En Otro lunes: “La aventura de ser Julian Assange”

otrolunesEl escenario es cualquiera y en cualquier lugar, pero tecnológico. Sin embargo, no será una historia de ciencia especulativa, sino que nos enfrentaremos a la confección de un realismo impresionante, con un leve dislocamiento de los referentes espaciales.

Beam me down, Scotty. La promesa de los Jetsons no ha llegado del todo, pues a la altura de la segunda década del siglo XXI los autos todavía no vuelan y las aceras no se deslizan hasta nuestros lugares de trabajo,  pero el futuro se ha convertido en crónica. Acostumbrados a los foros sociales donde compartimos con miles de desconocidos separados unos de los otros en el espacio físico real y a las salas de charlas, donde somos cuerpos de palabras representados por un nombre código o screen name, ya podemos hablar de rebeldes cibernéticos e insurrecciones virtuales. Y todo con una inmediatez cotidiana, como la de leer un correo electrónico, informarse por medio de un diario cibernético o leer un libro electrónico. Y como toda historia necesita un héroe, hablo de la aventura de ser Julian Assange.

Es un hombre y es una idea. Aquí hay un héroe de los que prescribía Joseph Campbell.

Las corporalidades digitales y sus desplazamientos han adquirido una dimensión protagónica recientemente con las acusaciones de espionaje y piratería cibernética al creador de WikiLeaks, un hacker buona fide y ducho programador de computadores. William Wallace o Beowulf con algo de Pascal Votán. Cuando nació, en 1971, Walt Disney World abrió en Florida y el Apollo 15 regresó de su viaje espacial a la tierra. Hiperrealidad y ciencia. 

Assange, como todo héroe que rechaza el emplazamiento inicial, ha rehusado adjudicarse el crédito de fundador de la página de Internet, pero recibió el llamado de convertirse en el libertador de la información como pirata cibernético desde aquella mañana del treinta de marzo de 2007 cuando proyectó por primera vez evidencia fílmica en la que soldados estadounidenses a bordo de un helicóptero Apache disparaban contra dieciocho civiles iraníes y dos corresponsales de la agencia noticiosa Reuters. Las incontestables imágenes, que superaban las ficciones fílmicas de Hamburguer Hill, causaron estruendo inmediato tanto por la abominable masacre como por el hecho de que el mensaje superaba al medio: el vídeo era material vedado a la circulación y conocimiento público por la inteligencia militar. La vulnerabilidad quedaba al desnudo. Y WikiLeaks.org se establecía como el primer enemigo estadounidense en la geografía virtual.

El resto de la historia la pueden acceder en la primera entrega del 2011 de la revista de cultura hispanoamericana Otro lunes, con nuevo formato y más dinámico diseño. Hay dossier de Jorge Franco, conversaciones con José María Merino, Leonardo Padura y Edmundo Paz Soldán, entre otros, y las columnas del ‘staff’ de la revista. La mía la pueden leer aquí.



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