Un renacimiento digital: de cara a la desaparición del periódico en papel

in_newspaper5En la misma semana que Sony ha anunciado la muerte del Walkman, surge como hecho claramente perceptible que el siglo XXI ha dado ya sus primeros pasos asincrónicos, particularmente en lo concerniente a la manera que el mundo se comunica y accede la información.

Hace unos días, leí que los rotativos chilenos han perdido lectores convencionales –los que consumen la información en la edición de papel- y esto, aunque varios críticos lo toman como un abandono de la lectura, se sobreentiende que se debe al privilegio en crescendo de adherirse a los medios electrónicos. En cierto modo, nos dirigimos a un clasicismo digital en el que, gracias a las innovaciones del iPhone, iPad, HTC y Blackberry, un periódico puede ser tan amplio como la pantalla del aparato de lectura, sin contar los innumerables lectores que, como yo, recibimos el mundo en la laptop. Es decir, los periódicos, tal como los conocemos hoy, van destinados a reducirse

Por mucho tiempo hemos estado acostumbrados a las políticas editoriales de los principales diarios en Puerto Rico en la que apuntan a una supuesta alquimia de noticias light, comentario farandulero y noticia de impacto en la que la punta de lanza ha sido “cosas que la gente quiera leer”. Pero a veces a la gente no se le da lo que quiere, sino lo que necesita. Aún así, tras renovaciones, cambios de imagen y lay-out del diario, los directores de los rotativos se rompen la cabeza tratando de responder a las decrecientes cifras en sus lectores. Y puede que ya los diarios no vendan los tirajes de antes, pero la razón para ello pudiera aludirse al hecho de que la gente en realidad no ha dejado de leer los periódicos: simplemente ha cambiado de plataforma. Lo que no se hace ya es pagar por ellos, y esto sí puede constituir una crisis.

Si asumimos como cierto que un número amplio de lectores ha modulado hacia algún medio electrónico para mantenerse informado, debemos admitir también que la facilidad que tengan esos lectores a las diversas plataformas electrónicas –o en su defecto, la ausencia de ésta- traza una nueva frontera para el analfabetismo. Queda claro que aquellos que no tengan contacto inmediato y directo con los nuevos recursos de lectura digital quedarán, ipso facto, enajenados del flujo constante e inmediato de la información. Si es cierto que la manera en que accedemos la información se dirige hacia variantes de los hábitos de lectura, se creará una nueva estirpe de ciudadanos excluidos de los nuevos medios. Y si consideramos que hoy día los productos de lectura tienden ramificaciones que se expanden por Facebook y Twitter, no podemos quedar menos que convencidos de que, en efecto, el mundo se ha convertido en un hipertexto.

Como ejemplo reciente, la creación reciente de 80grados.net, una comunidad que, como fija su misión, “comparte el gusto por la cultura, el pensamiento y la información”, no sólo es ejemplo de un certero grado de conciencia con respecto a estos cambios, sino que la publicación ofrece lo que los diarios principales han abandonado. La revista electrónica se presenta como “un experimento que aspira a juntar en un mismo espacio varias tradiciones o prácticas: el periodismo profesional, tan volcado hacia la actualidad y los sucesos; la revista intelectual, por lo general vinculada a la filosofía, las artes y la política, y el periodismo ciudadano, un esfuerzo muy reciente por reconducir el diálogo público a un nivel más trascendente y humano”. El proyecto no compite con los medios tradicionales, porque, primero, los supera; y, segundo, no existe nada ni remotamente parecido a la revista digital. Hoy por hoy, es el acontecimiento periodístico de mayor importancia de los últimos diez años, mas sólo llegará a manos de aquellos que tengan las facilidades para accederlo.

Se estima que entre el 2020 y el 2040, los periódicos convencionales desaparecerán. Hemos de pensar, por tanto, que toda transformación social, de aquí en adelante, debe considerar el empoderamiento tecnológico del ciudadano. El efecto debe ser el mismo que tuvo aquel invento de Gutenberg que, posterior a los 1440, abriera el acceso a otros conocimientos.



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