ASU



Sabemos, por McLuhan, que la sociedad primitiva, aquella antes de la invención del lenguaje escrito, primaba el sentido aural sobre cualquier otro. Sobre esto, el escritor Félix Jiménez tiene un excelente texto que me ha dejado ver y que dará a los dígitos muy pronto, y donde se remite a un principio fundacional de la evolución de la comunicación: el lenguaje, antes de leerse, se escuchaba. Mas, cuando el signo se hizo impreso, el énfasis se desplazó del oído a los ojos: el lenguaje pasó a ser “visto” como grafía. Las sociedades, entonces, se comenzaron a dividir entre “los letrados” y sus antónimos. Surgió así una primera incisión en la estructura social de las comunidades la cual, todavía en pleno siglo XXI, no se ha superado: la del analfabetismo.

Ahora que los libros entran en su evolución hacia una nueva fase de producción, nos enfrentamos a un dilema similar, pues con la llegada de los textos digitales se subraya una nueva separación entre los ciudadanos de la tierra, que es un nuevo modo de analfabetismo: el tecnológico.

En Puerto Rico, el tema es sustantivo. No sólo el analfabetismo tradicional alcanza un diez por ciento, sino que menos de la mitad de la población tiene acceso a las computadoras y, por ende, a Internet.

La crisis en la que se inscribe este nuevo analfabetismo tecnológico, es que afecta a cualquier clase social, puesto que se refiere en gran medida al reino de lo aptitudinal, y no al poder económico, aunque no es menos cierto que una persona con dinero queda en mejor posición de exponerse a los nuevos medios.

Como expuse en una charla en la Universidad del Sagrado Corazón durante el marzo pasado, la manera en que adquirimos el conocimiento, lo producimos y lo consumimos en el siglo XXI ha cambiado vertiginosamente. La transición, no empero, ha sido simple: lo que realmente se ha transformado es el contenedor -el medio- y no el contenido -la expresión de la realidad que percibimos-. En admisión plena de este razonamiento -una reversión de McLuhan-, la caída de los medios convencionales de masificación de textos y la proliferación de los textos digitales no me alarma para nada.

Precisamente, hoy, en su cuenta de Twitter, el escritor mexicano Jorge Volpi nos ha proporcionado hoy un decálogo profético del nuevo consumismo informático, y donde ha expuesto que «…esto apenas empieza y no tardara en llegar al orbe hispánico como (un) tsunami. El nuevo consumo cultural».

Las fichas avanzan. Ha escrito @jvolpi:


«1. Primero desaparecerán las grandes tiendas de libros y discos, los grandes periódicos en papel, después los libros en papel.


2. Puede dar nostalgia pero nada que lamentar: quedarán las obras y la posibilidad, si lo hacemos bien, de que sean más accesibles para todos.


3. Durante un buen tiempo quedarán los buenos pequeños libreros, las tiendas vintage, los periódicos municipales: la cercanía del vendedor.


4. Nosotros, los usuarios, debemos configurar ese nuevo mundo cultural en la red antes de que lo hagan los grandes grupos empresariales.


5. A nuestra generación le corresponde modelar este cambio: una gran oportunidad y un desafío, también una batalla.


6. El futuro de la cultura depende de las reglas que ahora imaginemos: cambiarán derechos de autor y regalías, la propiedad intellectual.


7. Imperativo buscar el equilibrio entre una sociedad del conocimiento (y la cultura) abierto, como prioridad, y los derechos de los autores.


8. Como ha dicho Consuelo Saizar, desaparecerán las bibliotecas personales, y la biblioteca será una distribuidora virtual de contenidos (temporales). 9. Un mundo de pantallas, de todos los tamaños, para leer, ver videos, jugar, interactuar con los demás: si les asusta, ya están allí.


10. ¿Nostálgicos de los libros en papel? De seguro había gente como nosotros, en el siglo XVII; que lamentaba el fin de los manuscritos...»


Es en este último inciso donde se enlazan nuestros respectivos pareceres, pues de seguro antes debió existir gente que se opuso a grafiar lo que le era de suma facilidad escuchar y luego articular en sonido sin imagen.

