El poder del lenguaje para mediar y conectar con nuestras percepciones del mundo es la base primordial de nuestra coexistencia con lo maravilloso e inexplicable. 

Ciertamente, en esa lectura de nuestra inmediatez, la realidad se comporta como una serie de yuxtaposiciones entre muchas realidades que coligen en categorizaciones semánticas. Lo maravilloso e irracional se articula imaginativamente tanto como amplitud y limitación del que enuncia. 

De ahí que, luego de tantos años y de tantos obituarios para el realismo mágico, surja un film como Beasts of the Southern Wild, donde la materia pierde su cualidad temporal para resaltar el espacio acallado por la pobreza en donde la condición humana -ese reino bestial- triunfa.

The Bathtub has more holidays than the whole rest of the world. 

Ideada presuntamente en torno a la llegada y consecuencia del huracán Katrina a la región del bayou en New Orleans, Beasts of the Southern Wild es narrada por un personaje de seis años de edad, Hushpuppy (Quvenzhané Wallis), quien cuenta su vida junto a su padre, Wink (Dwight Henry) en el barrio conocido como el Bathtub, una comunidad localizada a la sombra del dique que separa el Golfo de México del Big Easy.

In a million years, when kids go to school, they gonna know: Once there was a Hushpuppy, and she lived with her daddy in The Bathtub.

La narrativa cruza toda una tradición literaria desde la Biblia hasta William Faulkner y Toni Morrison para ilustrarnos, con magia, candor y dolor, la vida de los olvidados de la tierra en el sur estadounidense oprimido por la cultura de sus antípodas del norte.

They think we're all gonna drown down here. But we ain't going nowhere.

Beast of the Southern Wild es una historia que propone alguna suerte de neo-realismo mágico sureño. Es arquetípica de otros filmes/novelas como Big Fish y Forrest Gump que se repiten de algún modo en ella. Por ejemplo, la madre de Hushpuppie no solo habla desde su estado fantasmal (como en Beloved, de Morrison) sino que también la mitifica (como se hace con el padre en Big Fish, de Daniel Wallace). La madre de Hushpuppy podía encender las hornillas y hacer que el agua hirviera de tan solo acercarse a la cocina.

Sometimes you can break something so bad, that it can't get put back together.

Además, al perder a su esposa, el corazón de Wink se envenena de tal manera que toda la sangre de su cuerpo desenfrena en una extraña enfermedad que le costara la vida.

The whole universe depends on everything fitting together just right. If one piece busts, even the smallest piece... the whole universe will get busted.

En otra escena, en medio del huracán, Wink toma su escopeta y sale a retar la tormenta, como hace el Teniente Dan en el Forrest Gump de Winston Groom. Come and get me storm, proclama mientras dispara al vacío, con la esperanza de matar al huracán.

I'm your daddy, and it's my job to take care of you, OK?, le dice Wink a su niña.

En la medida que se va alejando de la vida, Wink desarrolla una relación más íntima con su hija.

Lo que persevera es una poética de la subsistencia. La tragedia es vista a través de la imaginación de Hushpuppy, quien imagina, a través de todo el filme, a una especie de jabalíes prehistóricos -las otras bestias del sur- que emerge del fondo del pantano donde ubica el Bathtub, una prestación elegante de las muchas que ha hecho el director debutante Behn Zeitlin del Tree of Life de Terrence Malick. El filme queda dicho, poetizado y representado, como un “Gótico Apocalíptico Sureño”.

Everybody loses the thing that made them. The brave men stay and watch it happen. They don't run, poetiza Hushpuppy.

Al morir Wink, Hushpuppy queda huérfana y, como su madre, se vuelve mito, que es el traje de gala de la memoria.

When it all goes quiet behind my eyes, I see everything that made me flying around in invisible pieces.






El modo humano de sensibilizar la percepción de lo que llamamos realidad ha venido cambiando a través del transcurso de la historia y  ha transformado la existencia de la humanidad, ha apuntado Walter Benjamin. Se debe esto a que la manera en que organizamos la percepción sensorial humana, los medios a través de los cuales se cumple en nosotros, se determina no sólo por su naturaleza propia, sino por las circunstancias históricas que la contextualizan.

De ahí el augen silente de las naciones virtuales, que no poseen región geográfica o topográfica, sus ciudadanos hablan la lengua en la que hayan crecido y el sentido de homogeneidad prevaleciente se limita a la voluntad de los que acuden a conformarse en ellas.

Las naciones virtuales nacen en la cultura de la contracultura. 

Vivir en un país físico siempre queda propuesto por inquietudes metafísicas que nos contrarian en debates sobre la identidad, la cultura y el idioma como factores objetivos por encima del deseo particular de los individuos. Aún así, persiste el sentido de pertenencia sobre una base geográfica, como lo es el caso de Somalilandia, un país independiente que posee gobierno, moneda y hasta una constitución pero no que no es reconocido por el resto de los países del mundo. Tal es el caso de otros países como Nagorno Karabaj, Abjasia, Osetia del Sur y Transnistria, entre otros países que luchan por una identidad política.


No obstante, las naciones estado han dejado de ser la quintaesencia de la expresión geopolítica de un pueblo.

