de diego padroJosé Isaac de De Diego Padró sigue siendo una figura enigmática de nuestra literatura. Apenas unos cuantos trabajos publicados sobre su obra (que son unas cuantas monografías y cuatro tesis, entre las que se encuentra la que dará pie a mi primer libro de crítica literaria), yo me he creado la idea de que En Babia: manuscrito de un braquicéfalo, es la gran novela puertorriqueña del siglo XX. De ahí parte mi ponencia “Los dobles complementarios de En Babia: los vínculos dialógicos e intertextuales entre

Poe, Caroll y Joyce en la novela de Diego Padró” para el V Congreso Internacional Escritura, Individuo y Sociedad en España, Las Américas y Puerto Rico, que se celebrará en Arecibo del 18 al 20 de noviembre del 2010, donde compartiré con distinguidos panelistas de Puerto Rico y Estados Unidos.

Tengo entendido que alguien ha logrado los derechos de En Babia, la cual veremos publicada en algún momento. Pero mientras tanto, comparto el enlace del programa “En Babia y José I. De Diego Padró”, transmitido por La Voz del Centro, que modera don Ángel Collado Schwartz, y al cual fui invitado para conversar sobre los alcances de la novela.

El audio lo acceden en el siguiente enlace:

http://www.vozdelcentro.org/?p=1941

correr
Al menos quinientas personas puede que hayan errado al adquirir Correr tras el viento como libro electrónico, pero lo importante antes de llegar a esa cifra era que la novela no saldría en papel hasta que se cumpliera la cuota impuesta –si se cumplía– por AnaIve, de Terranova. Bueno, cumplida en menos de un mes, pues queda por consiguiente, luego de alcanzar algún posicionamiento en la lista de los primeros diez thrillers en español de Amazon (#4 al momento de redacción, #34 entre todos los libros en español), Correr entra a la segunda fase de su lanzamiento, que es hacerse disponible como paperback a través de la librería cibernética, con la finalidad de que, en algún momento, pueda salir en la edición de Terranova. Así que les hago saber que ya está disponible, aunque sea través de compras en línea, por el momento, para los que le interese:
http://www.amazon.com/Correr-tras-viento-nirvana-chocolate/dp/1935163574/ref=sr_1_2?ie=UTF8&s=books&qid=1288411153&sr=1-2


De Correr tras el viento, ha dicho el laureado novelista cubano Amir Valle: «Esta es una novela profundamente humanista: Brad Molloy tendrá que resolver un enigma mientras descubre sitios oscuros de su existencia, quita las telarañas de problemas existenciales que lo han aplastado, huyendo de algunos fantasmas que le rondan, entre ellos el amor de Aura Lee, la mujer de su vida. Tras las huellas de un misterioso violín y tras las pistas europeas que dejó el cubano Brindis de Salas, llamado el “Paganini negro”, se arma una seductora urdimbre de intrigas y estrategias de contrabando de arte: claves que, aderezadas por una prosa seductora, precisa, marcada por el humor, la ironía, el dolor y las peripecias de los personajes, dan a esta novela la singularidad de lo alucinante».


De la nota de contraportada, extraemos lo siguiente:


Brad Molloy nunca pensó que estaría tan cerca de reencontrarse con el Aura Lee, el amor de su vida, el día que entró un hombre cae muerto por envenenamiento a causa del Chan Su, un afrodisíaco disfrazado en chocolates que Brad trafica y ha hecho popular bajo el nombre de San Juan Sour. El hombre deja un Stradivarius tras el cual vienen un coleccionista de piezas de arte robadas, un director de museo corrupto, un inescrupuloso agente de la inteligencia del DEA, la mafia rusa y hasta el FBI. El valioso instrumento perteneció al virtuoso cubano José Claudio Brindis de Salas, conocido en su tiempo como el Paganini Negro, y carga un mito: el violín debe ser tocado ante una mujer amada. El Stradivarius es eje de una complicada operación criminal de intercambio arte robado por drogas y armas en la cual Brad y su socio, Dolo Morales, son simplemente ejecutores de una circunstancia.


Toda esta apasionada intriga queda relegada por un motivo mayor: el ardiente deseo de Brad por recuperar a Aura Lee, ahora esposa del coleccionista y filántropo Paco Juárez. Esta novela de errores desencadena de manera tragicómica con un final sorpresivo. Sueño, paraíso o nirvana desvanecido, Correr tras el viento es un juego con El Gran Gatsby de Fitzgerald.

arundhati-royEn verdad que un escritor es más peligroso que un ejército.

