la caída del cielo: canto IX, el abandono del Padre

3292937-lg Hoy no viniste a cenar, Padre,
cuando todos los niños lloraban
de hambre y de terror
nos volviste a dejar solos, padre::
hoy nos quedamos nuevamente
en el umbral de la grandeza
vasta y extensa como el final de la luz::
hoy sólo nos consuela el mar::
nos quedamos esperándote,
cuando estábamos descalzos
y teníamos frío.

Qué largo el camino
de regreso a casa, ¿eh, padre?

Nos quedamos con
el corazón purulento
latidos en mano::
nos quedamos con la oración
podrida en la boca::
nos quedamos con la brújula rota::
nos quedamos sin pan y sin vino::
nos quedamos vacíos:: no llegaste, Padre::
maldita sea tu promesa,
no llegaste a reparar nuestras alas::
y todo este tiempo te esperamos
con un vaso y plato limpios para ti, Padre::
y la mesa se quedó servida::
te esperamos a través de los soles::
te esperamos a través de las lunas::
te esperamos todos los lunes::
hasta que poco a poco nos empezamos a deshojar
y tuvimos que racionar nuestra angustia
atenazando la espera al corazón,
para no desvanecernos en un suspiro.

¡Qué grandiosa sonaba la promesa
de tu regreso!

Maldita sea tu boca de mentira.
o maldito sea el que te la dibujo,
cuando tú ni siquiera pareces
tener lenguaje, Padre::
porque no me entiendes.
nos hiciste vomitar el olvido a plazos
hasta que teníamos más cosas
que olvidar que cosas por las que vivir.
Tú, que le pusiste relojes a las metáforas,
no llegaste, y punto:: te consumiste
en la mínima posibilidad de tu yeso::
tu silencio es la voz
que ratifica tu ausencia::
los timbres del pesaroso desconcierto.

Padre, que ya no nos queda cielo que mirar
sólo mugimos heridos a tu luna de mierda.

poema “La caída del cielo”; foto de Ben Goosens



You may also like

Blog Archive

Search This Blog

Loading...