2-B or Not 2-B a virus: de la muerte de las humanidades

LeonardoEn medio de la aflicción que padece la Universidad de Puerto Rico en torno a su futuro como institución, escuché a un analista de política sugerir en su programa radial que, ante la crisis, la Administración universitaria y el gobierno debían dirigir esfuerzos hacia una universidad más reducida y concentrada en los programas técnicos y profesionales como la Escuela de Leyes y la Facultad de Ciencias Naturales. Las Humanidades y las Ciencias Sociales debían ser, por tanto, eliminadas, porque “no producían nada”.

El planteamiento no es una idea original ni mucho menos novedosa. El pasado 11 de octubre del año en curso, el New York Times publicó el artículo “The Crisis of the Humanities Officially Arrives”, de la pluma de Stanley Fish, profesor de Humanidades en la Universidad Internacional de Florida. El escrito revelaba que la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY, por sus siglas en inglés) procedía a cerrar sus departamentos de estudios humanísticos con especialidad en Teatro, Clásicos, estudios franceses, rusos e italianos. Quedaban a salvo los estudios del español, sus culturas y literaturas.

La propuesta del analista político concurre con el reciente debate propagado por la academia estadounidense que cuestiona la utilidad social y/o económica de las Humanidades, un renglón de los estudios universitarios que sus detractores han venido a reducir a un campo de estudios inconsecuente, sin efecto o funcionalidad en el mercado laboral. En otras palabras, una pérdida de tiempo y dinero para aquellos que buscan una carrera humanística, porque no prepara al individuo para el mundo real ni contribuye al progreso del país. En cambio, los programas científicos no sólo gradúan ciudadanos productivos, sino que también atraen inversores, estipendios y otros modos de respaldo financiero.

Las Humanidades, al parecer, se han convertido en estorbo para las universidades como DeSales, que ha comenzado a limitar la oferta de cursos, estrategia que implica reducción laboral de profesores y mayor hacinamiento en los salones de clases. Situación similar experimentamos en la hoy sitiada Universidad de Puerto Rico, en cuyo futuro se vislumbra, en efecto, la desaparición de los cursos formativos en artes liberales y filosofía.

En términos generales, por un lado, se mantiene la creencia en que los estudios humanísticos capacitan mejor al individuo; por otro, los escépticos atacan la utilidad de las disciplinas asociadas a las humanidades, puesto que no encuentran nada de práctico ni nada de lucro en sumirse en estudios literarios, filosóficos o culturales.

Las Humanidades, en fin, se vinculan con lo caduco, con el pasado, puesto que residen, estudian y se convocan en la memoria.

Y digo yo: ¿no es todo lo que somos parte del pasado? ¿No somos una suma de experiencias, anécdotas, constructos y narrativas convenidas por medio del lenguaje? ¿No es el lenguaje, su aprendizaje, su uso y su dominio la memoria? ¿Acaso nacemos hablando o aprendemos a hablar?

Y en todo caso: ¿no es el lenguaje lo que utilizamos para construir las ideas, la cultura y el concepto de pertenencia que es de sentido común a las disciplinas profesionales? Digo, ¿qué es el estudio de las leyes sino un ordenamiento escritural para convenir un sentido?

¿No son las leyes, sin distinción de materia o forma, códices escritos? ¿No es en la Summa Theologie de Santo Tomás de Aquino donde se define la ley como “ordenación de la razón dirigida al bien común” y “dictada por el que tiene a su cargo el cuidado de la comunidad y solemnemente promulgada”? ¿Y qué son la razón y la lógica sin el lenguaje? ¿No son, entonces, jerarquía de la memoria?

¿Y acaso no es ese el sentido de los estudios humanísticos?

El bien común, el progreso del país y el orden social nunca son científicos, porque no son biológicos, sino que son creaciones de la mente de la humana que provienen del mismo plano de la abstracción donde se construye la cultura, el arte y la filosofía.

Las ciencias son otra forma de poesía y humanismo, ¿por qué segregar entonces a las humanidades en lugar de integrarlas? ¿Por qué la insistencia en regresar a una condición animal de la cual hemos venido evolucionando paulatinamente? Eso sí: las humanidades no nos harán más ricos monetariamente, pero siempre nos salvan como seres humanos. Sin ellas, nos reducimos a imitar la conducta de los virus.



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