Rescate 15.10.11


Saberse hoy 15 de octubre, lo primero que resalta en los medios es el reclamo, de América a Asia y de África a Europa, por el respeto a los derechos y por una democracia real, en una protesta global y no violenta, como reclaman los organizadores de la iniciativa política que originara en España el 15 de mayo de 2001, y conocido como el 15M. El llamado “movimiento de los indignados” se esparció eficientemente hasta llegar al corazón del imperio: Wall Street. De ahí el Occupy Wall Street. Y de ahí, Occupy Puerto Rico.

Parecería lo mismo, pero el portavoz del grupo Antonio Reyes, expresó a El Nuevo Día que Occupy Puerto Rico “es una extensión de lo que está ocurriendo en Estados Unidos; sin embargo, el contexto en Puerto Rico es diferente, puede haber denomidadores comunes, pero la forma en que se tomará acción en la Isla será diferente”.
Diferente. No igual. ¿Cuán diferente?

Acaso, me atrofia el rezago. ¿No era la idea un movimiento de pueblo contra la estructura del poder, los bancos y grandes corporaciones que la controlan?



Bueno, pero de las circunstancias políticas y económicas que nos traspasan el pecho, el consenso es casi unánime y los dedos apuntan todos en la misma dirección hacia las prácticas neoliberales del capital de los países que hoy se indignan masivamente.

Por supuesto, en Wall Street ocuparon la calle, porque, como hipónimo de las riquezas del mundo, también ha pasado a ser sinónimo del desastre económico que nos asfixia a inicios del siglo XXI. Es un claro establecimiento de una relación simbiótica donde el capitalismo se ha apoderado de la democracia. Le ha puesto un precio. Pero, en palabras de Naomi Klein, quien atestiguara y documentara en su libro Vallas y Ventanas los eventos precedentes al desequilibrio actual, “uno no puede vender la idea de democracia ni la de libertad”. El 15M intenta recuperar esos dos conceptos, no sustituirlos, por medio de la multiplicidad, la reverberación de un mensaje a través de las demarcaciones geográficas y culturales, que es la aceptación de la diversidad dentro de una unidad. El 15M vislumbra rescatar la democracia y separarla de su sistema parasitario, el capitalismo.

Es error consecuente hablar de uno y pensar en el otro, como caras de una misma moneda.

No obstante, en Puerto Rico hemos fisicalizado nuestra frustración en un solo espacio, que es San Juan, en lo que tal vez sea un eco de aquella construcción colonial que trata a la capital como si fuera todo el país (de ahí salen prejuicios como la distinción entre ser de San Juan y ser “de la isla”, como yo). Hemos vaciado toda la causa de nuestros males en un brevísimo recorrido estriado que demarca la zona conocida como la Milla de Oro.
Los problemas en Puerto Rico tienen mayor extensión que eso. Recorren kilómetros y kilómetros a través de la historia.

El denominar Occupy Puerto Rico a una protesta que se restringe espacialmente descalifica, al menos como nomenclatura, a otras ocupaciones potenciales en los restantes 77 pueblos y ciudades. Y es más: los deja sin voz, de la misma manera que el gobernador se levanta en pseudo-oratoria a hablar por el “pueblo de Puerto Rico”.

¿Por qué no varios “occupy” en lugar de uno? ¿Por qué no Occupy Ponce, que ha sido devastado por el desempleo más que ninguna otra ciudad? ¿Por qué no Occupy Adjuntas, Las Marías o Moca, pueblos casi en bancarrota? ¿Por qué no Occupy Vieques, que a la salida de la Marina le han dejado en el olvido?

La incidente costumbre de homogeneizar la experiencia lleva a imponer una realidad de manera totalitaria y uniforme. Por supuesto, estas cosas no suceden siempre de manera consciente: es como nos han construido y no sabemos pensar de otra manera y hacer las cosas de otro modo.

La desgracia de toda esta ambivalencia, para los puertorriqueños, tiene un origen de signo mayor: el dólar.

Sin él, no ocurre nada en el país; con él, tampoco. La modernidad puertorriqueña se erigió bajo esa moneda y no tenemos otredad de rúbrica sobre la cual medir nuestra debacle y, sobre todo, el alcance de las opciones.

Como soluciones, he escuchado eso de atraer el capital extranjero como primera opción para hacer que nuestro barco tome rumbo (va a la deriva desde Pedreira en los ’30), pero, ¿no es ese el mal del capitalismo globalizador? ¿El futuro de muchos en manos de unos pocos? Además, en Puerto Rico se divisa en dólares, algo muy oneroso para los intereses multinacionales, cuando existe República Dominicana, Costa Rica e India.

La otra ruta es motivar el capital local. Y la pregunta es: ¿Cuál? Si los capitalistas locales defienden sus dólares protegidos por el Federal Deposit Insurance Corporation y atienden un interés interdependiente con poderes económicos del exterior.

Concurrimos, frecuentemente, en confundir la transitoriedad de las fuentes de poder con una metafísica permanente de las necesidades. Es decir, siempre tendremos necesidades, y simplemente vemos la solución en las fuentes de poder presentes. Pero igua se trata que Zizek tenga razón y que tengamos que adscribirnos a la doctrina TINA (There Is No Alternative).

Aún en la protesta del Occupy Puerto Rico, habrá quien venda agua comprada en Walmart, o embotellada por Coca Cola Bottling Company, o importada desde los Alpes suizos. 
Y la compraremos. A dólar la botella. 

Alguien me escribió por Twitter (servido por alguna compañía multinacional de telecomunicaciones) y me dijo: "Esos no son capitalistas; se buscan el peso". 

No, no es el puño; es la mano cerrada. 




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