La mala reputación, colectivo poético: Joan Jett was right

1983_05_Topological Abduction of Europe - Homage to Rene Thom, 1983“A las buenas gentes no les gusta que se siga un camino distinto al suyo”, dice la canción “La mala reputación” de George Brassens. “Todo el mundo vendrá a verme ahorcado, salvo los ciegos, es natural”, añade. Conmovedor, si se quiere. El ‘mal-reputado’ acepta su condición marginal y la vive. En fin, que esa “opinión o consideración en que se tiene a alguien o algo”, o en su defecto, el “prestigio o estima en que son tenidos alguien o algo” (según el mataburros de la RAE).

La reputación, por su supuesto, es algo que al menos se gana. Sea buena o mala, es de uno.

“I don’t give me a damn ‘bout a bad reputation/ you’re living in the past, it’s a new generation”, dice Joan Jett y estoy más con sus tres acordes. Total: El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única en realidad (Cioran).

Por eso, cuando un colectivo se autodenomina “La mala reputación”, hay que hablar de ellos. Como colectivo poético que busca “proyectar la poesía en sus múltiples formas”, se dicen a la “búsqueda de nuevas voces para ser escuchadas”. Pero del muestrario que hasta ahora aparece publicado en el blog, advierto una poesía móvil, cinética, como propiedades físicas que conectan a la filosofía con la poesía, con la salvedad de que la primera busca la verdad; la segunda, la inventa.

Que conste: lo de ‘nueva generación’ es algo completamente actitudinal, de reconocimiento del sentido del poema y de la motivación a producir un texto sin edad. En el colectivo hay poetas que pudieran ser mis hermanos menores y otros que pudieran ser los mayores.

Mi turno es el 23. Como en la película de Jim Carrey. El hombre tiene 23 pares de cromosomas y el número 23 es el que determina el género, la columna vertebral se compone de 23 discos, Julio César fue apuñalado 23 veces, el alfabeto latino tiene 23 letras, según la teoría de biorritmos el mundo sigue un cíclo físico de 23 días, la Tierra tiene una inclinación de 23º y medio, un 23 nació Shakespeare, otro 23 murió coincidiendo con Cervantes, 23 eran los Grandes Maestros Templarios, Michael Jordan triunfó con el 23 en la espalda, como Beckham, en España.

2 y 3, que da a cinco: mi número de siempre.

Estos poemas no pretenden. Son. Como la poesía. Pueden visitar “La mala reputación” al pulsar aquí.



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