Precisamente, en el desarrollo de las tecnologías cibernéticas han comenzado a emerger las llamadas naciones virtuales, que se originan en algún punto del ciberespacio y en cualquier tiempo, gracias a la accesibilidad que proveen los computadores portátiles, los teléfonos inteligentes y tabletas. La condición física para que un país exista queda absuelta.

Las naciones virtuales sugieren una manera de manejar los activos de información de manera socioeconómica.  De Francis Bacon a Bill Gates, no creo que exista alguien que dude que la información (y sobre todo, su uso) es poder. Bases de datos, puntos de acceso, IP address, el WiFi son tan solo algunos recursos que proponen extensiones de poder sin límites para un individuo o empresa. Tal es la magnitud del cambio paradigmático presente que vivimos de la manera en que los medievales desconocían que vivían en la Edad Media. Y tal es el caso para las naciones virtuales comunicativas y las delictivas.

En fin, puedo vivir físicamente en Puerto Rico y virtualmente en alguna otra nación.

Un ejemplo verificable es la plataforma social de Facebook, donde los usuarios recorren páginas, prestan visitas, se reunen y se transportan de un lado a otro como en el recorrido estriado de cualquier ciudad. Queremos, odiamos, socializamos y hasta debatimos en un plano abstracto, mientras consumimos las sugerencias comerciales que nos van situando. Sin dejar el espacio cibernético, podemos comprar desde regalos de Navidad hasta un boleto de avión, pautar una cita con un cirujano plástico o comer galletas Oreo virtualmente. Incluso, podemos publicar poemas, cuentos y artículos de opinión; donde nadie nos lee o escucha en el mundo real, podemos encontrar a unos cuantos que comparten pareceres similares al de uno.

En Puerto Rico, en los últimos veces, hemos atestiguado el modo en que los cibernáutas han incidido como opinión conjunta en la consulta sobre el derecho a la fianza y en los resultados de las elecciones del pasado 6 de noviembre. Ya, de por sí, son un poder político, aunque debemos aclara que poco menos de un tercio de 3.5 millones de ciudadanos puertorriqueños tiene acceso a la Internet. No obstante, se posibilitan como un modelo de V-Nation (aunque no reconocido ni promovido como tal) es el reciente boicot al programa Super Exclusivo (WAPA-TV), el cual ha logrado unificar diversos individuos en distintos puntos geográficos bajo una misma ideología o causa común. 

Claro. También ha provocado la emergencia de otra sociedad virtual: la que apoya al programa que modera Antulio Santarrosa, “Kobbo”, travestido como la marioneta que llama La Comay.

Asimismo, otras naciones virtuales organizadas con oficialidad poseen pasaporte, ciudadanía, moneda nacional, como lo es el principado de Sealand, que ofrece pasaportes diplomáticos para cada uno de sus 160.000 ciudadanos, inmunidad penal, inviolavilidad de domicilio, exención de impuestos y aranceles, placas de embajador para todos los coches y yates y hasta cambio de nacionalidad e identidad si es necesario. Algunas V-nations hasta realizan elecciones, eligen presidentes, gobernadores, alcaldes.

Como juego,  V-Nations ya tienen su modo de constituirse, por medio del Virtual Nations de Google. Pero habría que ver hasta que punto lo lúdico desplaza la conciencia tridimensional de la realidad física.

Es tanto hiperrealidad y transrealidad como realidad aumentada, todo a la misma vez.

Nos abrimos, así, a una geopolítica de lo privado, una nación de la intimidad, como gestión del espacio propio en contraposición y a la vez en conexión con otros espacios ajenos esparcidos en el ciberespacio. La sensibilidad despierta hacia otras salidas de la comunicación en redes.

Así ha sido esta Genérika desde la cual escribo, aunque todavía no tenga bandera ni himno, y posea un solo ciudadano.

Foto: http://www.futuristspeaker.com/2009/02/

Del amigo Alberto Martínez-Márquez recibo la siguiente convocatoria para los interesados en el tema Queer:

»La revista Letras Salvajes convoca a todos/as los/as escritores/as, críticos/as, artistas, fotógrafos/as y pensadores/as del mundo entero a participar del número especial dedicado al tema Queer, en todas sus discursividades y representaciones creativas, teóricas, estéticas, históricas, reflexivas y filosóficas. Este número especial de la revista se publicará en 2013.

Colaboraciones
En lo que a se refiere a la literatura, aceptamos poemas, relatos, crónicas, fragmentos de novela, piezas de teatro breve, ensayos libres y aforismos en idioma español. En lo tocante al arte, se someterá a consideración pintura, dibujo, grafitti, fotografía, grabado y litografía (favor de enviar cada obra en archivos separados con alta resolución). En términos del pensamiento, se aceptan ensayos críticos, reflexivos y teóricos que aborden aspectos epistemológicos, ontológicos, pragmáticos, estéticos e históricos de la cuestión Queer, remitidos en español, inglés, portugués, francés e italiano.  De igual manera, estimulamos el envío de reseñas de libros de tema Queer, redactadas en español e inglés.

