toy-story-3-20080409024802743_640w Entonces llega la Guardia Nacional, activada en pleno mandato del gobernador Luis Fortuño, quien, haciendo galas de su afiliación republicana, ha resuelto acabar con la criminalidad y la crisis social del país con un cuerpo militar que no puede efectuar arrestos. Buzz Lightyear y Woody –protagonistas de Toy Story- salen a pasear.

[Buzz: I've set my laser from stun to kill.
Woody: Oh, great. If anyone attacks we can blink em' to death.]

Esta reflexión requiere gafas de visión tridimensional.

Desde el piragüero hasta los alcaldes de Aibonito, Barranquitas, Coamo, Comerío y Orocovis, celebraron la decisión como si fuera el desembarco de las tropas estadounidenses en Normandía. Estarán por tiempo indefinido, informa la prensa. Con sus rifles AR-15, añado. La gente está muy contenta, comenta el teniente de la región Miguel Mejías. La química entre militares y policías es elogiada con el candor que aquel que ve una pareja de recién casados mirar un atardecer en una playa edénica. Es la narrativa de la salvación ojo por ojo. Diente por diente.

Vamos a combatir la criminalidad, le dijo un agente a su compañero militar. Suena a nos amaremos por siempre, hasta el infinito y más allá. Buzz y Woody nunca pudieron estar más cerca.

[Buzz: Sheriff, this is no time to panic.]

Sin embargo, hace unas semanas, Roberto Rexach Soto, perdido por una cura, condujo hasta el estacionamiento de un puesto de hamburguesas y abandonó allí a su hija de cuatro meses de edad. El signo es patético, horrífico. El ser humano es la bestia más frágil y requiere todo un proceso de adquisición del lenguaje, desarrollo de capacidades motoras y pensantes para su adaptación social. El ser humano es, también, la única bestia que hace daño a sus hijos. La defensa del acusado argumenta que su cliente “no sabía lo que hacía”. Es abominable: ni siquiera sobreviven los instintos de preservación y supervivencia.

[Woody: This is a perfect time to panic! I'm lost.]

Más recientemente, el niño Lorenzo González Cacho fue encontrado envuelto en el velo de su propia sangre. El Instituto de Ciencias Forenses argumenta que, dados los rasgos que exhibía el cuerpo, fue un homicidio. Confusión y continuos errores infectan la investigación criminal. Se cayó de la cama, argumenta la madre. Es detestable: mientras Buzz y Woddy patrullan las calles, la casa se cae desde adentro hacia fuera. Es un modo de implosión social.

¿Qué tanque detiene esto? ¿Qué ametralladora? ¿Dónde están las pistolas que intimidarán al espíritu podrido?

[Woody: YOU! ARE! A! TOYYYYY! You are a child's play thing!]

Nada detiene la inefable cercanía de la verdad. Silenciosos, nos recogemos en nuestra desnaturaleza humana.

[Buzz: You are a sad, strange little man, and you have my pity.]

El señor cara de Papa en Fortaleza dice: “Look! I’m a Picasso!”

otro lunes Llegado marzo, nos alcanza nuevamente la revista de cultura hispanoamericana OtroLunes, que se honra con este Dossier dedicado a la vida y obra de Orlando Jiménez Leal. Debido a la importancia y al volumen de material gráfico, que ha sido necesario compilar en diferentes países, gracias a la contribución de muchos colegas y amigos de Jiménez Leal, y debido al deseo manifiesto de muchos intelectuales, entre otros, la revista nos regala por ahora una brevísima muestra, la que, según prometen sus editores, “se irá enriqueciendo con el paso de los días”. Así, quedamos convocados a visitar las páginas digitales de la publicación.

Por mi parte, presento un ensayo titulado La memoria liminar de José María Lima. El enlace para el artículo es el siguiente:

http://www.otrolunes.com/html/otra-opinion/otra-opinion-n12-a04-p01-2010.html.

am radio Hace poco más de dos años vengo escuchando los programas de participación del público en banda AM como experimento antropológico, quizá, inclusive, arqueológico. El moderador, generalmente, abre los micrófonos para que la gente ejerza su derecho a la libre expresión, que a muchas veces, dependiendo de la emisora y el juez del momento, son aplaudidas si el moderador está de acuerdo, o criticadas si el moderador piensa que el comentario es contrario a la naturaleza de sus ideas, sean políticas, personales o morales.

Es en una popular emisora de Puerto Rico (Notiuno 630) que a la medianoche, todas las noches, comienza un programa que se extiende por tres horas de transmisión en vivo en donde el moderador no llega con un libreto, sino que, aparte de la reflexión meditativa al inicio del programa, se dedica a tomar llamadas del público. No hay tema ni pie forzado. No hay concepto articulador que no sea la espontaneidad. El público escucha llama y habla de lo que quiera.

Interesante es que los radioescuchas tratan con familiaridad a la voz sin rostro. Le preguntan por su familia. Inquieren sobre su bienestar. Por su parte, el moderador, don Johnny, es igual de responsivo. Ya conoce los timbres, metales y tonos de los participantes asiduos. La transmisión se extiende a través de la madrugada con el dinamismo de un chat room particular.

El moderador es una conciencia. Es, más que un amigo, compañía. Ocupa el lugar de dios.

Y es sorprendente: la gente llama para cantar, para recitar poemas, para contar lo que hicieron durante el día, para expresar su desagrado con la situación del país, para recordar o celebrar algo que incide de manera contundente en sus vidas –desde aniversarios de bodas hasta alguien que una vez rezó en vivo por el alma de su madre muerta. Y el que no canta, arroja al auricular una melodía que reproduce de su radiocasetera o reproductor de discos compactos. Pienso en Eleanor Rigby: all the lonely people, where do they all come from?

Hace como un mes, llamó una mujer. Su voz no expresaba la alegría que comúnmente se escucha en los participantes. Arrastraba las palabras, o más bien, las obligaba para que salieran de su boca. El moderador lo señaló. Se siente triste, le dijo él. Es verdad, contestó. Llamo porque esta noche voy a quitarme la vida y quería hablar con alguien antes de irme de este mundo.

Parecería una ficción de Palahniuk. En mi cuento “Cenotafio”, una mujer se enamora del moderador y tiene orgasmos cósmicos al aire y en directo. En el filme The Fisher King (Jeff Bridges y Robin Williams), un radioescucha llama a un programa de radio para anunciar que va a aniquilar a los yuppies consumistas. El disc jockey le dice que es lo mejor que puede hacer, por lo que esa noche, el hombre entra en un restaurante y dispara contra los comensales.

Don Johnny entonces le aludió al por qué de tal decisión y la mujer afirmó que ya no resistía el abandono de su exmarido, quien a pesar de que la ha abandonado, todavía la visita y le exige sexo. Ella no tiene arma emocional ni defensa psicológica para repeler los asedios. Dijo que, aparte de todo, lo ama, por lo que se siente culpable. Por eso se, va a quitar la vida en este momento.

La emisora cortó repentinamente a comerciales. Al cabo de los minutos, don Johnny regresó a tomar nuevas llamadas. Sólo dijo: “Hay que tener fortaleza y fe”.

La noche transcurrió como siempre. Una señora cantaba “¿Dónde están tus ojos negros?” a capella.

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