Distopía boricua: el amplio agujero de la madriguera



Renegar del espíritu es una de las más sofocantes muestras de apaciguamiento ideológico, en tanto espíritu es esa alquimia intangible que concurre en nuestra vida interior. Allí, donde no somos cuerpo.  De ahí que la coyuntura conflictiva de las novelas distópicas -1984 y Brave New World, por mencionar dos ejemplos-, además de presentarnos personajes en tensión con una realidad exterior también se encuentra en la lucha por el reconocimiento de emociones en los individuos.

Convertidos en una ficción distópica, los constructos sociales en Puerto Rico han saturado nuestra cultura contemporánea al punto erosionar el deseo de resistencia hacia la disolución del sujeto. 


La noción de irreparabilidad parece dominar el sentido común en una sociedad donde, muy a pesar de los mecanismos democráticos con los cuales es facultada para ejercer cambios, se desmerece a sí misma en la complacencia y el la inercia. 


La catástrofe social es reconocida, mas, como si fuera un exceso material que no sabemos dónde colocar o qué hacer con él, es colocada en una esquina de la casa mientras vemos la tele y tomamos cerveza.

De un artículo de Bruce Levine para Alternet, sustraigo las razones por las cuales las generaciones más jóvenes se mecen con complacencia presente ante el paso de la historia que les escriben, actitud que responde a los siguientes determinadores sociales, los cuales he adaptado a la realidad puertorriqueña:

1. La deuda universitaria. La fuerza primordial para la liberación de las mentes es, como quiera que lo veamos, la educación. Y sin embargo, nuestra juventud universitaria se ve obligada, cada día con mayor insistencia, a endeudarse para poder estudiar. La estrategia es clara: al terminar la carrera, y con el préstamo en las costillas, el nuevo asalariado se verá en necesidad de obedecer la autoridad y la jerarquía laboral para conservar su empleo y poder repagar la deuda contraída.

2. Los problemas de aprendizaje. De los padecimientos de mayor diagnóstico en nuestra escuelas se encuentran la hiperactividad, déficit de atención y el autismo. Los tres desórdenes son medicados fuertemente. Las cifras crecen. Pareciera que cualquier niño o niña que no se adapte a las reglas prescritas, merece ser dosificado/a.

3. El culto a la cultura de la estupidez. Por supuesto, lo nimio, lo poco retador, lo de comprensión fácil ha sido empacado y representado por un nuevo actante que es mezcal de bufón y de héroe: el morón. Puede ser un chico o chica, y la exaltación de su figura representa una reivindicación de un mensaje único: ser estúpido es cool, según visto en programas de Disney, Nick y algunas comedias de la televisión local.

4. Testing, testing, 1,2,3. Las pruebas como las “Pruebas Puertorriqueñas” y los programas “No Child Left Behind” recurren a la psicología métrica y a la estandarización del conocimiento y de la manera en que los niños aprenden. Son una buena manera para descalificar ciudadanos a tiempo y distraerlos del éxito por un método elemental: embrutecer a los niños.

5. Big Brother Is Still Watching You. La normalización de la vigilancia, mejor ejemplificado en la reciente medida de implantar un “Toque de queda” en Puerto Rico como remedio a la criminalidad, la cual nos tiene con cámaras de seguridad por todas partes, inclusive, en plena calle cuando salimos a distraernos. Y ni hablemos de los GPS que ya son parte de nuestros teléfonos móviles, los cuales son casi una extensión de nosotros mismos.

6. Esta es la era de la imagen; leer hace pensar. Tanto la televisión como la cultura de la imagen son dos constructos para llevarnos a pensar que, en efecto, no nos interesa leer, que hay una manera más fácil de absorber la información (fíjese que dije información, y no conocimiento) y que por ello los medios informativos deben ser lo más conciso y breve posible, sin posibilidad de profundidad ni de ser profundizado.

7. El fundamentalismo, tanto religioso como consumista. La presente sociedad que reclama un regreso a los valores cristianos y principios buenos del capitalismo ha creado una nueva sepa de individuos dependientes de realidades exteriores para justificar su existencia. La gente no es sin el Dios que castiga, y no se encuentran si no se representan en la adquisición desmedida de objetos que vienen destinados a proveer satisfacción efímera y reafirmación de la personalidad.

8. Es estúpido ser inteligente. La burla al que tiene educación amplia a la vez que se condena al que carece de escolaridad. Si bien al primero se trata de snub, nerd, estofón o cualquier otra palabra que lo pinte con una capacidad intelectual mayor, el segundo entonces es el perdedor, el loser, y por tanto, no compone presencia alguna en la sociedad.

Y, por supuesto, una gran cantidad de gente leerá este artículo y, por alguna de las razones anteriormente expuestas, lo despacharan como teoría de conspiración, algo difícil de comprender, o alguna otra razón que lo despache al olvido. 

En todo caso, un modo más de complacencia.



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