Arundhati Roy, autora de El dios de las cosas pequeñas (1997), ha sido acusada de sedición por el gobierno de India tras las manifestaciones de la activista y novelista en torno a la situación en Kashmir, un estado bajo tensiones socio-geopolíticas y que tanto Pakistán como India reclaman como suyo. «Kashmir nunca ha sido parte integral de India», manifestó la escritora. «Es un hecho histórico». El estado indio considera que las manifestaciones de Roy inducen al desafecto y a la violencia contra el gobierno, acusación que, de probarse en corte, le ganaría el encarcelamiento.

A pesar de que en 1947 las Naciones Unidas recomendaron resolver el conflicto por medio de un plebiscito, Kashmir se ha mantenido como territorio en disputa etno-religiosa que la república de China observa con detenimiento, ya que ella posee un tercio del territorio. Por mucho tiempo, Kashmir ha venido reclamando su derecho a la libre determinación y a formularse como estado independiente, un asunto sobre el que la novelista Roy se ha manifestado en apoyo abierto.

Sin embargo, por otro lado, a la señora Roy se le ha señalado un deseo de disgregar a la India secular, que no es reconocida por ella. Un delineamiento selectivo de la historia, ha dicho Venkatesan Vembu, un analista político independiente que ha saltado al escenario de opiniones políticas tras declarar en su blog que la activista se equivoca en su postura.

Seguramente, la suma de las partes es mayor que la totalidad cuando se trata de culturas ancestrales. Quizá nadie tiene razón y todo el mundo está en lo correcto. Lo que sí es inadmisible es la criminalización de una libertad legítima de expresión política.

«Cualquiera que hable en contra de India debe ser colgado», ha dicho el secretario general del partido de gobierno, Ananth Kumar. Tanto que se dice por la democracia, ¿no?  Pero ya lo ha dicho la propia Roy: «Compadece a la nación que acalla los escritores que dicen lo que piensan».

Y así me remito a la situación en mi país, donde no sólo hay que copar con los esfuerzos de unos que desean sobresalir en la medida que entierran los méritos de otros, sino que a ello le supera la política de un gobierno que se encarga de mantener en relativo estado de mutismo a su cultura literaria. Es un modo de violencia pasiva: un ensayo de la intolerancia o una incapacidad para aceptar las diferencias. Por eso, para ellos, hasta convendría implosionar el pasado: para convertir la memoria en un extenso páramo de narrativas acomodaticias.

Pero nada detiene la voz: la libertad comienza con la palabra sin grilletes.

tara_moss_20080105_0726 La cultura literaria pública es uno de los aspectos más reducidos a ataques, teorías, mitos y desdenes, lo que podría sorprender a uno de pensar que el placer de consumir el texto, y toda su abstracción, tome su forma en la figura del autor. En más de una ocasión he escuchado el proverbio: “nunca quieras conocer a un autor cuya obra admiras, podrías desilusionarte”. La escisión teórica entre el autor y su obra se conforma entonces como una relación social física. Tal vez el precepto de que la literatura puede ser disfrutada sin conocer a su creador la separa de otras artes, como la música, el teatro y el cine, por ejemplo, donde el actor ejecutor hace y constituye el performance.
En todo caso, son modos de la manera de consumir la cultura: la participación física (aún cuando el autor se esconde, su ausencia es una presencia, a lo Thomas Pynchon) en el consumo del producto.
Por eso, dos palabras: Tara Moss.
Gracias a la impresionante rubia, recién descubro un caso donde el producto en realidad no me importa tanto como su productora, que es tanto creadora como su propia obra.
Okay. Llámenme lo que sea: perro, macharrán, sucio, machista… no importa. Yo, tranquilamente, miro a Tara Moss y lo menos que pienso es que la escritora canadiense asentada en Australia, y quien fuera una Top Model internacional exquisita, es una de las novelistas del género policíaco y de suspenso de mayor venta en el mundo. Mas, si escribe como luce (favor de ver la foto de promoción para una de sus novelas a la izquierda), debe ser una excelente novelista.
Como belleza e inteligencia a veces conforman un inaceptable oxímoron, en el 2002 surgió una polémica en torno a la autenticidad de sus textos, por lo que la escritora accedió a someterse a una prueba de polígrafo para satisfacer a los incrédulos (¡Oh, que la salvación será para los que tienen fe!). Tara_Moss_Discusses_9f58
Y resulta que Tara Moss no escribe novelas de crímenes viendo documentales en History Channel, sino que se lanza a la investigación, pues ella cree firmemente que es “imprescindible pasar mucho tiempo en cárceles, patrullando las calles, o en depósitos de cadáveres; en definitiva, con todo aquello relacionado con la industria de la muerte”.
¿La industria de la muerte?, dijo. Uff. Mujeres así son de temer.
Un dato relevante es que las novelas de Tara Moss han sido traducidas a 14 idiomas y se ha coronado como la escritora de mayor popularidad en la isla continente donde vive.  Actualmente, se llevan dos de sus libros al cine. Los temas de sus novelas siempre cargan una dosis generosa de sexo, sangre, misterio y suspenso. Casada con el poeta y filósofo australiano Berndt Sellheim (some guys have all the luck, huh?), sus novelas han sido elogiadas por su artesanía argumental y por las cualidades poéticas de sus escritos, según la crítica especializada en el género policíaco.
En fin, que el placer de leer a Tara Moss no tiene necesariamente que encontrarse en el texto. Es más, no he leído ninguna de sus novelas, en cuyas carátulas ella suele posar –quién mejor para eso que una Top Model-. El placer estriba en saber que el mundo de la literatura puede tener gente bella.
Ya lo escribió el Wild (Oscar, quiero decir) en El retrato de Dorián Gray: «la Belleza es la maravilla de las maravillas. Solamente la gente superficial es la que no cree en juzgar por las apariencias».
O no.

