8005_ellis_bret_easton No existe mejor alquimia entre la novela literaria y la novela negra que la lograda por Bret Easton Ellis (1964), autor de American Psycho (1991) y The Rules of Attraction (1987). Confeso discípulo de Raymond Chandler, Easton Ellis acaba de publicar Imperial Bedrooms (séquela a su novela debut Less than Zero) y la que se nos presenta como una ficción fitzgeraldiana del siglo XXI. La entrega sucede a Lunar Park (2005), que irá al cine protagonizada por Benicio del Toro.

De Zero (publicada en 1985, cuando Easton Ellis tenía 21 años), recordamos la adaptación hollywoodense con Robert Downey, Jr. en el papel que absorbió su carrera hasta el jubiloso regreso del actor en Sherlock Holmes.

En la primera novela de Easton Ellis, el protagonista Clay es un estudiante que regresa a California durante un receso académico y la historia se sumerge en la crisis de su relación con Blair, sus aventuras bisexuales y su amistad con Julian, una adicta a las drogas que ha tenido que dedicarse a la prostitución. Less than Zero es la historia de una clase media rebajada a menos en los plenos ’80, la década de la opulencia y el exceso.

En Bedrooms, tenemos un ‘class reunion’ de los personajes treinta años después. La historia comienza con una alusión hipertextual: “Hicieron una película sobre nosotros”, y donde el autor real se revela como personaje: “La película estaba inspirada en un libro escrito por alguien a quien conocíamos”. Easton Ellis deja que el nuevo Clay, ahora convertido en escritor autodestructivo, borracho, todavía bisexual, mas aun maduro, regrese a California para escribir el libreto de una película. En el proceso, Julian ha pasado de prostitura cara a dirigir un servicio de escolta. Blair se ha casado con Trent luego de haber tenido una aventura lésbica con Julian. En fin, los personajes se repiten como sombras de otras sombras, incluyendo a Rip, facilitador personal de las drogas que Clay consumía en Zero.

¿Lo mejor de la novela? La capacidad de traslación narrativa. Menos es más, es una lección de Raymond Carver que Easton Ellis aplica muy bien aquí. Mujeres fatales, rituales de tortura física, asesinatos aderezan esta historia de personajes ochentosos que se han desvanecido en un sentido de nowhereness estadounidense. El espacio es siempre marginal y oscuro, un detalle realzado descriptivamente en juegos de luz.

Imperial Bedrooms no es una historia linda, ni iluminativa, ni redentora. En todo caso, es una afirmación nihilista y bukowskiana de que el éxito es el hijo ilegitimo del azar y la desigualdad social, lo que necesariamente no refleja la valía de un individuo y su importancia en la sociedad.

El mensaje es devastador para los que pensamos que tenemos algún tipo de talento.

sophy live  Esto apenas comienza.

La Súper Soph, al comando de “The Rockers”, va a cantar nada más y nada menos que en el Hard Rock Café San Juan. Va a interpretar “Si te vas”, de Shakira, y “Knocking On Heaven’s Doors”, el clásico de Bob Dylan que Guns’n’Roses hiciera famosa.

¡Qué cura! Todo gracias al campamento de verano del “Rock’n’Roll Academy”.

¡Hard Rock Café! Cuando yo tocaba, no pasaba de pubs, pubs de mala muerte y cumpleaños y bodas. Ah, y un gig en el Bosque Mágico. Eso fue todo.

Le vaya como le vaya, mi Soph se queda con el escenario como quiera. Que cante. Que brinque. Que grite. Y que luego sea lo que quiera ser.

I’ll be there. Con ta-tua-je…

Rock on!!!

foto de: © 2010 Raúl Herrera

charlize o vuvuzela Aparte de las sorpresas de los equipos tradicionalmente underdogs en los campeonatos de la Copa Mundial de Fútbol, la estrella de la edición del 2010 ha sido la vuvuzela, una especie de corneta plástica de un metro de largo que en cantidades de 50,000 y 60,000 fanáticos, suenan como la trompeta de Azrael proclamando la ruptura del séptimo sello apocalíptico. La vuvuzela, que produce un ruido de 120 decibelios suficiente como para causar daño permanente al oído y que constituye la exportación sudafricana más excitante desde Charlize Theron, ahora llega a los parques de béisbol en Estados Unidos.

