Bloomsday 2011






MAJESTUOSO, el orondo Buck Mulligan llegó por el hueco de la escalera, portando un cuenco lleno de espuma sobre el que un espejo y una navaja de afeitar se cruzaban. Un batín amarillo, desatado, se ondula- ba delicadamente a su espalda en el aire apacible de la mañana. Elevó el cuenco y entonó:
—Introibo ad altare Dei.

Así comienza el Ulises, de James Joyce, la novela del siglo XX, novela de reiterada importancia en la formación del más grande novelista puertorriqueño, José I. de Diego Padró, y cuya acción se desplaza a través de sus casi 700 páginas durante el 16 de junio de 1904.

Más específicamente, la narración inicia a las 8:15 a.m., cuando Stephen Dedalus observa a Buck Mulligan afeitarse mientras Leopoldo Bloom, judío pequeño burgués que trabaja como publicista y quien protagoniza la novela, habla con un gato. Es el famoso “Bloomsday”, homófono del vocablo ingles “Doomsday”, que es el día del juicio final.

Ulises se compone de 18 capítulos elaborados todos con acercamientos narrativos diversos, siendo el más protagónico y relevante el fluir de conciencia, que ha sido celebrado en el segmento final de la novela, conocido como el monólogo de Molly Bloom ("Penelope").

Durante todo el día de hoy, precisamente un 16 de junio, y por iniciativa del oficial de prensa de la NASA, Stephen Cole, Tweeter estará invadida por tweets del Ulises, que, para Cole es «destilar la realidad de prosa poética de Joyce en el mínimo espacio de texto posible haciendo justicia al libro».

Ulises, cuya estructura argumental desprende tanto de La Odisea como de Retrato del un artista adolescente (esta última del propio Joyce), es la novela acerca del regreso del héroe a su tierra –Dublín-, estremecida por la incertidumbre, la desestabilidad política y las luchas de poder. Excedente, totalitaria, inmensa, es una obra que pretende abarcar todo. Es la novela del desgaste de la modernidad, de la incertidumbre de las utopías y de la disolución del sujeto, temas todos reproducidos a través de la dialéctica que estable la novela con otros trabajos de la época, como lo es el Prufrock de Eliot, o Metropolis, de Upton Sinclair. 

Y resulta que la más literaria de todas las novelas posibles del siglo pasado también es la más política de todas: es una novela sobre las patrias devastadas y los chacales que rondan sus cuerpos.


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