Los poetas no mueren: asesinato de Facundo Cabral

Facundo


Asesinaron a Facundo Cabral, pero los buenos poetas no mueren ni pueden ser callados. La palabra resuena, vive, persevera. A escasas horas de salir el sol guatemalteco, un grupo de desconocidos, como las razones que tuvieron para el crimen, cegaron la vida del eterno contador de historias.

Cabral, el traductor del mundo, el cantautor de latinoamérica. El poeta. Bombero, bombero, yo quiero ser bombero, cantó muchas veces. Hoy murió en una estación de Bomberos Municipales.

 Su muerte es probablemente el suceso cultural internacional más desgarrador desde el asesinato de Federico García Lorca. Por supuesto que otros poetas y artistas han muerto desde entonces, pero pocos eran tan iluminados en alcance y sabiduría como Facundo, eterno errabundo. 

 «No soy de aquí, no soy de allá...no tengo edad ni porvenir/y ser feliz es mi color e identidad», fue el último estribillo que cantó ante un auditorio. 

  Aprendí que hay una sola religión: el Amor; hay un solo lenguaje: el del Corazón; hay una sola raza: la Humanidad. Amante de la humanidad, fue declarado Mensajero Mundial de la Paz de la Unesco en 1996. Dice mi hermana Rosie que no había sentido un dolor similar desde la muerte de John Lennon en 1980. Y tal vez tenga razón. 

 Una cosa es que los ídolos de uno -Janis Joplin, Jimmy Hendrix y o Jim Morrison- mueran por sobredosis, o que -como Kurt Cobain- se vuelen el velo de la boca, cúpula craneal y todo de un disparo, y otra es que venga alguien -sicario, fanático o ambas cosas- a cerrar la luz de un bardo. Amigo tanto de Madre Teresa de Calcuta como de Fidel Castro, de Jorge Luis Borges y Pablo Neruda,Cabral fue un prolífico artista que nunca quiso ser celebridad, aunque lo fuera. 

 «Muchas veces me dicen, maestro, cantautor, poeta, trovador, juglar y qué se yo cuántas cosas más», confesó hace unos años en una conferencia, para luego declara: «En cambio, yo me defino como un narrador de historias, viajes, sueños, pesadillas». 

 Y es verdad. 

  Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo

 Le seguiremos diciendo maestro, cantautor, poeta, trovador, juglar y qué se yo cuántas cosas más.


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