Subtemas 
Invitamos a que se aborde todo tipo de perspectiva pro-, anti-, post-, meta- y supra-Queer. Algunos de los subtemas recomendados para trabajar lo Queer en la parte de pensamiento de la revista pueden ser: la censura, la marginalidad, la identidad, el esencialismo, la epistemología del closet, los derechos, la ley, la mímesis, la economía, la religión, el marxismo, la ciencia, la política, la historia, acercamientos sociológicos y/o antropológicos, los estudios culturales, las comunicaciones, aspectos lingüísticos, manifestaciones literarias y movimientos artísticos.

Evaluación
Todo trabajo creativo, artístico y ensayístico será evaluado por un panel de escritores, artistas y críticos de prestigio nacional, internacional y cósmico. Sólo se responderá a los trabajos que hayan sido recomendados y aceptados para esta publicación. Si la cantidad y calidad del material recibido rebasa nuestras expectativas, Letras Salvajes podría publicar un segundo número especial.

Envío
Todo trabajo debe enviarse a la siguiente dirección de correo electrónico: letrassalvajes@yahoo.com. La revista está sujeta a la política del copyleft, se publica en PDF y circula a través de correo electrónico. No obstante, puede leerse en http://www.calameo.com.  Para recibir la revista por correo-e, favor de escribir a letrassalvajes@yahoo.com. Esta revista no está subvencionada por individuos ni de agencias de gobierno, alianzas público-privadas o entidades corporativas nacionales y transnacionales. Letras Salvajes es una publicación sin fines de lucro, que se rige por la libre economía de la koinonía.

Cordialmente                                                 

Alberto Martínez-Márquez
Editor
«The Poet's House», de Maggie Taylor
La arquiteXtura del deseo es un poemario -no sé si es mi sexto, pues no sé si cuenta- que enlaza dos conceptos que aparentan repelerse el uno al otro, que son la física y la poesía. La textura se palpa. La arquitectura es el arte de las estructuras físicas y es una suerte de poesía. La poesía es textura y arquitectura. También se mueve como las propiedades de la física. En fin, pueden leer los poemas en línea. A fin de cuentas, es un libro amovible. Los poemas irán cambiando. Tal vez lo que lean hoy no lo lean mañana. Tal vez sí. Todo depende de la intemperie.

Pueden pulsar la imagen para acceder los poemas o simplemente oprima aquí.

Gean Carlo Villegas, escritor


Primero, lo que leerán a continuación no es una reseña, sino un artículo literario para el que quiera consumirlo. Segundo, lo que leerán es simplemente un intento de entender a un escritor que es difícil de despachar con modificadores genéricos como “gran” o “excelso” pareados con el signo “escritor”.  Se trata entonces de tomar la obra como cuerpo del deseo, aunque, en el caso al que aludiré, el autor sea el propio tejido textual casi de manera indisoluble. Me refiero a Cuentos post-retro y sub postretro, de Gean Carlo Villegas.

Confieso y admito que mi lectura viene avivada por ese narcisismo de haber visto nacer muchos de los siete cuentos incluidos en esta segunda edición de la colección. Hay tres (tal vez más, quizá menos) que recuerdo haberse producido en uno de mis talleres de creación literaria, y otro cuya corporalidad estructural desprende de uno de mis ejercicios predilectos a la hora de enseñar un taller de narrativa: la caza de personajes. Pero lo sustantivo es que el conjunto de narraciones transita en un marco de tiempo de una semana, de lunes a domingo, con una polifonía de personajes rescatados del cruce realidad circundante y la mente perversa de Villegas.

Villegas es un provocador. Rebasa las abstracciones. De ahí que su libro no pueda ser otra cosa que una invitación a la trasgresión, una remoción del comfort zone del lector para adentrarlos en ese imaginario donde los tabúes corren libres y desnudos como ninfas en un bosque. 

Es una mitología extraña la de estos cuentos, pero al fin y al cabo, se enuncian con claridad de objetivo: trasgredir.

El primer cuento, “Lunes”, se marina en cierto nihilismo dadaísta y evoca uno de los temas olvidados de la literatura puertorriqueña, que es la historia de los veteranos de guerra. La premisa es simple y efectiva: un veterano de la guerra de Irak observa un match de tenis femenino y ante los gritos de la mujer, el observador rememora otros ruidos bélicos. En cierto momento, el partido de tenis es recreado textualmente a manera de poema concreto, haciendo que la vista del lector imite la mirada tras la pelota según recorre ambos lados de la cancha. Los gritos van tornando decibelios desde la semejanza de los gritos de la tenista a los gritos durante un acto sexual hasta los gritos de mujeres, niños, colegas y  otros que “murieron gritando”. Al final, el narrador pierde el control, se abalanza sobre el cuerpo de la tenista hasta que los gritos degradan a gemido y finalmente cesan. El cuento termina en silencio.

“Martes” es por mucho mi relato favorito. Trae todo el beneficio de las lecturas de William S. Burroughs, particularmente Elalmuerzo desnudo y La máquina blanda. Es un relato surreal servido como metáfora del escritor fracasado, Sogólonom Spartnik, homosexual que decide pagar a alguien para que lo asesine (que es el narrador), que resulta ser uno de sus propios personajes. El cuento trasgrede hacia los confines la metaliteratura con la subrepticia delicadeza de una danza de sombras chinas. El final es espectacular: mientras Sogólonom le práctica sexo oral, el sicario-personaje se convierte en una especie de pistola humana y eyacula un disparo que le revienta los sesos al escritor. El personaje, exhausto,  cae al piso, exhalando humo por la boca.

