Autogestión editorial: el regreso de lo nunca ido





En Puerto Rico, la imprenta llegó tarde. La revolución editorial, también.

Si por mucho tiempo la tradición de mayor importancia en la literatura puertorriqueña –que despunta tarde, en tanto las otras literaturas hispanoamericanas- ha sido la autogestión editorial, ahora con la revolución digital podríamos decir que la oportunidad volver a esos inicios convoca una posibilidad mayor de divulgación de trabajos literarios. En efecto, dos acontecimientos importantes en el mundo del libro nos indican que ahora los autores gozan una dimensión amplia de publicación que no necesariamente viene sujeta al modelo de publicación en papel.

La primera noticia es el anuncio de Amazon que acaba de iniciar cinco nuevos sellos editoriales, entre los que se menciona Montlake para novela romántica y Thomas & Mercer para misterio, con el fin de producir y vender libros digitales. La iniciativa conlleva todo el aparato de edición y distribución de libros, desde la contratación y adelanto de regalías a los autores hasta la promoción y venta de los títulos seleccionados. Se menciona que andan enamorando a Stephen King.

La segunda noticia es que J.K. Rowlings, la afamada autora de la serie de Harry Potter, acaba de asumir la custodia y el control absoluto de sus novelas para distribución y venta en plataformas de libros electrónicos. Inclusive, se ha creado su propia aplicación llamada Pottermore, a través de la cual venderá la obra que ha hecho su vida de escritora más llevadera. Se espera entonces que a dicha movida, surja una oleada de autores muy bien cotizados, y cuyos contratos de representación literaria o de prestación de derechos de autor no cobijaban protecciones sobre los llamados “derechos electrónicos” o para reproducción en libro digital.

Inventarse es reinventarse.

Lo que se deduce de estas dos movidas empresariales es claro: los autores volverán a la autogestión editorial por concesión de la revolución del e-book, lo que deja la necesidad de un sello editorial a un segundo plano.

Gran parte de la literaria mundial y local, desde Shelley y William Blake hasta Balzac y los autores del Aguinaldo Puertorriqueño, se sostuvo siempre sin la ayuda del andamiaje editorial. En el mundo hispano, no fue hasta mediados del siglo XX cuando comienzan a surgir proyectos editoriales de amplio alcance. Con excepción, probablemente, de la escena editorial argentina, que surge en la última década del siglo XIX, y de la mejicana, donde destaca la editorial Porrúa, que surge en el 1900, la modernidad trae una visión conjunta donde el libro, según Pierre Bourdieu, es “objeto de doble faz, económica y symbolica” y a la vez “mercancía y significación”, que propone la tarea del editor como personaje doble, “que debe saber conciliar el arte y el dinero, el amor a la literatura y la búsqueda de beneficio”.

Claro, el e-book es, y seguirá siendo por un tiempo, un medio de coexistencia para la obra literaria. Los libros de papel aún prima en el prestigio y credibilidad de la obra de un autor, aunque puede que no por mucho tiempo.

Otras circunstancias guías que predominan anónimamente en la obra publicada –como la edición y la corrección, por ejemplo- no son prescindibles ni negociables, pero en una escena editorial como la de Puerto Rico, donde los puntos de venta de libros se reducen cada día más, la oportunidad de llegar a nuevos lectores se renueva.


Arte digital: Assembler, por Kosmur.


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