¿Qué? ¿Cómo?

El sábado pasado, 15,000 fans de los Marlins de Florida distribuyeron el ruidoso cornetín, causando desconcierto y confusión entre árbitros y jugadores e influyendo sobre una jugada crucial para el desenlace del partido. Como resultado, los Mets de Nueva York, que ganan siempre para perder, recientemente anunciaron que tendrán su “Vuvuzela Night” en el Citi Field. Nueva York no será la misma.

A America, the beautiful, la que Dios bendice en la séptima entrada de cada partido, la acaban de desoccidentalizar.

Los puristas del béisbol reclaman que “There’s no vuvuzela in baseball!”. Los más radicales, como el dirigente del Chicago White Sox, Ozzie Guillén, dicen: “¿Quién se creen que somos? ¿Tiger Woods? ¡El béisbol es para hacer ruido!”

La vuvuzelada del sábado se equipara a grandes fracasos promocionales del béisbol, como la noche de cerveza a 10 centavos en Cleveland en 1978 –que terminó con todo el estadio borracho y con varios arrestos por motín-, la noche de las pelotas en Dodger Stadium –que terminó con los fanáticos arrojando al equipo contrario las bolas de béisbol obsequiadas esa noche-, o el día del bate en Yankee Stadium, que terminó como una escena de la película “The Warriors”: a batazo limpio entre los fanáticos rivales, razón por la cual los Yankees ya han anunciado la prohibición de la corneta en su nuevo y lujoso parque.

En fin, le doy la bienvenida a las vuvuzelas en mi deporte favorito, que entonces es como conjugar dos deportes favoritos.

¿Y de Charlize Theron? Bueno, al menos es un dulce fabricado en Johannesburgo. ¿Las vuvuzelas?: Made in China.

Fue Caridad Sorondo quien le hizo llegar a José Saramago una copia de mi poemario Vicios de construcción antes de ver prensas.

admiro un remolino de hojas

que barre la acera

cual falda de bailarina

el árbol desnudo

permanece impávido

insufrible, indoloro

 

Y Papá, como cariñosamente yo le llamaba, se tornó hacia la novela de su autoría que me acercó a él, Ensayo sobre la ceguera. Escribió: “Para Elidio La Torre, que con mi abuelo Jerónimo, se abraza a los árboles”.

 

las hojas se alejan

el árbol, es obvio,

no las extrañará:

no tiene recuerdos

 

Supe, más por la dedicatoria que por su amplio volumen de poesías compiladas bajo el indefectible título de Poesía completa, que Saramago era un poeta tornado en novelista.

pese a que se hace en el tiempo

el árbol, he de decir,

no sabe poesía

es condición del lenguaje

evocar una ausencia:

la poesía es la memoria de las palabras

 

Luchador incansable por las causas justas, desposeído de los anclajes convencionales y del confort del establishment literario, Saramago fue del rechazo al reconocimiento, pero no le conmovió su dura coraza de hombre tierno. De sus muchos reclamos, el más que le atribulaba era la ausencia de Dios mitificada, irónicamente, en entidad omnipresente.

 

el árbol, seguro,

no tiene necesidad

de reparar por sus pérdidas

En Las intermitencias de la muerte, la Muerte entra en una especie de huelga de brazos caídos y decide descansar. Una fabulación descarnada, como solo Saramago podía escribir.

 

La muerte nunca deja su tarea y Saramago ha pasado al reino de la luz. Se abraza junto a su abuelo Jerónimo. Ha llegado a casa.

Bajo el árbol de fuego, nos veremos bajo su sombra.

Descanse en paz un poeta.