Ese cuento nada más merece la lectura del libro.

Por supuesto, la dureza del realismo de cuentos como “Sábado, o duermo con la puerta abierta” equilibra el libro y nos remite a una condición de lectura que nos aleja de pensar estos cuentos como caóticos y desorganizados. Todo lo contrario: aquí hay una mente (¿ya dije perversa?)que selecciona elementos en exista previamente y los reordena a gusto. En “Sábado”, el abuso sexual de la niña narradora queda expuesto por ella misma a través del estilo indirecto libre en el cual entabla una dialéctica confesional con su madre.  Cuando admite al final que los compañeros de su madre (mujer divorciada y en búsqueda de una pareja fija) entran al cuarto de la niña, nos queda la perversión:

“Lo mejor que pueden hacer [los novios de la madre] es que la abandonen, que se vayan para siempre y le den la oportunidad a otro hombre que la quiera de verdad, que le den la oportunidad a otro hombre que no se atreva a entrar a mi cuarto en la oscuridad aunque yo les diga que duermo con la puerta abierta”.  

De los demás cuentos, el que le presta título a la colección, “Viernes, o el bicéfalo sub-post retro”, funciona enteramente como los dos rostros de Jano. Independiente el uno del otro, pero atados estructuralmente, este cuento es una narración de mera apreciación literaria. El narrador de la primera parte, subtitulada “Primera cabeza: los muñequitos”, es un niño cuya madre discute con su madre -nuevamente, y de manera eficaz, representado en el discurso indirecto libre- sobre el futuro que la ha llevado a ser madre soltera. El niño no era deseado por lo abuelos, en particular por el abuelo de la madre, quien habría sugerido, en algún momento previo, un aborto. La segunda parte del cuento, “Segunda cabeza: los anuncios”, es una sátira a la comercialización televisiva, a la vez que el niño observa un anuncio de “Suicide R’ Us”.
            
En el cuento “Domingo, o un paseo por el desierto”, se nos presenta un estilo narrativo más en síncopa con la más reciente novela de Villegas, Osario devivos. El cuento inicia cuando el narrador descubre que su compañera, Marianela, era en realidad un hombre. De ahí que ordena a sus tres sicarios, Mahoma Jadiz, Jesús Cruz y Abrahama Halajá, conocidos como La Trinidad, a dar “un paseo por el desierto” con ella. Y entonces, solo añadiré que en esta escritura es que descubro que Villegas viene del mismo árbol genético que yo.
            
En fin, Cuentos post retro y sub postretro es una acertada selección de relatos.  Es un libro, en fin, sobre la pérdida de la inocencia: inocencia social, religiosa, sexual; un libro político en su factura sin querer abrirse a panfletos. La crítica social nos llega cómoda, montada sobre situaciones maravillosas y recursos estilísticos que nos la venden como entretenimiento. 

Pura cultura pop, sin el afán por la inmediatez. 

Es la espectacularización de la violencia hecha literatura. 

La desgracia como objeto de arte. 

            


Un individuo promedio, leí recientemente, concede alrededor de 15 horas semanales a navegar por la Internet, excluyendo su exposición al correo electrónico. Tampoco incluye la portabilidad que proveen algunos medios como Twitter y Facebook de mantenernos en-línea por medio de tabletas, teléfonos inteligentes y computadoras portátiles. Ese mismo individuo, en un empleo a tiempo completo, puede dedicar de 37 a 40 horas de labor semanal. O sea, que aquellos que tenemos acceso a la tecnología, dedicamos más de la mitad de nuestro tiempo productivo en el ciberespacio.

Plenamente, el dato lo busqué a partir de mi lectura de las «Reglas para el Parque Humano: Una respuesta a la Carta sobre el Humanismo (El discurso deElmau)», de Peter Sloterdijk, un texto en el que el filósofo elabora a manera de respuesta a la «Carta sobre el Humanismo», de Martin Heiddegger

Recordemos la palabra «texto» más adelante.

«Los libros, dijo una vez el poeta Jean Paul, son voluminosas cartas a los amigos», dice Sloterdijk en su escrito (recordemos «escrito» más adelante) con el fin de ilustrar la manera  en que el poeta aludido viste de eufemismo elegante a lo que es la «esencia y función del Humanismo: una telecomunicación fundadora de amistad por medio de la escritura».

En cierto modo, entonces, humanizarse es separarse de los animales, que no tienen escritura y no producen cultura. Se traza así la línea que ya había comentado McLuhan anteriormente y que supone una clase social dividida entre los letrados y los iletrados. El humanismo, por tanto, es potenciar una esfera de poder, si se quiere. Es acceder el conocimiento por medio de una cofradía o secta letrada. Así nace una «alta cultura» dominante sobre otra que la subyace.

