Al pie del árbol de luz: José Saramago, 1922-2010

Fue Caridad Sorondo quien le hizo llegar a José Saramago una copia de mi poemario Vicios de construcción antes de ver prensas.

admiro un remolino de hojas

que barre la acera

cual falda de bailarina

el árbol desnudo

permanece impávido

insufrible, indoloro

 

Y Papá, como cariñosamente yo le llamaba, se tornó hacia la novela de su autoría que me acercó a él, Ensayo sobre la ceguera. Escribió: “Para Elidio La Torre, que con mi abuelo Jerónimo, se abraza a los árboles”.

 

las hojas se alejan

el árbol, es obvio,

no las extrañará:

no tiene recuerdos

 

Supe, más por la dedicatoria que por su amplio volumen de poesías compiladas bajo el indefectible título de Poesía completa, que Saramago era un poeta tornado en novelista.

pese a que se hace en el tiempo

el árbol, he de decir,

no sabe poesía

es condición del lenguaje

evocar una ausencia:

la poesía es la memoria de las palabras

 

Luchador incansable por las causas justas, desposeído de los anclajes convencionales y del confort del establishment literario, Saramago fue del rechazo al reconocimiento, pero no le conmovió su dura coraza de hombre tierno. De sus muchos reclamos, el más que le atribulaba era la ausencia de Dios mitificada, irónicamente, en entidad omnipresente.

 

el árbol, seguro,

no tiene necesidad

de reparar por sus pérdidas

En Las intermitencias de la muerte, la Muerte entra en una especie de huelga de brazos caídos y decide descansar. Una fabulación descarnada, como solo Saramago podía escribir.

 

La muerte nunca deja su tarea y Saramago ha pasado al reino de la luz. Se abraza junto a su abuelo Jerónimo. Ha llegado a casa.

Bajo el árbol de fuego, nos veremos bajo su sombra.

Descanse en paz un poeta.

 

El poema es “pérdidas”, de vicios de construcción (2008)



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