Boricua en La Pampa: Piglia gana el Rómulo Gallegos




Ricardo Piglia acaba de ganar el XVII Premio Internacional de Novelas Rómulo Gallegos 2011 y la noticia me ha causado bastantes sentimientos narcisistas, porque el autor argentino es uno de esos escritores como los que uno quisiera ser cuando sea grande.

El premio en cuestión de Blanco nocturno, el trabajo que le ganó el premio, una obra de lectura irresistible, de esas que es difícil soltar, y donde, una vez más, el autor se vale de las técnicas de intriga policíaca y personajes desfamiliarizantes que atrapan al lector, como es el caso de tony Durán, un boricua que de algún modo parece un alienígena extraviado en La Pampa.

¿Boricuas en la Pampa? Bueno, hasta en la luna, ¿no? Pero no deja de hacer que uno se pregunte qué demonios hace por allá.

En Blanco nocturno, reaparece la figura de Emilio Renzi, alterego del propio Piglia, y que ha protagonizado varios trabajos del autor, desde el relato “La invasion” (1967) hasta Ciudad ausente (1992). Ahora toca a Renzi, un mero aprendiz de escritor, seguir el rastro del asesinato de Durán, un aventurero y un jugador profesional que “vio la oportunidad de ganar la apuesta máxima cuando tropezó con las hermanas Belladona", las gemelas con las que ha sostenido un triangulo sexual.

Según el fallo del jurado, Blanco nocturno “es una novela casi perfecta”. Con una voz que trasciende el estilo de un gran autor, se nos cuenta una historia de manera encantadora y con elegantes recursos narrativos”.

Entre las obras sobresalientes quedó otra obra de mi disfrute particular, que es Tres Ataúdes Blancos, de Antonio Ungar. Pero también quedaron en honrosa posición Lengua Madre, de María Teresa Andruetto; La Pieza de Fondo, de Eugenia Almeida; Lisboa: un Melodrama, de Leopoldo Brizuela; El Viajero del Siglo, de Andrés Neuman; y La Orfandad, de Sylvia Iparraguirre.

Mas, volviendo a Piglia, no queda duda que estamos ante una pluma magistral. Sus personajes transitan los umbrales y se distancian de ser didácticos o moralistas. Por ello, nunca están localizados en el terreno de la convención o la comodidad. Su creador los hace moverse por lo anecdótico, la fantasía y, claro, el relato policial, entre otras infusiones narrativas que alimentan y robustecen la rica prosa, elementos todos vistos por igual en Plata quemada (1997).

El jurado compuesto por los escritores Carmen Boullosa, de México, el colombiano William Ospina y el venezolano Freddy Castillo aludió a la ‘legión de devotos lectores’ que le sigue al autor argentino. A estos se le deben sumar centenares más.


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