Nevermind: 20 años de Nirvana



John Lucas dice que los siglos cronológicos no necesariamente se incorporan a los históricos. Es decir, la época victoriana del siglo XIX culminó con la primera guerra mundial durante la segunda década del siglo XX. El siglo XXI, agrega el historiador, inició con la caída del Muro de Berlín. En la misma línea, podemos decir, a veinte años de su lanzamiento, que el insigne álbum Nevermind del grupo de rock Nirvana marcó el fin de los fastuosos ochentas.

Con el lanzamiento, Nirvana -Curt Cobain (guitarra y voz), Kris Novoselic (bajo) y Dave Grohl (baterista, hoy cantante de los Foo Fighters)- prendió en fuego las hombreras, las medias termales, los aretes gigantes en las orejas y los pelos abultados; llegó la camiseta desgastada XXXL, los jackets de calistenia, los aretes en cualquier otra parte que no fueran las orejas y el pelo al natural. Fuimos de lo fastuoso y stylish a lo simplemente rebelde y grunge

Atrás quedaron las canciones dominadas por sintetizadores y producidas con todo el arsenal de trucos de estudio; llegó el sonido Seattle, que buscaba sonar crudo y estridente, tal como sonaría en directo. De una sola vuelta de la circunferencia de un nuevo medio -el disco compacto-, Nirvana enterró el hair metal, el synth pop y el rock británico.

Y todo gracias a un disco particular que, aunque no fue el iniciador de la tendencia, sí se convirtió en el epítome de los nuevos tiempos.  

Si los ochentas fueron el exceso y el triunfo del capitalismo, los noventas iniciaron con las manifestaciones radicales en contra del neoliberalismo que comenzaba entonces con ímpetu, el inicio de nuestra presente crisis. El espíritu del grunge capturaba una regresión al punk rock de los ‘70, a la poesía Beat y el culto a Noam Chomsky. Yes, reality bites.

Cobain, poeta admitido, alcanzó el aura de un Jim Morrison o un John Lennon. Días antes de cometer el suicidio que acabara con su vida y con el rock (ante su vacío, lo más rebelde disponible era el Gangsta Rap), Cobain visitó al escritor William Burroughs en búsqueda de sabiduría. Burroughs, como se sabe, fue un adicto a la heroína gran parte de su vida y era conocido como “The Priest”, el que sabía todo de la vida y la muerte, porque había estado en ambas orillas.  Un viernes de abril, el mes más cruel, Cobain se quitó la vida.

Lo curioso es que, admitidamente por el propio Cobain, Nirvana era una banda pop convencional  con un sonido no convencional. El álbum que mayor influencia tuvo en la confección de las canciones de Nevermind no es St. Pepper’s Lonely Heart Club Band; es Meet The Beatles.

Y, pues, para los que les interesan los juegos crípticos, Nevermind y Nirvana corren de fondo en mi reciente novela, Correr tras el viento, cuyo subtítulo, Nirvana de chocolate, un violín y una mujer, no es gratuito. Igualmente, en un poema mío titulado “La caída del cielo”, uno de sus fragmentos es un refraseo del coro que dice “Here we are now, entertain us”, de “Smells Like Teen Spirit”.

Ahora, ¿cómo se adentra uno en el otro?

Eso, lo dejo para que lo descubran. Lo que queda claro es que Nevermind señala un momento en la historia del rock'n'roll. Y también es la caída de las utopías. 


Más sobre los 20 años del grunge, pueden leerlo de la pluma de Edmundo Paz Soldán al pulsar aquí



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