Los viajes de Ken Kesey (al fin) en filme

Kesey bus


Tras el éxito de One Flew Over the Cuckoo's Nest en 1963, y ante el advenimiento de una segunda publicación, Sometimes a Great Notion, en 1965 Ken Kesey compró un autobus escolar que llamó «Furthur», encargó que lo pintaran de colores psicodélicos y se abasteció de suficiente LSD para viajar de San Francisco a la Feria Mundial en Nueva York. Junto a Kesey, viajaría «The Merry Band of Pranksters», un colectivo de artistas y bohemios de la escena contracultural de los años '60, entre los que se contaban Jerry García (líder de The Grateful Dead), Allen Ginsberg y Neil Cassady. Jim Morrison subió y bajó del bus varias veces, también. Andy Warhol los celebró muchísimo. El viaje sería documentado en filme de 16mm como un legado a la posteridad, por si no sobrevivían la experiencia para poder contarla ellos mismos.

Mas el viaje se quedó en el otro «viaje».

Sobre cien horas de pietaje permanecieron por todo este tiempo olvidadas hasta que los herederos de la obra de Kesey aceptaron poner el filme en manos de Allison Elwood y Alex Gibney. Finalmente, el filme llegará al cine bajo el nombre de Magic Trip: Ken Kesey's Search for a Kool Place.

El hedonismo decadente de las giras de Kesey ha sido documentado legendariamente en los poemas de Ginsberg, en el nuevo periodismo de Hunter Thompson y en la novela de Tom Wolfe, The Electric Kool Aid Acid Test. El protagonista, por supuesto, es Kesey, junto a Neil Cassady, quien es el protagonista del On the Road de Kerouac.

Kesey tiene, sin duda, un gran impacto dos de mis trabajos narrativos. Historia de un dios pequeño, mi primera novela, se desarrolla en la mente de un paciente psiquiátrico y la misma fue modelada tras el concepto de la sociedad y el Estado como prisiones mentales, según visto en One Flew Over the Cuckoo's Nest, la obra que, en su adaptación para el cine, catapultara a Jack Nicholson a la fama en 1976.

Kesey escribió muchos de los pasajes de dicha novela durante su incursión en el Proyecto M-Kultra, bajo el cual tuvo oportunidad de trabajar en hospitales psiquiátricos, así como de someterse a los experimentos de Timothy Leary y la CIA en la búsqueda de una droga que controlara la mente. En la ficción de mi segunda novela, Gracia, ese mismo proyecto desarrolla una droga que, aludidamente, hace ver a Dios. Y como Kesey, siempre he pensado que toda esta fascinación con las drogas no es sino un pretexto para abandonar la vacuidad de la existencia presente, un designio que demarca el fracaso de la religión e irónicamente, se abre a la espiritualidad.

Pero ahora, ya nadie lo tendrá que contar. Podremos verlo nosotros mismos.


You may also like

Blog Archive