Poe, el héroe



Siempre he comentado que ciertos personajes poseen la posibilidad caníbal de devorarse a su autor. De aquí que, en nuestros estantes, mesas de noche y esquineros, todos tenemos un Quijote, quizá hasta acompañado por Sancho, pero pocos exhiben un busto de Cervantes. El Quijote ya tiene dimensiones de vida propia, como lo tienen Romeo y Julieta en la ciudad de Verona, o, según hemos visto recientemente, Sherlock Holmes y su flamante sidekick Watson. Sin embargo, pocas veces el autor es tanto su propia ficción sin serlo, como es el caso de Edgar Allan Poe.

Las devastaciones están ahí: abandonado por el padre, huérfano de madre a los 2 años, vida en hogares adoptivos, alcoholismo precoz, soldado por necesidad y escritor rechazado. Casado con su prima de 13 años, cuando él tenía 27, ahora Poe llega como héroe al celuloide en la película The Raven, título de uno de los más logrados poemas de la historia de la literatura y que responde a su autoría.

La trama se asemeja a (¿parte de?) la trama de la novela The Poet, de Michael  Connelly, donde un asesino en serie utiliza los poemas de Poe para dejar pistas de su próximas ejecuciones. En The Raven, un asesino comienza a calcar las historias de Poe para cometer sus crímenes, provocando que sea el propio Poe (encarnado por John Cusack) el primer sospechoso de los asesinatos.

Poe siempre fue un escritor subestimado por sus coetáneos. Vivió atormentado por los fantasmas de su pasado y encallado en dependencias químicas y emocionales que le llevaron a su muerte a los 40 años, en pleno apogeo creativo. No es hasta que Charles Baudiliere traduce parte de su obra al francés que Poe comienza a cobrar vuelo entre los franceses, dando inspiración tanto a parnasianos como a simbolistas, de donde llegó hasta Rubén Darío para alentar los primeros vientos del modernismo.

Y del modernismo salimos todos, de algún modo. 


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