 

El poema es “pérdidas”, de vicios de construcción (2008)

No necesito presentar a Nine Inch Nails, pues el que le conoce, le conoce; y el que no, puede que ni le importe o que sea de su gusto, pero el punto es que el último video de Johnny Cash fue su interpretación de una canción de NIN (Trent Reznor, hombre banda). De Cash, quizá tampoco sepan mucho, pero puede referirse al film Walk the Line con Joaquim Phoenix y Reese Witherspoon. 

 

Y del poema de Trent Reznor, titulado “Hurt”, dice:

…Beneath the stains of time
The feelings disappear
You are someone else
I am still right here

What have I become?
My sweetest friend
Everyone I know
Goes away in the end
You could have it all
My empire of dirt
I will let you down
I will make you hurt

If I could start again
A million miles away
I would keep myself
I would find a way…

amir Hay un nuevo espacio en la blogosfera y corresponde a Amir Valle. No sólo le ha dado un makeover a su página de Internet (www.amirvalle.com) sino que ha iniciado una bitácora adjunta al mismo en la cual, según el hermano, le ha faltado a su palabra de nunca abrir un blog.

Pues uno nunca dice nunca.

“La culpa es de muchos de ustedes que han estado todo este tiempo preguntándome: ‘Y a ti, que tanto te gusta opinar, ¿por qué no abres tu blog?’”, dice Amir.

Amir, agent provocateur que ha apilado reconocimientos y triunfos para bien de las letras hispanas, es el autor de Las palabras y los muertos, Premio Mario Vargas Llosa del 2006, y Tatuajes, novela editada por TerranovA. Dirige la revista electrónica Otro lunes y estuvo con nosotros durante el Festival de la palabra, celebrado recientemente en San Juan de Puerto Rico. Y más que ser un excelente ser humano, es familia.

Para los que les interese seguir a este nuestro narrador (sí, nuestro, porque es del Caribe), su blog te titula A título personal y se accede aquí: http://amirvalle.com/wordpress/.

World-Cup-Girls-Bodypainted-1 Un amigo me pregunta si eso del campeonato por la Copa Mundial es una competencia de mujeres con busto grande, y que de ser así, su suegra debería competir, porque de seguro ganaría. La verdad es que la idea no es mala, como también es cierto que, en Puerto Rico,  poca gente reconoce la magnitud de tal deporte. Y me refiero al fútbol, por supuesto, que se convertirá en uno de nuestros deportes nacionales algún día.

Digo, ¿en cuál otro deporte empatando uno gana?

Este es el deporte ideal para los boricuas. Es más: creo que en la República de Puerto Rico deberíamos comenzar a fomentar el soccer como deporte nacional, porque se nos hace natural. O se gana o se empata, pero no toleramos perder. Prueba de eso son las grandes semifinales de baloncesto como la de Santurce y Ponce, que terminó a botellazos, o los innumerables campeonatos de volleyball donde hay que evacuar los jugadores de las canchas para salvar sus vidas.

El fútbol es victoria o muerte.

Al escritor Salman Rushdie le importó poco la fatwa, o la pena de muerte que el gobierno iraní había impuesto sobre él, y en pleno clandestinaje ofreció de voluntario para ir a cubrir, en exclusiva para The New York Times, el mundial en Italia en 1990. Si me atrapan, que me maten, dijo. Rushdie aún vive y se ha casado con una super model.

El asunto es ganar o morir, ciertamente. En la Copa de 1938, entre Italia y Hungría, Benito Mussolini envió un telegrama a sus jugadores: “Vincere o morire”. Italia ganó 4-2.

Ah, el poder de convencimiento de un líder.

No podemos obviar el mundial del 1994, cuando Andrés Escobar Aldarriaga, de Colombia, metió un autogol en un juego contra nada más y nada menos que U-S-A, que ganó el partido. Escobar fue ultimado a balazos después de la competencia.

De la violencia en el fútbol recordamos también, como informa The Toilet Paper, al arquero Samiou Yessefou, quien fuera muerto a golpes por una enfurecida fanaticada luego de que su país, Benín, perdiera 3-0 ante Nigeria en el Campeonato de la Juventud Africana. Y como olvidarnos del fanático herido del Manchester United que arrolló a una celebratoria fanaticada cuando su equipo perdió ante el Barcelona la Liga de Campeones.

