Cambio de piel: muere Carlos Fuentes

Carlos Fuentes en la Universidad de Puerto Rico

A Carlos Fuentes le conocí por obligación, cuando llegué a aquel curso de español de Aida Elsa Ramírez Mattei, durante mi primer año de universidad, y todo lo que leímos fue Carlos Fuentes y los libros de la profesora. Ya venía yo equipado con la lectura de Aura y era todo lo que conocía, hasta que me enfrenté a La región más transparente y a La muerte de Artemio Cruz.

Hoy, a los 83 años de edad, Carlos Fuentes abandonó esta fase de la vida. Fundador y editor de varios jornales durante las décadas de los ’50 y ’60, tales como la Revista Mexicana de Literatura, El Espectador, Siempre, y Política, Fuentes publicó su primera colección de cuentos en 1954: Los días enmascarados, en donde desuella la tradición mexicana que Fuentes pensaba que apartaba a México de la modernidad. Dicho tema entonces es elaborado en forma más amplia durante la primera novela, La región más transparente (1958), donde Fuentes ensaya con personajes prototípicos que funcionan más en su carácter actancial que en su dimensión de individuos, haciéndoles parecer marionetas portadoras de símbolos, un criterio prohibido o quizás no recomendado en la construcción narrativa, pero que Fuentes, magistralmente, manipula a su favor.

Lo curioso de la novela es la decisiva y admitida influencia del Manhattan Transfer de John Dos Passos.

Seguro que Carlos Fuentes era un hombre muy leído, más allá de la frontera, cono sur abajo y allende el océano Atlántico. Sin complejos.

De La muerte de Artemio Cruz (1962), se dice que es su obra más sobresaliente. Los juegos de focalización narrativa y punto de vista –intercalando primera, segunda y tercera persona- denotan una admiración por Henry James, quien también influye en su Aura (1961). 

La muerte de Artemio Cruz nos presenta a Artemio, un peón de la Revolución Mexicana convertido en capataz de una industria y dueño influyente de un periódico sindicado, que al momento de la narración se enfrenta a su muerte –la cual se nos da en doce episodios que va repasando desde sus días de la revolución hasta el presente. En todo caso, es Artemio desdoblado y hablándose a sí mismo.

De aquel curso de español, pues me quedan las lecturas. De Fuentes, su maestría.

Nominado varias veces al Nobel, Fuentes ha logrado hacer su narrativa una mezcla de arte performático escriturario, que se mira a sí mismo, y a la vez social y político, que apunta a lo nacional mexicano.

Y probablemente esa sea su mejor contribución: que aún cuando escribe acerca de México, nos enseña del resto del universo.

Que descanse en paz Carlos Fuentes.


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