Donde habitan las Musas



Museo, como se desprende del origen de la palabra, es el lugar donde habitan las musas. Por tanto, atentar contra un museo es un intento por desahuciar las artes.

Los museos son espacios públicos que por un lado vienen destinados a ordenar las sociedades y por otro a fungir como actores de cambio social. Los procesos de colección, preservación histórica y protección de la memoria son conjuntos de actividades que producen un valor social.

Que conste: no todo deseo de orden es signo de dominancia social. El orden es lo antinatural en el ser humano. El desorden es fácil, porque es natural. Por tanto, los elementos con los que construimos nuestra vida (como pensar, hablar y escribir) requieren orden, sintaxis y lógica para hacernos entender. Igualmente, las sociedades han de ser ordenadas para su funcionamiento y bien común.

Así, en cierto modo, los museos proveen una oportunidad de tocar la memoria histórica que da cohesión a una comunidad o pueblo, de liberarse de la violencia de la ignorancia. Los museos se organizan en modos instructivos para la transmisión de conocimiento y con ello, la posibilidad del avance en la medida que fomentan un bien social (como el sentido de cohesión o aprecio por el valor humano de la creación), educativo (siempre se aprende de otros pueblos  y culturas), artístico (fomenta a responder a la creación con más creación) y económico (un sujeto más culto tendrá mayores capacidades para pensar soluciones a los problemas que debe superar para su éxito social). En fin, hablamos de la afirmación de una identidad personal con el fin de crear una identidad plural y colectiva.

Verse entre diferencias. Hacerse de diversidades.

Atentar contra un museo o pretender disminuir su utilidad, como recientemente ha hecho en Puerto Rico el líder de la mayoría en el Senado, Thomas Rivera Schatz contra el Museo de Arte de Ponce, no es nuevo ni original. Se sabe que los museos no solo convocan el pasado, sino que también provocan el futuro. El entendimiento y la tolerancia se suscitan entre sus paredes a la misma vez que el debate y el cuestionamiento que surgen de las tensiones entre las múltiples perspectivas que cohabitan en dicho espacio.

Ha dicho William Boyd, en “Museums as Centers of Controversy”, que los museos miran hacia adentro. Y en su introspección, hacen que uno se piense a sí mismo.

Tal vez atentar contra un museo es sugerir la disolución de un carácter; tal vez sugerir su inexistencia sea un silencioso genocidio.



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