La Copa Mundial de Fútbol es como la Serie Mundial, la Final de la NBA, el Kentucky Derby y el Rapto Apocalíptico juntos. Es el corazón y la espiritualidad del planeta.

Como leía una camiseta de un fanático de Estados Unidos: “I’m a sucker for soccer”.

¿Que si la copa es grande o pequeña? No importa. Menos si el uniforme es pintado al cuerpo.

condon De acuerdo con Donato Villani, médico de la selección de Argentina al Mundial de Futbol en Sudáfrica 2010, ha publicado el más humano de los pronunciamientos: a ningún humano se le puede negar por más de un mes un asado, una copa de vino, un poco de dulce de leche o sexo. No, por supuesto que no: eso es sería una afrenta equiparable a la más vil violación de los derechos inalienables del ser humano.

Se dice que al séptimo día, Dios descansó, pero que veinticuatro horas después, seco de aburrimiento, inventó el futbol. Luego, asó un cordero, convirtió el agua en vino (truco con el que luego su hijo se haría famoso) y se sentó a vitorear el alcance de su creación, hasta que fue expulsado de la cancha por lenguaje soez y conducta poco sociable. Dios, que siglos después acabaría la humanidad con un diluvio universal –un error que Él mismo aceptó y por el que luego dispuso un arcoriris como promesa de que no volvería a destruir la existencia, al menos con agua-, no podía anticipar que al animal ponzoñoso no se le dan alas. Por eso, no se puede instigar una fiebre sin consecuencia. Así, la escuadra albiceleste tendrá derecho a tirar canas al aire, mechones, trenzas y la peluca completa si así el deber lo reclama, siempre y cuando no haya intervención de “aditivos” o que se suscite en los calendarios de reposo.

Villani, como un Moisés acabado de bajar de El Aconcagua, asegura que "el sexo forma parte de la vida social de todos y en sí no es un problema".

Es el Maradona Effect.

Bueno, si usted es Frank Rivery, Karim Benzema (que ya no va al Mundial) o Sidney Govou, estrellas del equipo de Francia, sí lo es, en tanto se meta uno con prostitutas menores de edad. O, por el contrario, como ha hecho voluntariamente el equipo de Portugal, que, a pesar de habérseles concedido el mismo privilegio que al Argentina, ha decidido abstenerse del sexo por las semanas que dura el Mundial. Brasil reclama respetar “la convivencia social” mientras Chile, Inglaterra y España le han ceñido güeveras de castidad a sus jugadores.

En todo caso, cada quien asume la posición (no pun intended) de su predilección.

Al final, el asunto es que gana el que meta más goles. Dios, como quiera, va a estar cerca.

Infrarrealismo_com Hay que volver a Bolaño de vez en cuando. Aún cuando uno no quiera ni lo pretenda, el chileno se revela como por bibliomancia. Así es como me ha vuelto su ensayo “La nueva poesía latinoamericana”, publicado originalmente en la Revista Plural de México (1976) y reproducido en El interpretador. Cosas que uno ha leído hace tiempo, ¿no?, y en la distancia, tras otra lectura, luego semiotiza de otra manera. En tiempos de vacas flacas para la poesía, he extraido algunos pasajes que me llaman la atención:

[***]

Si por panorama general entendemos a una promoción emergente de jóvenes poetas que vienen a llenar algunos huecos surgidos en el aparato oficial de la literatura latinoamericana, a mí me parece definitivamente mediocre. Ahora que si por panorama general entendemos un movimiento al menos estéticamente al margen del aparato oficial o un subpanorama ética y estéticamente al margen, un estado de ánimo común a muchos jóvenes, una interpretación transformadora (y esto es más contradictorio que el diablo) de una realidad cotidiana sangrienta, en donde es imposible verdaderamente crear sin subvertir, en donde es imposible subvertir sin ser apaleado, en donde es imposible ser apaleado sin adoptar, por el momento aunque sólo sea visceralmente, posturas de rechazo total a situaciones culturales burguesas (y cualquier postura de rechazo total significa comenzar a experimentar y pensar nuevas formas de acción, a intuir nuevas sensaciones), el panorama general se me presenta como el segundo cartucho de dinamita de la poesía latinoamericana en lo que va de este siglo […]