vargas llosa Nada de lo que se pueda decir de Mario Vargas Llosa en estos momentos podría sonar poco lisonjero después que el escritor peruano ha ganado el Premio Nobel de Literatura, tras muchos años de ostentarlo y de saberse a voces que no haberlo obtenido le colocaba en cierta desventaja cuando lo comparaban con Gabriel García Márquez. «Cuentas iguales», ha publicado finalmente el Gabo en Twitter. En fin, ya Vargas Llosa no tiene nada que envidiarle al Gabo, excepto, tal vez, la poesía.

Cuenta la mitología literaria que, durante el tiempo en que vivían en París, el Gabo y su esposa habían tratado de mediar en la crisis matrimonial en que  se sumía Vargas Llosa con su mujer, Patricia, quien tenía a los primeros por confidentes. Gabo le recomendó el divorcio, pues Vargas Llosa andaba tras la reducida falda de una modelo estadounidense. Y entre macharranes, eso es violar el código de silencio. Así, una vez salvada la relación entre Mario y Patricia, y durante la gala del filme "La odisea de los Andes” en México, Vargas Llosa se enteró del papel de García Márquez en su vida personal y le pidió cuentas al respecto. Luego del reclamo verbal, vino el refuerzo físico: un jab de derecha que le dejó un “moretón” sobre el ojo izquierdo a Gabo.

Pero Vargas Llosa se ganó el Nobel, y no la faja de los pesos pesados, aunque de pesado le han atribuido mucho por haber dicho que era abiertamente “de derecha” y “capitalista”, algo que en la etiqueta de los escritores del boom no es muy decoroso tampoco. Por mucho tiempo entonces la obra de Vargas Llosa fue vista por lecturas predispuestas por el rechazo hasta que llegó la generación del McOndo. Creo que fue Alberto Fuguet a quien primero escuché decir: “Hay que leer a Vargas Llosa”. Edmundo Paz Soldán lo proclama un modelo para la promoción de la última década del siglo XX.

A Vargas Llosa yo le recuerdo en aquella magnífica conferencia que pronunciara en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico, recinto donde fue profesor visitante, a mediados de los 80 y cuyos contenidos se suponía terminaran en un libro a ser publicado por la Editorial UPR, y que nunca se concretó por oposición de su agente, Carmen Barcells. El texto de aquella conferencia terminó en un libro de ensayos, La verdad de las mentiras, y otra parte en Cartas a un joven novelista, en donde Vargas Llosa establece que «la literatura es lo mejor que se ha inventado para defenderse contra el infortunio».

De la relación entre Puerto Rico y Vargas Llosa subsiste un texto: Conversación en la catedral, el cual Edgardo Rodríguez Juliá informa que terminó de escribir, en 1969, en la Calle de Diego (cuando en esa calle se podía escribir, supongo). Muy a tono con nuestra realidad, "La Catedral" es el bar de mala muerte donde la conversación de dos personas se va tejiendo como una historia cargada de pesimismo y frustración bajo los efectos de un régimen militar (o sea, republicano) que se distingue por la corrupción gubernamental y la incapacidad de manejo de una crisis económica. «Si tuviera que salvar del fuego una sola [de las obras que he escrito], salvaría ésta», ha escrito Vargas Llosa en el prólogo de la edición de Alfaguara (1998).

