte del tiempo permanece sumergido entre oscuras producciones independientes y hasta de culto. Sus mejores personajes son representaciones de los desajustados, los solitarios, los ‘loners’, los ángeles caídos, como el personaje que encarna en Crazy Heart, Bad Blake, un cantante de música country que ve su vida despedazarse hasta quedar en los remanentes del olvido.

Incapaz de amar, sin familia y sin lugar fijo donde vivir, Blake luego se inserta en el viaje de vuelta desde su infierno. Un perfil parecido vemos en el personaje de Jack Lucas, en la magistral The Fisher King, que protagonizara junto a Robin Williams y que le ganara su segunda nominación al Oscar.

Admitir que The Fisher King es una de las pelis más vistas en mi filmoteca, requiere igualmente celebrar a Jeffrey Lebowski, alias “The Dude” –“Call me his Dudeness, el Duderino… the Dude, man”- en la película cultista The Big Lebowski, de los hermanos Coen. El papel de Bridges en dicho film le ha ganado el estudio y crítica rigurosa entre los estudios culturales académicos alrededor del mundo, como se deja saber en el libro The Year’s Work in Lebowski Studies, editado por Edward P. Comentale and Aaron Jaffe, y publicado por Indiana University Press, el que ya agotó su primera edición.

The Big Lebowski ha inspirado disfraces de Halloween, juegos de mesa y festivales en su nombre, pero nada como una colección de ensayos que se dedican a interpretar a The Dude más allá de su sentido post-hippie post-moderno. Lebowski es un fumador de marihuana que vive de algún dinero que le dejaron sus padres y que se pasa el día derribando pinos –entiéndase: jugando al bowling, una suerte de Rip Van Winkle del siglo XXI.

Sin embargo, la actuación de Bridges que le merece el gusto de la crítica por su trabajo actoral es Fearless, película protagonizada junto a Isabella Rossellini y Rosie Pérez, y en la cual Bridges interpreta a Max Klein, sobreviviente de un accidente aéreo en el que mueren varias personas, incluyendo a su socio.

En Fearless, basada en la novela de Rafael Yglesias, Klein no sólo sale ileso, sino que salva a varias personas por sí mismo, convirtiéndose en una especie de santo beatífico para los sobrevivientes. Luego del período de trauma tras el accidente, Max descubre que ha besado los labios de ese gran temor que le proporciona a la vida su sentido: la muerte, a la que le ha mirado al rostro y luego ha regresado. La vida de Max, al perder el miedo a la muerte, adolece de las satisfacciones convencionales.

Una vez conoce la muerte, y la burla, Max se sustrae al cuestionamiento de los conceptos organizadores de la vida, la muerte, la vida después de la muerte y hasta Dios. La perseverante gran pregunta es: ¿Por qué no morí? ¿Qué sentido queda en hacer el recorrido si ya se sabe el final del camino?

Lo que me enlaza a Max Klein –o Jeff Bridges, quien le anima– es la manera en que su actuación le da forma a un vacío similar que por largo tiempo he guardado conmigo.

No me queda otra cosa que quitármelo del pecho: Jeff Bridges kicks ass.

His Dudeness Saves.



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