Jaque.

Siempre son varias las maneras en que se rompe la galleta.


Imagen: trujillonew.blogspot.com
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Cuando la cadena de librerías Borders celebró la apertura de su primera megatienda bilingüe en febrero del 2000, el mercado de libros en Puerto Rico era una empresa de 30 millones de dólares anuales, robustecido por un tráfico de 22 millones de dólares generados por el mercado de libros de texto. Apenas ayer, la tienda anunció su cierre definitivo, tras perdidas sustanciales que alcanzan los 168 millones de dólares a nivel de Estados Unidos, creando un hoyo negro de pérdidas que se traga cualquier margen de ganancias que haya podido generar Puerto Rico. Con la partida de Borders, se va la columna vertebral del mercado de libros en Puerto Rico, pero quedan derrocados una serie de mitos en torno al mundo del libro.

Para los que ya estábamos establecidos en el mundo del libro entonces, la llegada de la megatienda fue recibida con escepticismo. El concepto de librería en Puerto Rico persistía en la creencia de que las tiendas de libros eran locales modestos, de una clientela fija y exigente en la búsqueda de sus lecturas. Una librería no podía ser un supermercado de libros, como originalmente se etiquetó a Borders, y por ello la megatienda que nunca funcionaría en Puerto Rico. A la misma vez, irónicamente, y como si se tratara de un entramado subyacente en el filme You Got Mail, el augurio para las librerías pequeñas fue que desaparecerían.

Nada menos lejos de la realidad.

Por un lado, The Book Shop y Thekes, entre otros, desaparecieron del panorama. Pero, por otra parte, el circuito libresco en la ciudad universitaria de Río Piedras se fortaleció. Lo que alcanzó Borders, de inmediato, fue acaparar el mercado de fondo general de libros.

Pero Borders cavó su propia fosa. Tres errores fundamentales provocaron su caída: la expansión más allá de su mercado natural doméstico (tiendas en Australia, Nueva Zelanda y Singapur resultaron en mala política expansionista), la renuencia a incorporarse a las ventas por Internet (primero se aliaron a Amazon, y cuando decidieron abrir su propia tienda, ya Amazon era inalcanzable) y la incursión al mercado de libros electrónicos (la propia némesis de los libros de papel). En fin, malas decisiones administrativas.

Después de esto, Borders, no obstante, nos deja varias lecciones:
1. Donde hay libros, debe haber café
De Borders aprendimos que la lectura y el café van de la mano. Recuerdo que durante los primeros meses, el Borders Café en Plaza Las Américas hasta vendía cerveza y vino, lo que del saque le ganó el primer lugar en ventas entre todas las sucursales durante el primer trimestre. Only in Puerto Rico. Obviamente, intervenciones gubernamentales y oficiales hicieron que Borders abandonara la práctica. Pero la gente no dejó de ir al café por ello. Descubrir el café en una librería fue tan revolucionario como el invento de la imprenta misma.

2. Los libros son un producto cultural
Los libros, como la cultura, se producen y se consumen. No se regalan. Se compran como artículos de lujo -la canasta básica del puertorriqueño no incluye un libro- y, por tanto, se acceden a través de aquellos que tienen el poder adquisitivo. Además de los famosos descuentos del 30 y 20 por ciento, el público lector comprador de libros probó ser necesariamente educado, profesional y, generalmente, bilingüe. El dilema de la clase media, sin duda: ¿por qué leer a Poe en español por $27.99 si se puede leer en su original inglés a $7.99? Originalmente, la presencia de libros en inglés en Borders de Plaza Las Américas era de un 80 por ciento en inglés, aunque paulatinamente la relación entre libros en inglés y libros en español se convirtió en 60-40.

3. Los niños gustan de los libros
Conozco de buena tinta que si hubo una sección que siempre tuvo pérdidas fue la sección de niños en Borders. Mas, era la sección más frecuentada. De hecho, mi hija desarrolló su amor a los libros en el rincón de literatura infantil que habita tienda. Y allí tuve la oportunidad de experimentar, así, en primera persona, la manera en que el amor por los libros se inculca y nace desde pequeños. Ninguna otra librería en Puerto Rico dedica tantos estantes a la literatura para niños.

