La noble función del tiempo

 arnot La noble función del tiempo. Y la pienso entre extensas bocanadas de aire.

Detenerse es otra moción y ahora que me torno a mirar el camino, pienso que el 2009 fue un año, desde cualquier ángulo que se le mire, arduo y tenso, no por ello menos aleccionador.

I grow old, I grow old, I shall wear the bottom of trousers rolled (Eliot).

Tampoco por ello menos lleno de satisfacciones.

En mi caso, me dejó la satisfacción de escuchar algunos de mis poemas cantados en el Réquiem Domesticus, pieza compuesta por Carlos R. Vázquez; la compleción de mi estudio El texto como ciudad en En Babia, novela de J.I. de Diego Padró, que verá prensas en algún momento; la publicación de mi ensayo “El poeta ante la modernidad: Responsos a mis poemas náufragos de Graciany Miranda Archilla” en la antología Las vanguardias en Puerto Rico (editado por Amarilis Carrero Peña y Carmen M. Rivera Villegas); se agotó la tirada del poemario Vicios de construcción (2008); y continué mi colaboración bimensual en la revista Otro lunes. En el ir y venir, completé dos novelas y un poemario. Suficiente para

A veces uno se muere para poder continuar viviendo.

Parece ser que, sí, como pronunciara Kerouac en On the Road, lo que todos buscamos en vida, lo que nos hace suspirar y gemir y padecer dulces náuseas de todas clases, es la memoria de alguna alegría perdida que probablemente experimentamos en el vientre de nuestra madre y que solamente puede ser reproducida (aunque odiemos admitirlo) en la muerte.

Lo de la muerte, en este caso, muy a lo Blanchot, podría ser la escritura misma, que es lo único que tengo y donde lo he perdido todo.

Ese es el camino. Vivir y morir continuamente en una sucesión geométrica de experiencias.

Pero nada supera la satisfacción de ver a Sophia crecer y también de saber que el cáncer de mi madre haya detenido su progreso. Lo demás, podría ser mierda.

Somewhere along the line, the pearl would be handed to me (Kerouac), pienso.

Sí, en efecto: la noble función del tiempo es el movimiento.

Y de ahí vengo. Y allá voy.

Abrazos a todos los que mantienen poblada a esta Genérika llena de minucias.

 

Imagen: Cynthia Knott, Threshold III,1998, oil, encaustic & metallic on canvas, 38 x 50 inches, Courtesy of DC Moore Gallery, New York, NY



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