El encantamiento de la maraca: en Otro Lunes



No hay bolero ni parranda sin maracas.
Las maracas, por medio de quien las manipula, tienen que sonar con la precisión de un metrónomo, como si el mero hecho de tenerlas en la mano confiriera al usuario la responsabilidad de determinar el tiempo.  Pero sobre todas las cosas, la maraca hoy día es símbolo de celebración. Es bachata, pachanga, vacilón, fiesta, jolgorio. Y todo eso es Maraca(Coffee House Press), la antología personal de Víctor Hernández Cruz que celebra diez años de su publicación, y en la que el poeta nos presenta un rito sagrado, un exorcismo, una celebración de la vida, o una aserción de una identidad que se desplaza en la multiplicidad.

La maraca es, por definición, un instrumento idiófono. Es una caja de música natural y cuyo sonido se produce por vibración del mismo cuerpo. Los sonidos se generan entrechocando sus partes, por punteo, por frotamiento o por percusión. La maraca es pluralidad dentro de la singularidad del cuerpo instrumental.

Cuerpo que hace música. La música del cuerpo.

Y al tratarse de un cuerpo poético, nada mejor que referirse a la poesía de Víctor Hernández Cruz.

El resto del escrito lo pueden seguir en Otro lunes: revista hispanoamericana de cultura.


Foto: "Maracas", de Brentus69.



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