4. No todo el mundo lee Guerra y Paz
Borders cerró sus tiendas de Mayagüez y Carolina antes que la de San Juan. Esas tiendas arrojaron números en pérdidas, contrario a la sucursal de Plaza Las Américas. Deducción: el país no está uniformado en sus hábitos lectores. Pero de la parte positiva, entonces el asunto es que en Borders de Plaza Las Américas se encontró otro tipo de lector, más dado a la literatura variada: el chic's lit, la autoayuda, los libros especializados y, muy especialmente, a la literatura esotérica. Creo que Borders era el único lugar en Puerto Rico donde se podía obtener el Necromicón, o la Biblia Satánica, y Yo Visité Ganimedes.

A todo esto, Borders vendía más que libros, música y videos: cerca de 100,000 clientes mensuales iban allí para obtener una experiencia de placer.

Lo sostengo: Borders dejará inoperantes a muchas editoriales y profesionales del libro. Si una vez comenzaron a proliferar los proyectos editoriales, preveo una reducción de estos renglones, al menos en su forma tradicional de libro impreso en papel, pues, como mal necesario, lo que una vez fue un nefasto precedente para la industria del libro, hoy es un ámbito que se pierde como espacio de expansión cultural y, sobre todo, como punto de ventas.

Próxima parada: el libro electrónico. Sin embargo, ello desvelará el nuevo analfabetismo: la carencia de acceso a los medios computarizados. Y de esto les hablaré más adelante.
ENSAYO DEL VUELO COVER 2


Un poemario perdido y que, gracias a la apertura del libro electrónico, ha visto luz finalmente. Se trata de Ensayo del vuelo, Premio Julio de Burgos de poesía, y que se puede obtener a través de Amazon.com.

Del Laudo del Jurado, les dejo con un extracto:

Ensayo del vuelo, que elegimos como Premio Julia de Burgos, es un poemario digno de publicación. Magnífico, maduro, coherente, es la obra de un poeta culto (o una poeta culta), que no sólo evidencia la gran comodidad que le da el dominio del lenguaje, sino lecturas importantes tanto en el campo de la literatura como en el de la ciencia. Sus versos fluyen como un río, desnudos de retórica. Al mismo tiempo nos sorprenden con imágenes insólitas. Vale apuntar a otro acierto del poemario en cuestión: la levedad del vuelo se metaforiza a nivel gráfico en sus cortísimos versos.

El hilo conductor del poemario es precisamente el vuelo, que en su sentido literal apunta al milagro emblemático de la modernidad, la aviación, pero que en su sentido connotado sugiere el fenómeno poético. De ahí que estemos ante un texto autorreferencial, que propone que las palabras son plumaje sobre el papel, que los versos son las alas y que la poesía, en sí misma, es el vuelo. Calificar como ensayo a dicho vuelo, sugiere que estas palabras aluden al acto creador, a un intento de despegar cuyo éxito es siempre dudoso. Nuestra lectura del vuelo como metáfora de la creación artística se ve avalada con unos versos de “Apolo 8”, que sugieren un homenaje oblicuo al mural de Miguel Angel sobre la creación del hombre en la Capilla Sixtina. Citamos los versos en cuestión, apuntando de entrada que en la alusión al dedo pulgar reside la referencia al maestro de la pintura y la escultura renacentistas:

a falta
de técnicas
de medición
más precisas,
el astronauta
levantó su dedo pulgar
y lo fijó en la ventana

la nave,
en su elíptica,
emergía
entre la totalidad sorda

del lado oscuro
de la luna
en el horizonte,
una canica azul
amanecía

frágil
solitaria

danzaba en torno
a su propio centro

a su alrededor,
cantaba el silencio

y tras el dedo pulgar,
un botón de planeta
le revelaba al astronauta
toda la grandeza
de nuestra minucia

Con este poemario, su autor o autora se inserta en una tradición milenaria que identifica la poesía con el vuelo, y que se remonta al mundo clásico, en el que gozaba de tanto favor el tópico de las "palabras aladas" de la Odisea de Homero. De frase formularia devendría en metáfora para la poesía en los versos de Horacio, en el poema “A Mecenas”, cuando el poeta asiste asombrado a su propia transformación en cisne. Dicho texto parece la fuente más remota de la metáfora cisne/poesía de modernistas como Darío y parnasianos como Téophile Gautier. Ensayo del vuelo abre y cierra con poemas que describen la transformación del (o la) poeta en ave; ambos constituyen un homenaje oblicuo al poema de Horacio[...]

