The First Cut is the Deepest: la deuda federal en Puerto Rico




Mientras en Puerto Rico la atención de los medios de comunicación discursaba sobre la llegada de la tormenta tropical Emily, en Washington D.C. azotaba un disturbio de mayores proporciones y de paupérrimas implicaciones: el aumento en el tope de la deuda federal de los Estados Unidos. El impacto es inminente para los dueños de préstamos hipotecarios, estudiantes de estudios graduados cobijados bajo los préstamos Stanford, las becas estudiantiles provistas por instituciones universitarias y varias operaciones de beneficio social, entre otros renglones de las dinámicas financieras de la llamada nación más poderosa del mundo.

La formula no es complicada en su relación causal: se eleva la deuda,  se reducen los gastos.

Y aquí es donde, como una gran nada, las prestaciones de servicio por parte del gobierno y las grandes ayudas sociales se verán en riesgo de reducciones extremas, quizá hasta de eliminarse. Con menos flujo del dólar, las ventanas crediticias comenzarán a cerrarse, será más difícil invertir y, en el proceso, las oportunidades de crear empleos se irán diluyendo. Con un alza en la taza de desempleos sin precedentes en la historia estadounidense, pocas compañías se aventurarán a expandir su plantilla, y quién sabe cuántas de ellas podrán continuar en funciones.

Stephen King no podría crear una historia de horror de tal magnitud.

«Que no quede duda», ha dicho el Premio Nobel de Economía y columnista del New York Times, Paul Krugman en un artículo reciente, «nos enfrentamos a una catástrofe en diversos niveles».

Los recortes proyectados, por supuesto, no tocarán la defensa nacional, sino que, en su defecto, arrasarán con los programas de bienestar social, en los cuales, por concesión del status quo que rige en Puerto Rico, nos veremos afectados.

En nuestro estado colonial, los principales partidos políticos existen dentro de un radio de acción circunscrito a las ayudas federales. Toda promesa electoral queda vinculada en algún grado a la capacidad de absorción de fondos tramitados desde la legislatura estadounidense. No hay renglón absoluto en nuestra infraestructura socio-política que no quede afectado por algún tipo de ayuda social proveniente de los Estados Unidos: las comunicaciones, los medios de transportación, la salud, la educación y la vivienda pública son algunos de los que pudiera mencionar. 

La economía para el 2012 no luce auspiciosa en ese sentido. Para los que asuman el poder en enero de 2013, una pesadilla. Puerto Rico, por tanto, será una operación muy costosa para los Estados Unidos de América. Cualquier opción de status político que nos aleje de la carga será vista con buenos ojos por los congresistas, pero eso es harina de otro costal.

Nos aventamos a la época del Estado en ruinas, una maquinaría tan monumental e inservible como ese complejo petroquímico abandonado en la costa de Peñuelas.

En fin, nos desgasta un Estado de gobierno donde carecemos de proyecto de país autosustentable. De no surgir propuestas reparadoras del daño, nos esperan tiempos borrascosos, peor de lo que cualquier tormenta tropical pueda presagiar. 


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