Chomsky y la manipulacion mediática

noam-chomsky_bigSer un intelectual requiere de cierto rigor afable, cierta apatía de los grupos sociales o masas, ser en cierto sentido una suerte de anacoreta de la academia que le gana el respeto de aquellos que no transitamos a seis grados de separación del sujeto en cuestión. También está el otro tipo de intelectual, el pop-idol en que se ha convertido Zizek, o como Noam Chomsky, cuyo viaje al estrellato fuese catapultado cuando el presidente venezolano, Hugo Chavez, mientras se dirigía a la Asamblea General de las Naciones Unidas, invitó a su diplomática audiencia a leer Hegemonía o supervivencia, obra que se disparó al primer lugar de las listas de libros al día siguiente.

Desde entonces, Chomsky, que es uno de los padres de la psicología cognitivista, ciencia que se ocupa de descifrar como piensa, percibe, recuerda y aprende en la mente, es una estrella.

De su más reciente contribución, el intelectual ha puesto a circular una lista de diez estrategias de uso frecuente y resultados efectivos sobre las cuales operan las llamadas “agendas ocultas” con el fin de ejercer el dominio y sugestión de la opinión pública y sobre todo, determinar la forma de pensar de una población que conduce sus ideas por lo que lee en los medios de comunicación.

No es nada nuevo que los medios publicitarios moldean y falsifican la opinión pública de la misma manera que los medios de comunicación e interacción social como Facebook y Twitter lo han logrado recientemente. Se recrea la sensación de una realidad que se impone ante el voyerista, quien observa, lee, mira, y plasma impresiones más o menos pasajeras que almacena a manera de información, nunca de conocimiento. Toda la artillería mediática que viene atenuada al medio se convierte en falsa propaganda de la misma manera que la prensa escrita y la televisiva se prestan para producir y reproducir realidades que afecten la conciencia colectiva y mantengan a la audiencia cautiva.
Sencillamente, nos creemos que si aparece en Facebook es cierto, y sobre todo, efectivo. Pero
Facebook es un universo pequeño.

Precisamente, en estos tiempos es que se nos hace pertinente volver al Chomsky de Hegemonía y supervivencia y de Armas silenciosas para guerras tranquilas,  obras de las cuales extrae las “Diez principales estrategias de manipulación mediática” que promueven la idiotez, la cultura de la euforia y el halago mutuo como formas de distracción,y hasta enfatizan en la asuntos frívolos, chismes y otras nimiedades que detentan poder sobre nuestro déficit de atención.

Aquí van:
 
1- La estrategia de la distracción.
El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. Entre aquí Maripili, Ricky Martín, La Gárgola, Chemo Soto, las peleas de boxeo y el artículo semanal en el periódico que prescribe nuevas maneras de tener orgasmos.

2- Crear problemas, después ofrecer soluciones.
El método es mejor conocido como “problema-reacción-solución”. Se revienta un huevo, sale el grito de alarma y se termina por buscar un mapo. Así de fácil. Más gravemente, la situación que domina la Universidad de Puerto Rico, donde se la estrategia ha sido la de crear una situación de guerra en el recinto sitiado para que luego el Gobernador aparezca con sus soluciones, como dejar que el fuego conflagre para que cuando entre fuera de control, el público exija acciones que incluso irán en detrimento de sus libertades personales y derechos civiles. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
3- La estrategia de la gradualidad.
Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Los impuestos, el IVU, los aumentos en la matrícula de la UPR, aumentos en los comestibles y mi clavazón favorita, que es el aumento constante a la gasolina, son algunos ejemplos.

4- La estrategia de diferir.
Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Esto es tan reciente como la promesa de “medicina amarga” que hizo el gobernador Fortuño hace dos años bajo la promesa de que “todo será mejor mañana” y que el sacrificio de todos es un acto patriótico.

5- Dirigirse al público como criaturas de poca edad.
O sea, tratar al pueblo como estúpidos, a los que se le puede mentir y manipular por medio de la palabra imprecisa –with a little help from the media-. Es la instalación de la narrativa de la infantilidad social, tan popular desde los tiempos de Muñoz Marín, quien se convirtió literalmente en el Padre de la patria. Sólo hay que ver los anuncios de servicio público y degustar el tono infantilizante. ¿Por qué?  Dice Chomsky que “si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad”.

6- Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión.
La emotividad siempre es más fuerte que la razón, porque somos criaturas de instinto que deben aprender a racionalizar la realidad. Es más fácil ser apasionado que racional, porque va más con nuestra naturaleza animal, por supuesto. La emoción procede de una reacción nerviosa y subjetiva, como la de los animales cuando se sienten acorralados, amados, perseguidos o aceptados.

7- Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.
Hacer distante el conocimiento es parte de la labor: la literatura, la ciencia, el pensamiento crítico y creativo son tachados por juicios valorativos que les desmerecen como atributos de un ciudadano productivo. La crisis en la educación y el deseo de muchos de desaparecer la UPR no es casualidad: mantener al pueblo dócil es mantenerlo sumido en la conformidad de la mediocridad y en constante aspiración del imposible Boricua Dream. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8- Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.
Ser idiota, inculto, estúpido, o todos los anteriores, es característico del conformismo mediático. Ver Maripili, La Gárgola, etc.

9- Reforzar la autoculpabilidad.
Fomentar un sentido de culpa en el sentido general de los ciudadanos es muy eficaz para que el pueblo se descualifique a sí mismo de sus propias facultades creativas y se sientan incapaces de transformar socialmente su entorno. La inacción es la respuesta natural, y por ende, el ennui, la inercia, que son la concepción de William Blake sobre la existencia del Diablo.

10- Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.
El Estado nos hace creer que dada nuestras limitaciones financieras, nuestra baja escolaridad y nuestra inmovilidad política y social, nos hace falta un poder superior que se pueda hacer cargo de todo, porque nos “conocen mejor”, saben qué queremos y dónde padecemos. El estado impone un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.
La lista es verificable en The Compulsive Liar.com.
Nada de esto, como verán, es casualidad. Mucho menos que no tenga diversas aplicaciones, o que funcione en varias direcciones.


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