De mi tres obras favoritas de Vargas Llosa, Catedral es una, La ciudad y los perros es otra. Pero de todas, y para mi gusto, ¿Quién mató a Palomino Molero? ha sido fundamental en mi conciencia de escritor. Es literaria, política, ágil, Palomino Molero es un despliegue de inteligencia disfrazado de novela policial. Publicada un año después de otra obra similar, Ciudad de cristal, de Paul Auster, Palomino Molero se obsesiona, en su mejor rasgo filosófico, con la búsqueda de una verdad en medio de un mundo de mentiras. Y de todo esto se aprecia en mi novela reciente, Correr tras el viento (Anuncio literario no pagado).

Puede que muchos piensen que la obra de Vargas Llosa se ha emblandecido con los años –incluso, la erótica de Vargas Llosa no es de mi entera satisfacción-, pero lo distinto y diferente no es necesariamente malo. Si quedaba alguna duda, pues, venga: en efecto, debemos leer a Vargas Llosa.

granta La función poética, nos decía Jakobson, proyecta el principio de equivalencia del eje de selección al eje de combinación. Seleccionar y asociar confieren otra operación, que es la de discriminación. Pero como el mensaje es el medio (McLuhan, anyone?), cuando evaluamos quién hace el escrutinio, quién ejecuta los procesos de selección y asociación, quién discrimina, entonces surge, casi por semiótica deconstructivista, la gran interrogante: ¿cuál es el fin? Y de ahí a lo demás, pues la narrativa de la cultura. ¿Quién produce? ¿Quién consume? Pues digamos que el aspartame, que aunque sabe a azúcar, lo no es.

Así, de la relación espacial que se ambienta internamente en los campos literarios (Bordieu, for dessert?), de ese «estar dentro-estar fuera» foucaultiano, nos refiere bien la publicación de habla inglesa Granta acaba de moverse hacia lo que será el futuro de la literatura iberoamericana para la segunda década del siglo XXI y publica, a partir de noviembre, en su primera edición de habla española, la lista de «Los mejores narradores jóvenes en español». La edición, por supuesto, también saldrá en inglés y se espera que su impacto sea similar a la edición de hace veinticuatro años donde anunciaban los mejores narradores británicos.

Que conste: de Granta han surgido Salman Rushdie, Ian McEwan, Paul Therox, Sherman Alexie, Rodrigo Fresán y Jonathan Franzen, que, de existir un juego tipo Fantasy Baseball para escritores, estarían en mi selección de cartas.

El conjunto de jóvenes narradores propuesto desde Granta “busca refrendar un pacto de reconocimiento previo, de señas de identidad, que en diez años podrán corroborar la vigencia de este arsenal de referencias consensuadas”. O sea, que a menos que le hagan un boicot a alguno de ellos o los pongan en la lista negra, los veintidós autores seleccionados muestran en su escritura el tejido de las obras que retan el tiempo.

El seleccionado incluye a Andrés Barba, Oliverio Cohelo, Federico Falco, Pablo Gutierrez, Rodrigo Hasbún, Sonia Hernández, Carlos Labbé, Elvira Navarro, Matías Néspolo, Andrés Neuman, Alberto Olmos, Pola Oloixarac, Antonio Ortuño, Patricio Pron, Lucía Puenzo, Andres Ressia Colino, Santiago Roncagliolo, Samanta Schewblin, Andres Felipe Solano, Carlos Yushimito del Valle y Alejandro Zambra.

¿Los culpables? Un oráculo compuesto por Edgardo Cozarinsky, Francisco Goldman, Isabel Hilton, Mercedes Monmany, Valerie Miles y Aurelio Major, quienes constituyeron el comité de selección por el año que les tomó llegar al consenso.

¿Y de seleccionar y asociar? Pues, según los editores, el escogido se conforma en torno a proyectos del autor como figura artística -no de obras sueltas- de al menos cuatro nodos regionales (Barcelona-Madrid, Buenos Aires, Lima-Bogotá y México).

¿El resto de Latinoamérica? Como siempre, no existe –en particular el Caribe, que es el «estar fuera» inconcluso–, porque los autores andan ocupados mirándose el ombligo, adobando el ego, planificando asesinatos literarios, en Facebook o esperando que les sirvan cócteles. O, en el peor de los casos, con su manuscrito en espera de ser descubierto.

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