Conocer la letra es humano; desconocerla, es animalizador. Por ende, el homo tipográficus es un ejercicio de artificialidad, una invención. «Se halla en juego aquí nada menos que una antropodicea, es decir, una definición del ser humano de cara a su franqueza biológica, y a su ambivalencia moral» dice Sloterdijk, y añade: «Pero por sobre todo, esta pregunta sobre cómo podrá entonces el ser humano convertirse en un ser humano real o verdadero, será formulada a partir de ahora de modo ineludible como una pregunta por los medios, entendiendo por éstos a los medios comulgales y comunicativos, por intermedio de los cuales las personas humanas mismas se orientan y forman hacia lo que pueden ser y llegan a ser».

La letra es, para Sloterdijk, el carné de identidad del humanismo clásico, que no corresponde necesariamente con las transformaciones geopolíticas y económicas de nuestros tiempos, lo que incide en el hecho de que de que las estructuras políticas y económicas tradicionales ya no pueden semiotizar el modelo amigable de los círculos literarios, que muchas veces se abrogan los espíritus nacionales.

Entre la sociedad post-literaria: post-epistolar, post-humanista.

Hablamos de que una presunta «síntesis social» no puede ser lograda en absoluto por los viejos medios de la Escritura.

Aquellos que posean poco o ningún acceso a los medios tradicionales de publicación y, por ende, de educación, quedan vedados de su posibilidad de «humanizarse».

«Una masa postal que ya nunca será entregada, que deja de ser un envío a posibles amigos, se convierte en objeto de archivo», escribe Sloterdijk. «También esto, que libros clásicos de antaño hayan dejado cada vez más de ser cartas a los amigos, que ya no se encuentren en las mesas de noche ni de día de sus lectores, sino que se hayan hundido en la intemporalidad del archivo: también esto ha quitado al movimiento humanista la mayor parte de su antigua pujanza».

Entre el Homus Interneticus.

Según Nietzche en Así habló Zaratustra, en la especie humana se erige la lucha entre los pequeños criadores y los grandes criadores del hombre. Y esa es la historia del mundo.

Declara así, Sloterdijk, que aunque el fin del humanismo no es el fin del mundo, en el posthumanismo  reside el contradiscurso de un mundo donde la línea que separa lo natural y lo artificial se difumina; en ese claroscuro, el eje escritura/lectura sobre el cual oscila la cultura humanista cede ante el peso de los nuevos medios de expresión y comunicación, y cuya moción constante es la fricción entre lo animal y lo humano.

Y todo esto es cierto.

Seguimos siendo tan animales; y nos parecemos más a las máquinas. Como dice Antonio Dyaz en Mundo artificial, «Homo sapiens v.1.0 + hi-tech = Homo sapiens v.2.0». 

En mundo on-line, lo transmediático y las tecnologías digitales de comunicación han permitido que nuestra realidad sea superada, aumentada, mejorada. En la ciencia, se habla de la robótica y los implantes para hacer del ser humano una mejor máquina –en el sentido Burroughsiano-. La nutrición, nuestras comodidades y la manera en que consumimos y producimos la información han sido trastocados de su antiguo modelo. La manera en que confeccionamos la memoria se impacta. Ya nos adentramos al transhumanismo. 

Pero desde mi óptica –seguimos siendo ojocentristas, ¿no?–, el posthumanismo no debe tratar tanto sobre el qué, sino del cómo.

Lo que no cambia es el aspecto de la letra. Incluso, Sloterdijk ha recurrido a la letra escrita para dar a conocer su planteamiento. Me refiero al «texto» que se produce como cuerpo de conocimiento, a la existencia del «escrito». El lenguaje sigue siendo la fuerza motriz de transmitir el conocimiento, si por lenguaje puede ser cualquier sistema de signos con la intención de comunicar.

En todo caso, una sociedad post-humanista ha comenzado a dar paso a otro tipo de división: los que son tecnológicamente aprovechados, y los que no. 

Continuaremos.



«Blood», by The Middle East




Older brother, restless soul, lie down
Lie for a while with your ear against the earth
And you'll hear your sister sleep talking
Say "Your hair is long but not long enough to reach
Home to me
But your beard
Someday might be"

And she'll wake up in a cold sweat on the floor
Next to a family portrait drawn when you were four
And beside a jar of two cent coins that are no good no more
She'll lay it aside

Older father, weary soul, you'll drive
Back to the home you made on the mountainside
With that ugly, terrible thing
Those papers for divorce
And a lonely ring
A lonely ring
Sit on your porch
And pluck your strings

And you'll find somebody you can blame
And you'll follow the creek that runs out into the sea
And you'll find the peace of the Lord.

Grandfather, gentle soul, you'll fly
Over your life once more before you die
Since our grandma passed away
You've waited for forever and a day
Just to die
And someday soon
You will die

It was the only woman you ever loved
That got burnt by the sun too often when she was young
And the cancer spread and it ran into her body and her blood
And there's nothing you can do about it now


Rosa María Lagares (1936-2012)


De los poemas que no llegaron a la primera edición de autor de Embudo, poemas de fin de siglo, «Rosa en tinieblas» era mi favorito. Decidí no publicarlo porque estaba convencido de que el mundo no necesitaba otro poema dedicado a la madre del poeta. No obstante, para la segunda edición del poemario, lo restauré al cuerpo del poemario, como debió ser en un principio. Hoy, «Rosa en tinieblas» es Rosa de luz. Ante la partida de mi madre, hoy comparto un poema que me toca tanto que de leerlo siento que no respiro.