[***]

Creo una cosa: si bien ahora el panorama general de la nueva poesía latinoamericana es en un cincuenta por ciento clandestino, dentro de poco tiempo lo será en un cien por ciento. En una época de crisis, el poeta se lanza a los caminos. De esta inmersión obligatoria en mundos nuevos renace la poesía, la verdadera poesía, o se va todo al carajo.

[***]

¡Santo cielo! si yo me pusiera extremista diría que los únicos antecedentes para muchos de nosotros son una cadena de carnicerías, una colección de fotos de poetas surrealistas, una monomanía por las carreteras, nuevamente una cadena de carnicerías, informaciones enajenadas con el método cut-up, complots experimentales, canciones de rock’n roll (sobre todo Simpatía por el diablo), Vietnam y la guerrilla, el sexo y los cómics, muchas nubes negras y veloces. Antecedente quiere decir, más o menos, acción, dicho o circunstancia que sirve para juzgar algo posterior. Bueno, creo que los antecedentes de los nuevos poetas latinoamericanos no son primordialmente literarios. Ni nacionales. No existen antecedentes puramente nacionales.

[***]

Nuestras experiencias, entre ellas el acto de escribir desesperadamente en un callejón sin salida, nos han orillado a reencontrar antiguos tótems, largo tiempo ocultos (ninguneados o manipulados por la tradición oficial) y a tomar de ellos lo más corrosivo, lo más fresco.

[***]
La renovación de nuestro lenguaje poético no se da meramente como una búsqueda formal, sino como resultado de un choque formidable entre una realidad cada día más exasperantemente poética y nuestras ganas de jugar un rato con ella, de interpretarla, de transformarla, por lo pronto sea sólo para ver qué nos pasa. La poesía de lo que se mueve y me rodea, extiende mi poesía al infinito, diría Bakunin.

[***]

Otras tendencias de poetas jóvenes, me refiero a los que hacían poesía coloquial, con el pretexto de reflejar una cotidianidad fresca y sencilla sólo le rindieron tributo a una cotidianidad pequeñoburguesa, sin trascender nunca, tanto en forma como en contenido, al animal de la costumbre. De eso solamente quedan malas fotografías.

[***]

Cuando el ambiente no sólo es indiferente u hostil, sino francamente criminal, como en el caso de Chile o de Argentina,, al poeta no le queda otra que entrar en organizaciones clandestinas (hacer poesía a balazos, como diría Dalton), o irse del país. Europa está llena de argentinos, chilenos, uruguayos, que obviamente no están ahí de vacaciones.

[***]

Vivimos la aparición de formas nuevas, condicionadas por factores económicos, formas marginales que poco a poco vemos reconociendo como poesía. Un aire de poesía desligado de los medios sociales donde tradicionalmente se mueve la poesía. Vivimos la aparición de una poesía del lado salvaje de las calles.

[***]

La subversión de la cotidianidad no puede circunscribirse a los ámbitos puramente socioeconómicos, la revolución y la vida deben ser la ética y la estética (una sola cosa), de cualquier proyecto de vanguardia.

[***]

El núcleo central de una posible vanguardia debe ser la aventura, creo yo. Y prefiero al muchacho que lee a Pablo de Rokha en vez de Valéry, el que lee a Kerouac y no a Fuentes, el que escribe en una máquina de sueños: Dinero Gratis o Thanatos Go Home.

Aventura de los nervios, aventura de los párpados, aventura del camino, aventura de la revolución, aventura del amor.

Más o menos como el que está tirado en una esquina, sudando y descansando un poco, y algún teórico sicoanalista de la Universidad le grita pequeñoburgués con mala conciencia. Y él se sonríe casi como un Buda armado.

