Leer poesía desnuda (en serio, es leer sin ropa)



Un sábado por la noche. Un club acogedor. Luces a medias. Tempranillo en copa. Unas tapas. Y una lectura poética. Por supuesto, esto no timbra como la juerga convencional, y una invitación así podría tener, entre los no iniciados, repercusiones serias en futuros corrillos, hasta el momento que uno revela que la lectura poética incluye mujeres desnudas. 

Una vagancia de palabra precede a la reacción, que se da como un tartamudeo lento. ¿Desnudas? Sí. ¿Bailan en tubo? No. ¿Es pornográfico? Maybe; no si lo miras como una forma de arte oral.

Por arte oral, me refiero a la lectura.

La literatura –leerla y consumirla- es tan necesaria para los seres humanos que a veces ni nos damos cuenta que ese es el estado natural de la existencia. Claro que en cualquier caso donde medie el lenguaje pues no queda naturalidad, sino impostura, mediación y metáfora, pero, ¿qué hay de la experiencia poética que encierra un estímulo y que se convertirá en deseo antes de ser palabra? 

Pues al grupo Naked Girls Reading le ha parecido que una manera natural de promover la apreciación por la poesía y la literatura es exhibiéndose entre versos desnudos. Por desnudos quiero decir precisamente eso: destapas y sin medias; buck naked; como llegamos al mundo; o, por usar la expresión esférica, "en pelotas". 

Neo-burlesco por un lado y teátrico por el otro –las mejores cosas de la vida vienen en pares-, Michel L’Amour creó el grupo en Chicago para el 2009 y desde entonces su vida ha sido todo espectáculo. O mejor: espectacular.

Las Naked Girls Reading son cuatro, como los puntos cardinales: Emerald Fontaine, Rubyyy Jones, Tallulah Tempest y Sophia St Villie. Los nombres casi suenan a mujeres de armas tomadas en alguna taverna, pero es parte de la poesía.

Hoy día, las chicas, que ya son internacionales, han logrado despertar una nueva excitación por la literatura. Y por otros artes también, como el del cuerpo desnudo, por ejemplo.

Cultura y belleza al servicio de un placer que precede a lo físico. ¿Qué más se puede pedir, cuando el cerebro es el órgano erótico más fascinante? Cerebros y cerebritos.

¡Ah, que Shakespeare, Oscar Wilde y Virgina Woolf de pronto encuentran nuevos fanáticos de sus obras! Es como redescubrir una pasión cubierta de polvo.

Por polvo me refiero a la acumulación de… okay, whatever.

Volviendo a las chicas que leen desnudas, recientemente solicitaron material original para ser considerado en sus lecturas, lo que abre la concha con nuevas posibilidades.

Lo de concha es una metáfora.

Lo curioso es que pocas voces se han manifestado en contra del espectáculo, que sienta bien tanto al que gusta de la literatura como al ligón o ligona promedio que sólo va por voyerismo.

La propuesta de alcoba sería, ya que aquí copiamos todo, montar un espectáculo similar en Puerto Rico, que de seguro duraría uno o dos fines de semana, antes que algún grupo fundamentalista cristiano proteste o que maten a alguien en plena función.

Aún así, merece el riesgo. Como un bien cultural, ¿no? Y por amor a la literatura, digo…


(Algunos videos de las chicas los pueden ver aquí.)


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