La muerte del español, según el evangelio de Fernando Vallejo

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A Fernando Vallejo hay que amarlo y hay que odiarlo. No tiene madre: literalmente. Nació por generación espontánea, así, como un gran supernova en algún centro cósmico de Colombia. Y como no es humano, odia la raza humana, de la que siempre ha dicho que es lo peor que le ha sucedido al reino animal.

Recuerdo hace unos años en México, durante la FIL Guadalajara 2002, cuando presentó La virgen de los sicarios, a manera de conversatorio junto a Marisol Schultz y Alberto Ruy Sánchez, y en medio de la lectura de uno de los pasajes viscerales de su novela, una dama del público asistente interrumpió la actividad muy indignada y con aire de soberbia, y dijo: «Señor, ¿por qué usted no escribe cosas lindas de la vida? ¿Por qué tiene que escoger temas que ponen a uno triste y hablar de cosas feas?», y Vallejo simplemente contestó: «Señora, yo soy un viejo que le gusta comerse los nenes. Eso no es nada bonito para usted. Así que mejor déjeme tranquilo». La dama abandonó la sala en medio de aplausos y risas.

Un tipo que se defeca en el nombre de su propio país no sólo es non-grato en su patria, sino que al publicarlo, tiene un fino sentido de la identidad como performance, del saberse en vitrina, del shock value de la palabra soez. Y entretiene.

Por ejemplo, al ser invitado a una conferencia convocada bajo el título de “La función social del editor”, confesó que ni le interesaba hablar del tema, porque pronto todos los editores estarían desempleados con la llegada del e-book. También dijo que el barrio mexicano “Tepito, la capital de la piratería, tenía sus días contados”, dado que el iPod es “la madre de todas las piraterías”; y que los libros digitales van a erradicar al libro impreso –lo que hace pensar que una conferencia de editores en una feria de libros parecería una futilidad-; y ante la incomodidad de los presentes, cuestionó el futuro del libro, si quien “no tiene futuro es la humanidad”.

Ah, sí: Vintage Vallejo…

Y como si fuera poco, Vallejo estremeció a su público –adora hacerlo, casi morbosamente-, cuando declaró, según informa El Economista, que:

“el español es un desastre, es un idioma en bancarrota. Perdimos desde dentro lo más elemental: se perdió la concordancia gramatical entre género y número; el idioma está totalmente anglicado; en las cartas ya no escribimos, como en el pasado, ‘Querida tal’ y luego dos puntos (:), sino coma (,), a la francesa; cuando algo nos causa sorpresa decimos ‘wow’, como perros; usamos la voz pasiva porque la usan los gringos siendo que la voz del español es activa. Hemos perdido la esencia de la lengua. Los gringos nos colonizaron hasta el alma”.

Podrán imaginarse la magnitud de la indignación que han causado sus manifestaciones.

Finalmente, ante la falta de opciones y soluciones –no le gusta darlas, dice-, concluyó con una recomendación: “No tengan hijos. Total, no van a perdurar en ellos”.

Ah, claro: no nos alarmemos. Pura tura. Performance. O whatever.

Puede que parezca que Vallejo es la persona que más feliz es siendo infeliz, pero tras esa piel de piedra, hay un viejo tierno que le gusta comerse los nenes.



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