Probablemente de esta antigua tradición viene el que hoy hablemos de "vuelo poético", como lo hace José Hierro al terminar su famoso "Requiem", elegía a modo de "reportaje" en que el poeta llora la muerte sin gloria de un obrero español de la construcción en los Estados Unidos [...]

Este es, pues, el contexto literario del que arranca el poemario que estimamos digno del Premio Julia de Burgos.
Kesey bus


Tras el éxito de One Flew Over the Cuckoo's Nest en 1963, y ante el advenimiento de una segunda publicación, Sometimes a Great Notion, en 1965 Ken Kesey compró un autobus escolar que llamó «Furthur», encargó que lo pintaran de colores psicodélicos y se abasteció de suficiente LSD para viajar de San Francisco a la Feria Mundial en Nueva York. Junto a Kesey, viajaría «The Merry Band of Pranksters», un colectivo de artistas y bohemios de la escena contracultural de los años '60, entre los que se contaban Jerry García (líder de The Grateful Dead), Allen Ginsberg y Neil Cassady. Jim Morrison subió y bajó del bus varias veces, también. Andy Warhol los celebró muchísimo. El viaje sería documentado en filme de 16mm como un legado a la posteridad, por si no sobrevivían la experiencia para poder contarla ellos mismos.

Mas el viaje se quedó en el otro «viaje».

Sobre cien horas de pietaje permanecieron por todo este tiempo olvidadas hasta que los herederos de la obra de Kesey aceptaron poner el filme en manos de Allison Elwood y Alex Gibney. Finalmente, el filme llegará al cine bajo el nombre de Magic Trip: Ken Kesey's Search for a Kool Place.

El hedonismo decadente de las giras de Kesey ha sido documentado legendariamente en los poemas de Ginsberg, en el nuevo periodismo de Hunter Thompson y en la novela de Tom Wolfe, The Electric Kool Aid Acid Test. El protagonista, por supuesto, es Kesey, junto a Neil Cassady, quien es el protagonista del On the Road de Kerouac.

Kesey tiene, sin duda, un gran impacto dos de mis trabajos narrativos. Historia de un dios pequeño, mi primera novela, se desarrolla en la mente de un paciente psiquiátrico y la misma fue modelada tras el concepto de la sociedad y el Estado como prisiones mentales, según visto en One Flew Over the Cuckoo's Nest, la obra que, en su adaptación para el cine, catapultara a Jack Nicholson a la fama en 1976.

Kesey escribió muchos de los pasajes de dicha novela durante su incursión en el Proyecto M-Kultra, bajo el cual tuvo oportunidad de trabajar en hospitales psiquiátricos, así como de someterse a los experimentos de Timothy Leary y la CIA en la búsqueda de una droga que controlara la mente. En la ficción de mi segunda novela, Gracia, ese mismo proyecto desarrolla una droga que, aludidamente, hace ver a Dios. Y como Kesey, siempre he pensado que toda esta fascinación con las drogas no es sino un pretexto para abandonar la vacuidad de la existencia presente, un designio que demarca el fracaso de la religión e irónicamente, se abre a la espiritualidad.

Pero ahora, ya nadie lo tendrá que contar. Podremos verlo nosotros mismos.
Björk


Una meditación acerca de la relación entre la música, la naturaleza y la tecnología. Así ha descrito Bjork a su próximo álbum, Biophilia, el cual se prepara a lanzar durante el otoño del corriente año. Es la poesía en su afiliación fundamental a la filosofía; es la música en su código de enlace con la naturaleza; es la naturaleza vista como poesía; es la filosofía de la música, la naturaleza y, claro, la tecnología. Es la tecnología de la música y la poesía de la tecnología y todas las combinaciones posibles. 