«Rosa en tinieblas»

No me sosiega sublevar la memoria por ti,
circularmente presente en mi soledad
oblicua y cicatrizada,
cuando abril, entre alas al amanecer,
deambula desde anoche
tajando el tácito dolor peregrino
y entre tonos rosados sobre la bóveda celeste,
advierto cuanto he llorado.
Tú, quién sabe, estarás eslabonando
Ave Marías al Salmo 23 y tu cara
marchitándose en el estragón tiempo—
abstrayéndote de la voluble
realidad que tuerce tu respiración
con sus alargadas manos de espinas,
abandonada por el nesciente dios
que te soñó y te dejó caer a esta tierra,
para luego abandonarte—
ahora, eres rosa en tinieblas—
tus pétalos se marchitan en la oscuridad—
tu mano no llega a mi piel—
tu voz se deshoja en la lluvia—
y tragas palabras y gritos y lágrimas
que quisieras librar de tu ósea prisión,
pero en vez te conformas con callar
mientras pierdes tu sombra
entre el hongo púrpuras de un pasado
ido y perdido.
Hoy todo me asalta
como un rayo que se imbuye en mí,
y me encuentro tan distante
del beso que nunca me diste,
mientras te echas candorosa,
rosa en tinieblas
sobre un reloj de arena mojada,
observando el fluir del azar
que tejió entre tus hojas la trampa limítrofe,
el designio que te ata y funge
como orden en tu sometido destino,
porque yo mismo he vivido el estropicio mortal del colapso
de mi propia inocencia contraído en redes de desilusión,
y hoy me embebo en las más amargas e insasiantes
aguas de fuego—
fuga exangüe hacia esta execración de tierra mentida—
para levar este ancla de sangre
que se clava en mis venas—
mas todo es un intento vano
por desposeerme de mi propia sombra.

Y es que nos parecemos tanto.

Mi ser es tan susceptible como el tuyo—
y eso ha sido tan infausto para nuestras almas de vidrio—
sólo hay una primera vez en esta vida para cada cosa,
laxo principio uniforme a todo en la vida—
y nosotros nunca hemos podido superar eso,
y, por tanto, todas las segundas veces
que nos han llegado,
no han podido calar en nuestras odres—
y vivimos una sed de hierro y sal
que nunca nadie calma—
y eso es malo, porque nunca logramos reponernos
del gran error de dar todo y quedarnos con nada;
pero al menos yo he trabajado mi problema;
tú no; tú te echas candorosa
sobre un reloj de arena mojada.
Cómo sufrimos, milagrosa flor de páramo...
cómo sufrimos...
La oscuridad nos ciega— la oscuridad nos abraza en el olvido,
y borra toda gana, toda esperanza.

Yo me fosilizo en soledad, pero a ti te queda tu Dios—
¿Por qué te ha dejado sufrir?—
y aunque se debilita el diamante en tu pecho,
ahora, tal vez, es que tengo una mejor perspectiva
de todo lo que soy y por qué lo soy,
pues tus reprimendas me molestaban de niño,
y hoy se restriegan arrogantemente sabias en mi cara—
claro, si aún guardo tu lugar dentro de mí,
a pesar de que sigue vacío y raso de afecto.
Yo entiendo lo que sufres—
y me quema como azufre en los labios,
estos labios sin cielo ni tierra ni redentor:
eterno mendigo de amor.
No te queda más que reposar tus porosas mejillas
sobre mis resecadas palmas—
aunque continuaras con tu cruz,
y la seguirás cargando
hacia el lugar donde te diriges—
he estado allí antes, ¿recuerdas?—
No te queda más que tomar tu café;
y disfrutar tu pan a las tres en punto;
se queda el veneno en tus lágrimas
se queda el abismo que se abre en medio de tu cama,
quedamos tus hijos, quienes, 
rehusando futilmente
a ser como tú,
terminamos pareciéndonos más a ti.
Me quedaré esperando a que seas
rosa de vida, rosa de sueños—
rosa de luz—
a que revivas el sol de mis manos—
a que liberes tu carga con un beso sobre mi frente—
pero el viaje es largo,
y para cuando la luz te reclame a sus dominios,
el Tiempo, tú y yo seremos, por fin,
uno hechos viento.



El deseo es la única potestad que ejercemos sobre el destino, porque lo sugestiona. Lo que se desea se busca, y la búsqueda es el camino. El deseo nunca es el logro, sino la fuerza de lograr. Es la motivación inamovible que suscita el movimiento de todo. Por eso, escribir sobre este es recontar lo que transita, lo inconcluso- apalabrar el trayecto, recalcar en la discontinuidad. De modo que, más que una cosificación, el deseo enlaza el objeto con el sujeto que anhela. En su inevitabilidad, se torna inoculante. Contagioso. La plaga primigenia. Alcanzar el objeto del deseo, es conquistarlo, superarlo. Por tanto, encierra una relación de poder y sumisión. El deseo convida la presencia de una ausencia.

El libro Plagas del deseo, de Moisés Agosto, llama a todas las consideraciones anteriormente expuestas en un exquisito libro de relatos cortos donde el deseo es el protagonista invisible, el hilo que corre tras la fina aguja del escritor -el que hila el textil, el texto- donde las palabras, ante su frustrante incapacidad de abarcar la realidad inmaterial, se rinden en boca y acción de los personajes. Es una de las limitaciones más precisas de la buena escritura: nunca se dice todo. Así de impreciso.

