/sintaxis/repetida/


Bar Code

Un sábado de mayo durante el año 2003, los trescientos residentes de Ponetovice asintieron convertirse en representaciones de sus propias existencias y agregarse al documental de Katerina Seda, There is Nothing There (2003). La pequeña villa en la República Checa se someterían a la voluntad de la directora del filme, quien dispondría las actividades diarias que los habitantes realizarían diariamente. Nada extraordinario les fue solicitado a los ponetovicinos: así, ir de compras, almorzarse una albóndiga, dar un paseo en bicicleta, compartir una cerveza y regresar a la casa a un mismo tiempo, se tradujo en narración fílmica. 

Los habitantes de Ponetovice solían quejarse de que nada interesante ocurría en la villa.

Al orquestarse como acciones simultáneas, las faenas del diario vivir adquirieron liminidad. De pronto, había conciencia de similitud y simultaneidad. Un ritual, lo llamo Catherine Wood en Tate. La uniformidad que se aprecia en las fotos recrea una gran coreografía, notas de una sonata monótona, o una sintaxis repetida. 

El trabajo de Sedá intenta de algún modo redefinir las fronteras del arte y de lo artístico. Crear sentido particular en las resonancias sociales y públicas y llevarlas a la memoria, al retrato en movimiento, al filme. Las voces se acallan por las acciones. Las imágenes son casi un post-poema de la hiper-contemporaneidad. 

Una impresión bastante parecida me deja el creciente afán de habitar las redes sociales como Facebook y Twitter, que en Puerto Rico han venido a desplazar, en muchas ocasiones, la tridimensionalidad de la visita a la casa, el almuerzo con amigos, el presenciar un espectáculo en grupo o compartir una cerveza o un café. Todo ello, que conste, ocurre, pero los encuentros son virtuales. Y nos entendemos en ese ímpetu.

Dadas las recientes negaciones de la espacialidad (ya sea a causa de falta de tiempo, asuntos de seguridad pública o carencia de lugares en los cuales coincidir), hemos creado una coreografía distinta. Formulamos rituales en palabras. Qué comemos, adónde vamos, dónde estamos, qué pensamos. Es una danza de letras. Cuerpos de palabras, por utilizar mi frase preferida de Lacan. Es un documental on-going y sin pausa, causalidad de lo efímero, ante el cual, a veces, uno a simplemente se resume a ser voyerista y, en otras, es interlocutor partícipe. 

La fluidez del movimiento consiste, muchas veces, en decir todos la misma cosa, estar de acuerdo en los mismos puntos de vista y, a la larga, crear lazos de solidaridad en una uniformidad abstracta, ideológica y cerrada. La variante suele atenuarnos como elemento de matiz cuando alguien comenta algo que rompe el tiempo. Las diferencias entonces son rechazadas: son disruptivas si se toman desde la óptica de la defensiva; son invasivas cuando originan como ofensiva. En el medio más eficaz de representar estas nuevas maneras de metafísica de las relaciones interpersonales, el asunto puede tener final feliz con un “unfollow” o con medidas más radicales como el “block”, ambas armas eficaces para el que acompasa como para el que descompasa. 

Atribuyámosle libertad de expresión. Y también, de derecho de asociación.

Como en el filme de Seda, se trata de oscilar entre la espontaneidad y lo programado para, al final, revelar las maravillas de compartir actividades más que el horror de la monotonía. Lo que era predecible se convirtió en rito, en motivo de conversaciones y veladas. 

Y todo esto se transpone a la interacción de las redes sociales, que se han convertido, sin duda, en una extensión de la experiencia, una amplificación de la manera en que construimos y consumimos la cultura, o un giro definitivo hacia los nuevos tiempos de la transmodernidad. 

Queda, así, una nueva gramática donde se reafirma la multiplicidad en la uniformidad, las aristas de la identidad (ya diversificada en una ciber-identidad), o las posibilidades de una lógica del simulacro. 


Imagen: Popsop


You may also like

Blog Archive