Ensayo completo y foto disponible en: el interpretador

1_Dead_River_2C_Toned Así, me da pánico morirme de sobra.

Betunaba mi aliento con motivos de piel y metal.

Conocía el tiempo y evitaba pensar en mi vejez a solas.

Chiste de vida que no da risa.

Es tarde, es muy tarde, dijo el conejo en ruta a la cocina.

Fricase con él, me dijo, y vacié el tiempo en una almendra.

Giraba la posibilidad de que nuestra identidad no fuera la relación entre dos objetos.

He de aceptar, por supuesto, que dos corazones no tienen las mismas relaciones cúbicas.

Imagino que la mecánica de un beso requiere tensión y torque.

Jamás había pensado que el color de sus ojos cambiaba con la totalidad de los hechos.

Kantismo llano: nada emerge sin precedentes en el mundo físico ni en el de las ideas.

Le invité a aquel lugar donde nos conocimos.

Me dijo que trabajaría hasta tarde; mañana, quizá.

No le devolví la mirada que ella evadió.

Oportunamente, el silencio asumió la posibilidad de todas las situaciones.

Pasó un avión sin dejarse ver, y parecía que era el cielo el que rugía.

Queríamos apocar la manera en que no nos hablábamos.

Removíamos el vacío y eso era todo lo que nos quedaba.

Silogizábamos la noche larga y fría de verano.

Te extraño, pienso hoy, entre memorias compuestas por pixeles lejanos.

Una vez tuvimos en las manos el fuego sagrado de los días.

Vertible tiempo sin espacio, pues hoy no puede haber espacio sin tiempo.

Whiskey amargo para adormecerme entre música de lounge.

Xerocopia de un texto sin culminar.

Yogur ácrido con fecha expirada.

Zozobramos en barro seco.

De: Gran vacío a boca llena

size El pasado domingo 30 de mayo, El Nuevo Día publicó los cuentos ganadores de la quinta edición del Campeonato Mundial del Cuento Corto Oral, celebrado en la Universidad del Sagrado Corazón. De particular agrado me resultó conocer que dos escritores conocidos míos llegaron finalistas: Joel Feliciano y Gean Carlo Villegas. Una tercera finalista fue María Zamparelli. La ganadora fue Raquel Otheguy con su cuento “Noé”.

Ahora: la lectura es del que lee, por supuesto, pero el mini-cuento ganador me parece que radica una lectura un tanto suelta, referencialmente clara, pero dependiente de otros contextos que deja espacio a las especulaciones y a las preguntas. Por supuesto, el criterio de “auto-continencia” del mini cuento es alterado por los por qués. Por ejemplo, ¿por qué es Noé quien controla la lluvia cuando el pobre viejo lo que hizo fue obedecer el mandato, deseo y voluntad de Dios? ¿No le tocaría esa tarea a Dios? O en todo caso, ¿usurpó Noé el agua de Dios? ¿No es eso una insurrección prometeica? Demasiado que resolver o pensar para un texto breve que no es un haikú.

Nada. Que, en todo caso, es lo que yo pienso y no tengo que estar en lo correcto. Cualquiera de los cuatro cuentos pudo haber sido el ganador.

“La Alegría”, por Joel Feliciano

Y caminó hacia la pared de chorros elevados que sonaban como corrientes eléctricas ensordecedoras. Cuando entró en los límites de la fuente, el agua se desvaneció por entre las losas de piedra. Los niños se anonadaron. Corra, sálgase, le gritaron con real preocupación, pues creían que aquel no era el comportamiento adecuado, ni el lugar ideal para un adulto. Hubo un silencio. La mujer no se salió. El estallido de los chorros retumbó en la plaza y los niños sostuvieron la respiración. Ella se rió dentro de la cárcel de agua y así, como si nada, los niños aceptaron su regreso a la infancia.