Es, claro, de artistas con profunda conciencia de la palabra saber amasar metáforas que intenten mediar la materialidad del deseo –escribir, en un mundo posthumanista, es inventar-. Por eso, callan más los cuentos de Moisés que lo que dicen. Es la virtud de la brevedad. Y es sabio dictar con el silencio que uno es dueño de lo calla, y esclavo de lo que dice.

Del deseo en los cuentos de Moisés, podemos decir que es como el Avalokiteśvara del budismo tibetano: tiene once cabezas y mil brazos para atender y alcanzar a todos lo que le necesitan. Son once los cuentos en Plagas del deseo: son múltiples sus brazos. Es precepto primordial en el budismo afirmar que la fuente del sufrimiento es el deseo. En la medida que lo superamos, nos liberamos en remansos de satisfacción, que solo atraerá su opuesto.

Las formas que toma el deseo en el libro de Moisés son múltiples. Se desean cuerpos, se desean abrazos, se desea el pasado, se desea una nueva vida, se desea desear.

La espacialidad en los cuentos de Moisés se desplaza: va de Santurce a Holanda, pasa por Nigeria, Camerún, Colombia y Estados Unidos, pero es en la geografía del deseo, vaciada de tiempo, ese otro anhelo que los humanos intentamos conquistar, el plano de existencia común de los personajes. Como una paradoja, el hambre del cuerpo y el tiempo son obligados a coexistir por la represión del estatuto moral, sobrellevado consecuentemente en estos relatos por la presencia de la religión. Así, Tayo, el ministro del cuento “Durmiendo con la mujer del pastor”, decide acallar sus impulsos sexuales por un año y hace voto de abstención sin notificar a su mujer, Jane. La esmerada esposa conflagra de ganas por sentir el cuerpo de su esposo esmerarse en ella.

Quiere sentir y ser sentida. Quiere ser trasgredida, tocada, penetrada.

Jane no asentirá por mucho tiempo al orden adelantado por la razón moral e irá persistiendo en la flaqueza de su hambre. Irónicamente, llega a su casa una tarde Berta, quien ha enviudado recientemente y, según el ritual de luto en su aldea, debía pasar 40 días alejada del resto de la congregación. Berta sería liberada y restituida en sus derechos de acostarse con quien deseara una vez culminara el período establecido, el cual clausuraría con una violación orgiástica por los aldeanos viriles. Berta y Jane, con sus respectivos contextos de vacuidad, alcanzan a entenderse la una en la otra y abrazan una relación de intimidad. Al final, el cuento asume un tema del transhumanismo Burroughsiano en novelas como The Nova Express o The Wild Boys: el de la felicidad posible en relaciones de parejas iguales. De este modo, Tayo, en su creencia de que su voluntad ha triunfado sobre el cuerpo, incita a los otros hombres de su congregación, llamada La Embajada de Cristo, para que abandonen el sexo con sus esposas. Las mujeres, por su parte, crean “La Brigada de María”, una orden donde solo las mujeres compartirían entre sí. Queda sugerido, entonces, que la plenitud de los cuerpos será alcanzada, tras el hipócrita disfraz de la misión religiosa, entre parejas del mismo sexo.

Desear es punible. Reprensible. Reprimible.

Nada más veloz que la velocidad del deseo, sin duda. Es una traslación violenta. En el relato “Las Torres del Parque”, vemos como el hambre particular subraya las condiciones egocéntricas del deseo que su consume como un fin en sí mismo. En la “Colina de la Deshonra”, Esteban acude una noche en búsqueda de sexo anónimo. Borracho y excitado, el hombre se une al acto que sostiene Angelito, un joven de finos trato con la boca y las manos, con un policía que frecuenta el lugar. El joven pronto deriva preferencia por Esteban, lo que provoca la incomodidad del policía, quien entonces ataca a Angelito. Esteban lo rescata, lo lleva a su casa y establece una vida con él. Pero al tiempo, Esteban, que es banquero, se siente presionado por los saberes de su trabajo así como por el hecho de que sus compañeros desconocen que él es gay. Desesperado, acude a la Colina nuevamente, donde se encuentra, nuevamente, intercediendo en como tercero en un acto sexual. Sin saberlo, o reconocerlo, resulta que uno de los implicados es el policía agresor, que garantiza el libre flujo por el lugar mientras él reciba su favor a cambio. Entonces, procede a golpear a Esteban. Culmina el relato cuando el policía llama a Angelito para cumplir con una cita previamente acordada. Angelito nunca se dio entero a Esteban, y lo contrario tampoco ocurrió.

Queda así atado el tema de la autoridad de doble moral que inventa un orden y vive otro. Es la antitética relación de lo público y lo privado, en la cual media el deseo de poder como distancia entre el uno y el otro. De manera similar, podemos ver que en el relato final, “Soltando nudos”, prevalece nuevamente un guardia de seguridad –representante del orden, de los intereses del estado ordenador, los ojos del panóptico- que violenta y hostiga a los jóvenes homosexuales, como un placebo para su propia homosexualidad negada como imagen pública, pero acogida en sus debilidades íntimas. La violencia del guardia obedece a su deseo de destruir aquello que le recuerda su verdadero ser y sentir.

