La doctrina del shock en el Estado corporatizado

puerto rico inc Hay que negarse a pasar dócilmente a la noche del olvido.

De la doctrina del “shock”, según la escritora canadiense Naomi Klein, sustraemos que, en el estado neoliberal, las crisis económicas, sociales o políticas, e incluso las catástrofes ambientales, son usadas para introducir reformas conducentes a la anulación del Estado de Bienestar. Consumido el alcance y el potencial del ELA senil, Puerto Rico se enfrenta en pleno a ese capitalismo de los desastres en una de sus fases recientes: el recorte de los gastos sociales y la reducción gubernamental con el fin de contrapesar las finanzas. En este espectro de las cosas, la actual crisis en la Universidad de Puerto Rico constituye otro de los matices de esa política del trauma en el Estado corporatizado.

La dejadez con la que el gobierno y la administración universitaria han atendido los reclamos de los estudiantes es parte de esa estrategia de poder de inducir al desasosiego, el caos y la desesperanza social, una narrativa de dominancia, exclusión y subordinación del orden social. Y ya, caído el cielo, lo que nos queda es el futuro que hoy monta campamento en los predios de la Universidad de Puerto Rico.

En esa dirección, nuestra generación de estudiantes lucha por un reclamo legítimo en defensa de su derecho innegable a la educación. La privación de sus reclamos es otro modo de violencia contra aquellos que batallan la ignorancia.

La resistencia, sin embargo, no es estéril: a pesar de que el mercado de empleos se reduce, el recodo intransferible es el del conocimiento y la educación, ese plano de las posibilidades en el país que queda por hacer.

Si algo debe lograr la presente inducción a la inmovilización de todo un pueblo, en base a la experiencia traumática, es la concienciación de que el presente debilitamiento de nuestro sistema político induce a la pobreza en todas sus dimensiones: dificultades de acceso a la educación, baja calidad de vida y la erosión paulatina de la cultura, que se unen a esa otra carencia letal que es la pobreza de espíritu que nos debilita y que no se supera dando pescado, sino enseñando a pescar. La universidad y los estudiantes son un tramo vital de esa experiencia.

Quizá estemos atestiguando el despertar de nuestra (hiber)nación, cuyo futuro pernocta en las manos de aquellos que se aferran al sueño de un mejor país.

Con nada más que perder, la muerte no tendrá señorío.



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