Carnaval: los juglares de la web, según El Vocero



El periódico El Vocero de Puerto Rico, tras la pluma de Lynet Santiago, publica hoy un reportaje en siete cantos (“cantos” como en emisión de sonidos melódicos, no como en “pedazos”) titulado “Juglares de nuestros tiempos”. 

Los reseñados son Emmanuel Serrano Hernández: El ‘malo’ de la película ; Josué ‘Jay’ Fonseca: No es tanta la ‘Furia’; Esoeztv: Irreverencia sin límites; Michael David Castro Collazo: Diatriba a la quinta potencia; Ángel R. González y Gabriel Lugo: Humor a propósito; Christian Ortega: Con la cabeza en su sitio; y un servidor, Elidio La Torre Lagares: promotor del parnaso virtual.

El montaje, muy bien orquestado, apunta a una sola cosa: el matrimonio definitivo entre las redes sociales y los medios tradicionales de información en un acto festivo y carnavalesco. Es, por tanto, una manifestación política, si por acto político tomamos cualquier acción que tenga impacto de transformación social.

“Al igual que con el surgimiento del libro, la prensa escrita, la radio, el cine y la televisión; la Internet y las redes sociales cuentan con voces protagónicas, sólo que en este caso se rompe la hegemonía del poder vertical. La comunicación en la red es viral”, escribe
 @lyneteonline.

La muestra particular que recoge @VoceroPR nos dice que el medio tiene el oído abierto y los ojos en la pantalla del Internet, esa extensión espacial donde las identidades confluyen, se unen, se disocian y terminan disolviéndose en una.

Esto tiene implicaciones serias: el periodismo, la literatura, el comentario social, entre otras formas de libertad de expresión, han encontrado una geografía única ante la reducción de otros ámbitos de expresión cultural.

Para los puristas, pues no queda mucha salida: el travestismo (crear personajes tras los cuales escribir), la parodia y la sátira son recursos literarios, y son la tela inherente de mucha de nuestra literatura puertorriqueña. Por ejemplo, como olvidar las “Coplas del Jíbaro” (1820) del arecibeño Miguel Cabrera, donde, además de satirizar y denunciar la situación social del país, se eleva el habla cotidiana a categoría literaria, un precedente que culminaría años después con El Gíbaro, de Manuel Alonso.  

Lo que nos lleva a otro punto interesante de argumentación: la cultura puertorriqueña comienza a hacerse de su propia territorialidad en los medios cibernéticos, con su propio lenguaje y, sobre todo, con otros actores que interceden en la reversión del orden.


Highlight: en mi caricatura, realizada por @jozterra, aparezco hasta con Correr tras el viento en las manos.


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