Igualmente, el tema de la religión que observa benévola pero servida a sus propios intereses se repite en “Entreé 8 Eme”, relato en el cual, al igual que el de “La esposa del pastor”, la iglesia es un vórtice de confluencias, un punto común, una designación espacial para los encuentros. Pero también apela al recinto de paz espiritual. Y en cierto modo, si en “La esposa del pastor” la paz espiritual llega en conformidad con el aplacamiento del deseo carnal, en “Entreé 8 Eme” llega a modo de conciencia tranquila. En esta narración, Isabelle delega la custodia de su hija al Padre Bernard. “No sé adónde llevarme mi historia y las palabras no me sirven de mucho ante el dolor que me confunde”, le confiesa Isabelle al pastor. En sentido de culpabilidad, ese residuo del deseo mal infundado, la ataca: “Se sintió desnuda, como si todas las miradas le señalaran el mal que, aunque todavía un secreto, le traía a aquel lugar: la vida dura de Yaundé”, nos dice con anterioridad el narrador. Isabelle, cuya congoja primordial parte de haber perdido a su marido, no hace otra cosa que repetir su propia historia, pues ella había sido delgada a las manos del pastor unos cuantos años atrás. Es la falta de esa otredad complementaria, ese vacío al cual van a parar los deseos que ya no tienen objeto, lo que la angustia.

Otros relatos como “Willo”, “Mafia especializada”, “Los espíritus del Hotel Floyd” y “Cegados por las luces” abren un abanico espectral de posibilidades temáticas que no necesariamente enfocan en la preferencia sexual de sus actantes y esto sirve como prueba de que a Moisés Agosto le interesa la vida como acto, no como región o segmento aislado. Como me apuntara una vez el poeta Miguel Náter, “ser gay no implica que uno tiene que reducirse temáticamente”. Así, el relato “Willo” enfoca más hacia las discusiones redefinitorias de la transnacionalidad y la identidad que al hecho de que tanto el personaje principal del relato, Carlitos, como el que da título al relato, descargan su subsistencia en la prostitución masculina. El deseo cumplido tiene un precio. “Eres un jabao, Willo” le revela Carlitos a su amigo mientras lo seduce. “I’m a Puerto Rican, and you are a gringo, but look, we are the same”. Willo sonríe en ese momento donde se descubre a sí mismo entre zonas grises y claroscuros: queer e híbrido.

Sin embargo, como domina en el relato “Mafia especializada”, una especie de fármaco-relato, la mayoría de estos cuentos transparentan un neorealismo formidable y sutil que orienta hacia los espacios de supervivencia, no importa si hablamos de países de primer orden, tercermundistas o cuartomundistas. Queda al relieve, entonces, el magistral manejo de los nudos argumentales que atan los conflictos de carácter ético de los personajes, lo que hace de Plagas del deseo una lectura alcanzable en diversos niveles, una lectura de capas por una escritura capaz. Sobre todo, Moisés Agosto empodera a personajes abatidos –aún aquellos que viven con acceso a las esferas de poder residen de manera oculta y marginal- y les da voz, que es como decir Moisés les permite articular y recorrer esa anatomía del deseo.

En los cuentos de Moisés Agosto, como para Blanchot, el deseo querrá realizarse mediante la falta de lo que desea. El lenguaje llena ese espacio imaginario y, al enunciarse, quiebra el pacto entre el sujeto y su objeto y se hace intransitivo. Entonces, emerge la necesidad del que enuncia, del que pide, del que narra. 

En el universo, el deseo no es de nadie, sino del que lo necesita.

Dos días y dos encuentros en el tiempo conmigo mismo.

Anoche anduve de librerías con mis estudiantes poetas. Muchos se sorprendieron de descubrir que, en efecto, su profesor de redacción poética era poeta. No hard feelings. Quedé delatado cuando al entrar a una librería del distrito libresco de Río Piedras y encontrar una copia perdida de mi primer poemario, Embudo: poemas de fin de siglo.

Hablo de aquel tomito 5x8 que solamente tiene un collage de cortes de periódico por portada y el nombre del autor. Y el título del libro, claro. Todo lo demás queda en ausencia: información del autor, ISBN, información en el lomo.

Mi primer libro. Para los gustos, los colores; para que le guste a alguien, los grupos literarios; pero para primer libro, solo uno.

La realización de aquel libro pasó por mi mente como si hubiese sido ayer. La lectura que le hizo José Luis Vega. El préstamo que hice para lanzarlo. El lanzamiento. Y sobre todo, cobrarlo.
Con lo que gané de la venta de aquel artefacto insípido me di un viaje a Miami con Ana Ivelisse.

Y entonces, llega la mañana, abro el correo electrónico y recibo la recomendación del día de Amazon. com. "You might be interested in these items:...", decía. El primero de la lista era Correr tras el viento.

Es una alegría sobria, tranquila, personal, que ahora se hace pública.

Se logran cosas. Sí.

Nada. Que lo que se dice -o se escribe- siempre, tarde o temprano, alcanza a uno.


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