 La creadora islándica ha compuesto las diez piezas de Biophilia completamente en su iPad, en el que ha recogido samplings, loops, instrumentos y voz para crear el primer álbum que, según la opinión que ya se forma, fungiría como un infomercial a largo plazo para la creación de Steve Jobs. 

 El experimento -si la palabra todavía contiene el impacto con el que solía golpear el siglo pasado- consiste en que la artista ha dispensado de los instrumentos musicales convencionales (algo que no es nuevo para ella) y los ha sometido al cedazo digital de las aplicaciones de grabación para iPad, derribando las cuatro paredes de aislamiento acústico donde usualmente albergan los sofisticados estudios de grabación. 

Biophilia es un concepto multimediático. Además del álbum, incluye aplicaciones para teléfonos móviles, un sitio web, instrumentos musicales creados especialmente para la gira mundial de conciertos en vivo y talleres educativos. En otras palabras, Bjork ha sacado la música de su abstracción visual y la ha metaforizado en diversas maneras. Sin embargo, para ello ha requerido la colaboración de científicos, desarrolladores de aplicaciones, programadores, escritores e inventores afiiados a la Universidad de Sheffield. 

 Me parece que el trabajo de Bjork en Biophilia compromete nuevos acercamientos a la manera en que los seres humanos crearemos arte en tiempos venideros. Quizá alguien se invente algo similar con los libros electrónicos. 

 En fin, Bjork escribió en «The Modern Things»: All the modern things/ Have always existed/ They've just been waiting/ To come out/ And multiply/ And take over/ It's their turn now... 

 Es su tiempo.
Facundo


Asesinaron a Facundo Cabral, pero los buenos poetas no mueren ni pueden ser callados. La palabra resuena, vive, persevera. A escasas horas de salir el sol guatemalteco, un grupo de desconocidos, como las razones que tuvieron para el crimen, cegaron la vida del eterno contador de historias.

Cabral, el traductor del mundo, el cantautor de latinoamérica. El poeta. Bombero, bombero, yo quiero ser bombero, cantó muchas veces. Hoy murió en una estación de Bomberos Municipales.

 Su muerte es probablemente el suceso cultural internacional más desgarrador desde el asesinato de Federico García Lorca. Por supuesto que otros poetas y artistas han muerto desde entonces, pero pocos eran tan iluminados en alcance y sabiduría como Facundo, eterno errabundo. 

 «No soy de aquí, no soy de allá...no tengo edad ni porvenir/y ser feliz es mi color e identidad», fue el último estribillo que cantó ante un auditorio. 

  Aprendí que hay una sola religión: el Amor; hay un solo lenguaje: el del Corazón; hay una sola raza: la Humanidad. Amante de la humanidad, fue declarado Mensajero Mundial de la Paz de la Unesco en 1996. Dice mi hermana Rosie que no había sentido un dolor similar desde la muerte de John Lennon en 1980. Y tal vez tenga razón. 

 Una cosa es que los ídolos de uno -Janis Joplin, Jimmy Hendrix y o Jim Morrison- mueran por sobredosis, o que -como Kurt Cobain- se vuelen el velo de la boca, cúpula craneal y todo de un disparo, y otra es que venga alguien -sicario, fanático o ambas cosas- a cerrar la luz de un bardo. Amigo tanto de Madre Teresa de Calcuta como de Fidel Castro, de Jorge Luis Borges y Pablo Neruda,Cabral fue un prolífico artista que nunca quiso ser celebridad, aunque lo fuera. 

 «Muchas veces me dicen, maestro, cantautor, poeta, trovador, juglar y qué se yo cuántas cosas más», confesó hace unos años en una conferencia, para luego declara: «En cambio, yo me defino como un narrador de historias, viajes, sueños, pesadillas». 

 Y es verdad. 

  Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo

 Le seguiremos diciendo maestro, cantautor, poeta, trovador, juglar y qué se yo cuántas cosas más.
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La muerte de don Ricardo E. Alegría no sólo deja un vacío insondable en la actividad cultural puertorriqueña, sino que nos propone repensar todos esos rasgos vinculados a la definición de puertorriqueñidad. Por ejemplo, ¿qué seríamos sin la obra investigativa y antropológica de Don Ricardo?

