Literabol



El béisbol parece de vuelta, si es que alguna vez se ha ido de la sala de mi casa. 

Desde aquellos días de niño en que yo imaginaba que algún día sería jugador de pelota, solo queda el entusiasmo de ver un final de temporada épico como el ocurrido anoche en las Grandes Ligas, cuando, con menos de cinco minutos de diferencia entre un juego y otro, los Orioles dejaron en terreno de juego a los Red Sox y los Rays hicieron lo mismo con los Yankees. Pese a que estos últimos son mi equipo, la derrota fue dulce al saber que los Red Sox –archienemigos clásicos de los niuyorquinos- quedaban fuera de toda contención de campeonato.

Puro drama. 

Ya lo dijo John Updike: el béisbol es la única aportación intelectual de los norteamericanos.

Mas, ¿quién podrá contradecir que el béisbol es el más literario de los deportes?

Tanto que el béisbol ha aportado a nuestro refranero: te cogieron "fuera de base", estás "ponchao", eso fue un "jonrón", está "pichando", me tiene "en tres y dos", y "botó la bola", entre otros. Sí, que sí. Pura poesía. 

Ningún otro trabajo literario supera a lo que August Wilson lograra con su obra teatral Fences, en la que el autor se asegura que la pieza transcurra en dos actos y nueve escenas. Como un juego de béisbol, cada escena corresponde a las nueve entradas reglamentarias para el juego de béisbol. El título es alusivo al momento sublime del deporte: batear la bola más allá de los límites del campo de juego, que queda delimitado por la verja de los jardínes. El protagonista Troy Maxon es un jugador frustrado de béisbol que vive esperando batear “el home run de su vida”, una metáfora auto-explicativa para los conocedores. Maxon, en la obra, es admirador de Roberto Clemente.

Fences es una obra maestra: las nueve escenas también representan los nuevo versos de una composición blues. Así, el tema del Acto I, Escena 1 reverbera en el Acto II, Escena I, y así sucesivamente, evocando una rima. Los personajes repiten frases y actitudes, patrones y tradiciones, rememorando el origen propio del género musical y su importancia en la conciencia afro-americana.

Otros escritores de mi preferencia han incorporado homenajes, alusiones y hasta escenas donde el béisbol es relevante. Paul Auster, por ejemplo, no sólo hace patente su pasión por el juego en sus novelas, sino que a finales de los ’70 –cuando no era todavía Paul Auster-, publicó un thriller beisbolero titulado Squeeze Play, aunque lo hizo bajo el seudónimo de Paul Benjamin. Mas Auster es fanático de los Mets.

Don Delillo inicia su clásico Underworld el 3 de octubre de 1951 en un juego de los New York Giants y los Brooklyn Dodgers en el Polo Grounds. (El prólogo nada más, Pafko at the Wall, cobró fama independiente a la aclamada novela). Pero la trama gira en torno a la bola que Bobby Thomson bateara de cuadrangular para darle la victoria a Los Dodgers. La bola nunca se encontró. Para efectos de la ficción de Delillo, en medio de la euforia celebratoria, un niño llamado Cotter Martin pelea por la pelota, la lleva a su casa, y luego su padre la vende. El drama comienza.

En Puerto Rico, Edgardo Rodríguez Juliá escribió sus crónicas sobre el béisbol tituladas Peloteros, donde por el autor contrapone la circunstancia difícil de la identidad puertorriqueña a mediados de siglo XX a la época gloriosa de este deporte en Puerto Rico, cuando los logros representados por sus más excelsos jugadores, como Orlando Cepeda y Roberto Clemente, y los domingos gloriosos en el Sixto Escobar, eran parte de la conciencia puertorriqueña.

Pero el béisbol es una de esas cosas cuya erosión como deporte hemos atestiguado. Sin duda, ha cedido su sitial preferente para convertirse en un deporte secundario, pese a los triunfos que nos han dado Clemente, Cepeda, Roberto Alomar, Bernie Williams y Jorge Posada, entre muchos.

Y sin embargo, lo que una vez fue nuestro deporte nacional, ha sido sustituido por el baloncesto, prueba de que las tradiciones, como los gustos, no son fijos, sino que cambian.

Como en Peloteros, la época romántica del béisbol en Puerto Rico estaba enlazada a la promesa de país. Hoy día, ambos son fantasmas rondando la memoria.

Excepto en octubre. 


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