Casa tomada II: el trolleo social de los capos



La escena se asemeja a un vídeo musical de reggaetón. La cámara –en manos de un focalizador a quien nunca vemos- recoge las manifestaciones de los autodenominados «Capos» de Covadonga en respuesta a los comentarios de Sariely Rivera Santiago en el ya notorio vídeo donde la joven, junto a un grupo de amigos, quedan presos de las ráfagas de disparos de balas durante la celebración de despedida de año. Los rostros van de los capos no se ven: vienen encapuchados, mientras la filmación transcurre. El portavoz se dirige al país como un líder de estado. Agita las manos y habla en tono agresivo. A sus espaldas, otros encapuchados sostienen un cartel que lee “No más tiros al aire en Puerto Rico”. Lo intrigante del video es que el signo semiótico de mayor impacto es el lugar donde se filma: en exteriores, particularmente en las gradas de una cancha de baloncesto.

Somos espectadores, dice la composición gráfica.  Los disparos no los hicimos nosotros, dice el porta voz. Es puro PR, y no me refiero a Puerto Rico, sino a public relations.

Mientras el vídeo de la joven Rivera Santiago captura imágenes atrapadas en un espacio de encerramiento, los autodenominados «capos» respiran en los espacios abiertos. Aquí está expreso el orden alternativo que yo comentaba en mi anotación anterior. 

Los que hablan son los «capos», expresión popularizada por las mafias italianas y que significa «la cabeza», entiéndase «los líderes». Son cabezas sin rostro. Estos no son las caras lindas de mi gente, porque la ocultan. ¿Cómo tienen voz? ¿Quién los eligió jefes? ¿O es que se creen dueños de algo? Es un «trolleo» a la calma social, con la diferencia que la fanfarronería no es virtual y no se resuelve con un mero "block". 

«Este es mensaje es para ti, la que hizo el video», dice el portavoz: «nosotros no tiramos. Dime dónde hay alguien muerto en Trujillo (Alto), dime dónde hay un herido de Trujillo». 

Aparte de lo que se entiende como una amenaza personal, es una lógica forzada. Es un silogismo de lógica oportunista: hubo disparos, no hubo muertos: no fuimos nosotros, establecen los capos. O sea, ¿de haber muertos o heridos hubiesen sido ellos? En mi pueblo le llaman a este tipo de trampa retórica “pegarse el tiro en el pie”.

La bala es más rápida que el sonido.

Por supuesto, el hecho de los capos reclamen que no hubo heridos o muertos denota la magnitud de la estupidez. Dependiendo del calibre y del tipo de arma –y a menos que uno sea inexperimentado o idiota, nunca se dispara directamente en posición vertical-, una bala disparada al aire viaja entre 1 y 5 millas de distancia. O sea, la víctima de la bala puede que se encuentre alejada de las inmediaciones de la detonación y sin ni siquiera haberse enterado de que alguien disparó.

Y luego, las palabras que probablemente nadie ha pesado porque se repiten tanto a diario que van anidándose con comodidad en nuestra vida ciudadana: «Las reglas de la calle son de la calle… el que rompa esas reglas, pagará las consecuencias».

Es otro mundo. Son otras reglas. Es otro orden. Por tanto, es tanto negación y rechazo del presente estado social de las cosas. Y no se trata de convivir con las maneras estipuladas y aceptadas en nuestro contrato social. Al parecer, ellos tienen otra propuesta. Y el que no esté de acuerdo, «pagará las consecuencias».

Y ahí los tenemos.

¿Qué es lo próximo? ¿Cargarse a todo el que disienta? ¿A todo aquel que no esté de acuerdo? ¿A todo aquel que no les dé la razón?

Los capos de Covadonga cibernéticos; los capos mediáticos; los capos del terror, son parte de lo que hemos construido.

A ver cómo bregamos con ésta. 


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