La reinvención de la librería: llega Libros AC



En los tiempos de la cibernética, mucho se ha hablado sobre el malestar de la piratería, e incluso varios autores que conozco me han manifestado que su principal temor hacia la oleada de plataformas electrónicas es ver su obra reducida a copias de copias de copias. En la industria de la música, muchos artistas parecen haber hecho las paces con el hecho de que no vivirán de la venta de discos compactos, sino de las presentaciones públicas que hagan para tocar su arte. Por ello, el mayor enemigo de los artistas no es la piratería: es la oscuridad.

Cuando transponemos el tema a los libros, el asunto no parece tan sencillo. El único género intocable por el capitalismo y que se pudiese prestar a giras o presentaciones es la poesía, y aparte de conseguir vender unos cuantos libros, el poeta nunca espera un cheque al final de la lectura.

De ahí que al escritor necesariamente tenga que convivir con una realidad dual: la del libro en soporte electrónico y en papel, sin que una suponga la desaparición de la otra.

Pero, ojo: oído en tierra todo el tiempo.

A fin de cuentas, la crisis ha golpeado duro a la gestión editorial alrededor del mundo, y se prevé un alza mayor en las ventas de libros electrónicos, como se ha registrado tanto en España como Estados Unidos, las dos mecas productoras de libros en español y en inglés, respectivamente.

Cualquier gestión para divulgar la cultura es loable. Y cuando se trata de librerías, ya no basta la formula tradicional de vender libros exclusivamente, sino que se advierte el llamado a la imaginación para que pierdan su hálito de mezquita. Ya no bastan las presentaciones ni las lecturas. La librería contemporánea es un café, un espacio cultural para la socialización, un teatro, un bistro y hasta un bar.

Michelle Chevalier, coordinadora de proyectos de la Confederación Española de Libreros, dice que las librerías deben apostar incluso a lo más extravagante. En el artículo "Las librerías se reinventan a golpe de ingenio", publicado en 20minutos.es desde la laptop de Adolfina García, Chevallier recomienda "acuerdos con bodegas para que hagan un vino relacionado con los libros y ambos negocios se publiciten el uno al otro; o escaparates específicos para promocionar un libro en colaboración con el restaurante de enfrente, que elabora un menú sobre esa novela".

Incluso, las librerías han comenzado a agotar su catálogo con ventas de libros por kilos, pero a pesar de otros esfuerzos, como mantener un fondo editorial sólido, la atención personalizada, los escaparates ingeniosos y provocadores, ninguna librería sobrevive sin presencia en la Internet. 


El más reciente esfuerzo proviene de manos de los editores de Eterna Cadencia, editorial argentina que junto a una agencia de publicidad han desarrollado El libro que no puede esperar, publicación en soporte de papel impresa con una tinta especial que, al contacto con el oxígeno, comienza a desaparecer. 

Su tiempo de duración es de dos meses y la postura que articula el proyecto es el de comprometer al comprador con la lectura del texto antes de que se disuelva en el aire. Pese a que personalmente no le concedo otra virtud que la de comprar el libro y nunca abrirlo, para así conservarlo como pieza de colección (lo que contraviene al mismo principio de hacer que se lean los nuevos autores), el mero hecho de que el atractivo publicitario se convierta en metonimia de la pérdida de la cultura de los libros me parece genial. 

El asunto es salir de la oscuridad, aunque sea para llegar a la liminalidad de la memoria.

Incluso, uno de los desencantos que llevó a mi retiro como editor de libros fue el asunto de la limitación de puntos de ventas, esa inefable realidad que lleva a las editoriales a hacer tiradas de 50 en 50, algo para lo cual, francamente, no me entrené profesionalmente.

Así, en Puerto Rico, el anuncio de la llegada de Librería Libros AC a la zona de San Juan es una noticia que acontece con los brazos abiertos. El amigo Samuel Medina, gestor de Agentes Catalíticos, revista y proyecto editorial, es el principal cerebro en esta nueva empresa que promete alimentar el hambre de libros de aquellos lectores que necesariamente no son el público del circuito de las librerías académicas. 

Libros AC no sólo será librería; será barra y bistro. Un gran acierto, sin duda.

Como dice su publicidad: se trata de leer, comer y beber. Enhorabuena, que el resto llega.




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