“Utopía post-retro o o cuando era homosexual”, por Gean Carlo Villegas

Los granos de azúcar negra esparcidos sobre el mantel, además de parecer diamantes acaramelados, fueron un presagio de lo peor. Sabía que mi madre estaba en la cocina aunque no podía verla. La escuchaba. En realidad, el chirrido de sus sandalias de goma era lo único que me ayudaba a ubicarla en esa triste casa que habité cuando niño. Me había prometido a mí mismo, que cuando terminara de tomarme el café le confesaría la realidad sobre mi sexualidad. “Ella entenderá”, pensaba entre cada sorbo. Mijo, ¿quieres galletas? No gracias, Mami, ¿puedes venir acá un segundo? Claro, pero dime rápido que se me quema la comida. Mami, tú sabes que me gradué con honores de la universidad, conseguí un trabajito en una editorial, y ya me mudé a un apartamento en el Viejo San Juan. Sí, Mijo, dime, ¿qué quieres? Pues nada, Mami, quería que supieras que he logrado todo lo que me he propuesto gracias a tu apoyo incondicional. Pero para ser realmente feliz, es importante que te confiese algo. ¡Dime ya, Mijo, qué se me quema la comida! Pensaba que estarías más orgullosa de mí si lograba todo esto siendo abiertamente homosexual. Así es, Mijo, estoy muy orgullosa de ti… Yo no quería que sufrieras el tener que vivir una mentira como cuando estuve casada con tu padre. Mami, los amigos que te he presentado han sido sólo amigos; fuiste tú quien concluyó que eran mis novios. Estabas tan contenta por mi homosexualidad que no quería decepcionarte llevándote la contraria… No más rodeos, Mijo. Mami, quiero que sepas que no soy homosexual… Una lágrima cayó sobre el azúcar negra y los diamantes acaramelados se diluyeron en el olvido. Yo te quiero, Mijo, y tu preferencia sexual no cambia nada. Gracias, Mami, por comprender. De nada, Mijo. Antes de su eterno silencio, mientras caminaba hacia la cocina, lo último que me dijo fue: “déjame apagar la estufa”. Sus sandalias de goma aparentaron sollozar por ella con cada paso que dio hacia la distancia. Pocos días después, mi madre murió por la tristeza de saber que yo no era homosexual.

“Bonsái”, por María Zampirelli

Li Wu se echó la canasta al hombro, agarró la jaula de saltamontes y salió al portal de la choza. Una ráfaga le arrebató el sombrero que cayó como un parasol sobre las cabezas de coles en el huerto de su mujer. Supo entonces que el espíritu del viento le daría batalla. En abierto desafío se ató el sombrero a la cabeza con un bejuco leñoso y caminó durante todo el trayecto hacia el lago con la cabeza baja abriendo con la punta del sombrero una brecha en las malas intenciones del viento.

La mujer miró por la ventana hacia el jardín. La figura del pescador se tambaleaba en la distancia.

Li Wu alcanzó la orilla del lago con la fatua satisfacción de haber ganado la batalla contra el destino. Acomodó sus aparejos junto al árbol solitario, sacó un ovillo con anzuelo de la canasta, pinchó un saltamontes entre los dedos y lo atravesó con el gancho. Se encaramó en el lomo de una raíz y levantó el brazo para hacer girar hilo y anzuelo antes de lanzarlo. Li Wu, en balance precario, escuchó la carcajada oscura del destino que lo levantó por el sombrero y lo tiró quebrándolo en diminutas piezas.

La mujer, intranquila por la creciente turbulencia echó una mirada al bonsái en el jardín. La porcelana del pescador al pie del árbol solitario había desaparecido.

“Noé”, por Raquel Otheguy

Caminaba por mi calle con su ropa desleída por el sol y en sus manos una cajita de madera amarrada con una soga gruesa y despeinada.

Un día, venciendo el miedo que sus ojos desenfocados me producían, le pregunté:

—¿Qué guardas ahí?

Miró en todas direcciones para asegurarse de que nadie nos espiaba, entonces dobló su gastado cuerpo hasta mi altura y me susurró al oído:

—Aquí guardo la lluvia para evitar que se escape otra vez.

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