Si bien la respuesta puede ser especulada tanto fenomenológica como ontológicamente, el planteamiento fáctico procede de la tarea de don Ricardo en construirnos un espejo ante el cual reflejarnos y encontrarnos en ese estadio de la identificación nacional tan necesaria para asirnos a un rumbo (nótese con especial interés, que uno de los capítulos del Insularismo de Pedreira se titula “La nave al garete”).

De sus logros y aportaciones, podríamos decir que ninguna fue para él: la Escuela y los Talleres de Artes Plásticas de Puerto Rico; la célebre Bienal del Grabado Latinoamericano; el Centro de Investigaciones Arqueológicas y Etnológicas; el Museo de Antropología, Historia y Arte de la Universidad de Puerto Rico (Recinto de Río Piedras), el Instituto de Cultura Puertorriqueña y la Revista ICP, de cuya junta me honro en pertenecer. Igualmente, fundó el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe en el Viejo San Juan, al que también me debo. Pero su huella más indeleble, a mi entender, queda tanto en el rescate del Viejo San Juan histórico y en la memoria permanente del país, así como el rescate de la conciencia indígena.

 En un país donde, todavía para el 1940, la formulación de lo indígena como elemento constitutivo de nuestra raza estaba descartada, y cuando la presencia de la africanía era considerada un hecho aislado y fortuito de unas minorías congregadas en barriadas (ver el Foro de 1940 de los Problemas de la cultura en Puerto Rico, publicado por la Editorial UPR en 1976), emprender el viaje hacia el topos primario del Boriquén taíno como tierra del origen nos cimentó el espacio sobre el cual descansar nuestros pasos. Similar a otras islas del Caribe francófono y anglófono (ver al Caribbean Discourse, de Edouard Glissant), Puerto Rico fue desposeído de su historia y transplantado con el occidentalismo que, hasta hoy día, ha sido nuestra principal vértebra. Dicha suerte, como ya dicho, no es exclusiva a nuestra isla, pero al menos, contrario de las otras hermanas menores, aquí quedaba, como un tatuaje en la nuca, la raíz indígena. El resultado es la hibridez distinta que nos formula.

 Para mí, el anclaje es obvio, vital, preciso, pero no estático. Hoy, me parece, Puerto Rico es más un ámbito plural, multicultural, más allá de la ecuación taíno-africano-español (aquí merece el esfuerzo revisitar a Emilio S. Belaval, aunque, como Pedreira, se amolde a la convención temporal de su momento histórico).

 Mas, sea para consentir o debatir, todo lo que somos hoy, todo el imaginario de las construcciones culturales, queda como parte de ese legado que don Ricardo ayudó a construir. Honrémosle.


No hay bolero ni parranda sin maracas.
Las maracas, por medio de quien las manipula, tienen que sonar con la precisión de un metrónomo, como si el mero hecho de tenerlas en la mano confiriera al usuario la responsabilidad de determinar el tiempo.  Pero sobre todas las cosas, la maraca hoy día es símbolo de celebración. Es bachata, pachanga, vacilón, fiesta, jolgorio. Y todo eso es Maraca(Coffee House Press), la antología personal de Víctor Hernández Cruz que celebra diez años de su publicación, y en la que el poeta nos presenta un rito sagrado, un exorcismo, una celebración de la vida, o una aserción de una identidad que se desplaza en la multiplicidad.

La maraca es, por definición, un instrumento idiófono. Es una caja de música natural y cuyo sonido se produce por vibración del mismo cuerpo. Los sonidos se generan entrechocando sus partes, por punteo, por frotamiento o por percusión. La maraca es pluralidad dentro de la singularidad del cuerpo instrumental.

Cuerpo que hace música. La música del cuerpo.

Y al tratarse de un cuerpo poético, nada mejor que referirse a la poesía de Víctor Hernández Cruz.

El resto del escrito lo pueden seguir en Otro lunes: revista hispanoamericana de cultura.


Foto: "Maracas", de Brentus69.

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