el regreso del pulp

foto: @PulpShakespeare

De pronto, las historias comienzan a parecerse a todo los años 30, cuando el whiskey todavía era ilegal y Hitler era un autor best-seller. 

Luego de la infusión de publicaciones que se da al mundo durante las primeras dos décadas del siglo XX, en las que Puerto Rico incluso promovió siete movimientos de vanguardia, la industria del libro se enfrentó a un reto superlativo cuando gran parte de la población mundial se encontró devastada por el desplome de la economía. En su posicionamiento como producto cultural, el libro era un lujoso objeto de consumo para aquellos privilegiados que gozaban de poder adquisitivo y que se distribuía a través de un circuito de pequeñas librerías. En el concepto de alta cultura mediaba tanto quién escribía como quién consumía el texto. Mas al ser impactadas, muchas de estas librerías se vieron forzadas a cerrar sus puertas mientras las calles se poblaban de pobreza.

Simon and Shuster, en aquellos días de devastación financiera, ideó el mecanismo de la devolución para aliviar el peso de los libreros, quienes entonces ya podían adquirir la mercancía y devolver aquellos ejemplares no vendidos a cambio de un crédito. Este sistema aún impera en el negocio del libro, por lo que podríamos argumentar que el mundo del libro en el siglo XXI aún depende de estrategias económicas del siglo XX.

Pero la necesidad es la madre de la invención, dijo Platón. 
La literatura pulp encontró su momento. 

Había otras historias que contar. Otros espacios que construir.

El pulp, o pulpa, es un tipo de papel poco refinado, hosco, generalmente bajo en costo, que, dadas su características, era idóneo para la impresión de libros y revistas de baja calidad, y por ello admitían un precio accesible. Dados sus bajos costos de producción, un autor que hoy clasificaríamos como de “alto riesgo” podía publicar su obra con poco margen de pérdida. Generalmente, el autor trasgresor, el que pulsaba a destiempo contra el establishment, era el beneficiado.

Probablemente, de modo conceptual, las publicaciones pulp trazan sus orígenes a principios del siglo XIX, pero no es hasta que un ambicioso editor llamado Frank Munsey descubre en 1896 una manera de abaratar costos y masificar la literatura como entretenimiento y edita Argosy, que, hoy día, junto a Adventures, Short Stories y Blue Book, constituye una de las revistas pilares de la plataforma.

Ya en plena recesión mundial, Munsey buscaba una manera de llevar entretenimiento a las golpeadas clases sociales que, dada la debacle laboral, contaban con demasiado tiempo de ocio. Es entonces que la literatura de imaginación, la ciencia especulativa, el cuento detectivesco, el Western y los romances adquieren un público lector masivo. En efecto, el narratario determina el texto, por lo que nuevas políticas editoriales apuntaban a resaltar textos de lectura fácil y ligera: oraciones cortas, párrafos de pocas oraciones con claridad de idea, personajes de interés humano y conflictos descifrables. En fin, todo lo que la crítica rigurosa del momento deploraba.

El pulp se convirtió en el principal medio de entretenimiento para las masas aburridas y desempleadas. Ray Bradbury, Isaac Asimov, William Burroughs, HP Lovecraft, Philip Dick y Agatha Christie son tan solo algunos de los nombres que dieron a conocer su firma en las publicaciones pulp. Dos acontecimientos particulares, no obstante, interrumpirían el ascenso de la línea editorial: primero, la Segunda Guerra Mundial, que encareció el proceso de publicación; y, segundo, la llegada de la televisión, en la cual muchos de los autores pulp modularon hacia programas como Amazing Stories y Twilight Zone.

Y todo parece 2012. 

Si bien la literatura pulp se desarrolló predominantemente durante una época donde la palabra escrita era el indisputable alto decir del lenguaje, la modalidad migró a la radio, la televisión y el cine, propulsada por las condiciones sociales y económicas de la época.


si bien le debemos mucho al Pulp Fiction de Tarantino, también podríamos argumentar que condiciones similares a las señaladas han sugerido el auge del pulp literario como libro electrónico durante la segunda década del siglo XXI. El colapso económico, la falta de empleo, y la democratización de la tecnología ciertamente han hecho que gran parte de nuestra experiencia de vida concurra en la Internet. A todo esto, a crisis financiera post 9-11 ha sumido a las empresas culturales de la palabra impresa en precarios planes editoriales en los que se ha recurrido a todo, desde tirajes más cortos hasta limitar las adquisiciones anuales de originales, puesto que las plataformas electrónicas han avanzado a una velocidad mayor que la tradición. Las redes sociales, los blogs y las plataformas electrónicas han sacado al pulp de su altar de polvo en el diván, y hoy día una nueva camada de escritores apuesta a ganar lectores de historias de vampiros, zombies, fantasía, ciencia especulativa y hasta soft-porn.

Dicho de otro modo, el cambio de contenedor del texto no tan solo ha logrado abaratar el precio de acceso al libro, sino que ha permitido que la toma de riesgos sea mayor y consecuente con un amplio espectro de posibilidades. Tal es el caso del fenómeno editorial de Fifty Shades of Grey, de la escritora E.L. James, el cual, indistintamente de cuáles sean sus atributos literarios, o en su defecto, la falta de ellos, nunca hubiese sido publicada tan solo diez o quince años atrás.

Pero lo que me interesa de James es la locura del método: la novela fue destilada a través de su laboratorio de fanfiction dedicado a Twilight, otra obra literaria de dudosas cualidades pero que todos conocemos como un éxito de ventas. (El fanfiction es casi un género en sí mismo ya, puesto que se trata de un hipotexto basado en personajes, libros, ambientes, temas -entre otros elementos-, que desprende de otra obra anteriormente conocida). Sus primeras apariciones fueron en tinta digital a través del blog de la autora, como autogestión editorial. Y así, la literatura erótica se convierte en género de amplio consumo, aunque la historia no deje de ser una reinvención de otra obra más polémica en su momento: The Story of O (1954), de Pauline Reage (alter ego literario de Anne Desclos).

La formula de obras como la de James no es nueva: lectura fácil y ligera: oraciones cortas, párrafos de pocas oraciones con claridad de idea, personajes de interés humano y conflictos descifrables.

En la Argentina acaba de nacer Saqueos en Greiscol, una colección del sello Clase Turista, que da a prensas cuatro títulos de literatura pulp con el fin de reivindicar los injustamente llamados “subgéneros” literarios. Breves y de acción efectiva, estre los títulos se menciona "El tucumanazo" de Esteban Castromán, "Tony" de Jorge Chiesa, "Las mellizas del bardo", de Hernán Vanoli y "El cañón de Vladivostok" de Gerardo Salinas, en el que “la sintonía narrativa va de la mano del "elsewhere" o, simplemente, qué sucedería si se extrapolara un mundo en otro”, según señala el parte editorial.

Este esfuerzo se suma a las historias de zombies. Vicente García, editor de Dolmen, casa editorial española, afirma que, en lengua hispana, todo comenzó con Apocalipsis Z, de Manuel Loureiro, con la trilogía de Los Caminantes de Carlos Sisí, y la tetralogía de Apocalipsis Island del propio García, quien afirma: “Eso significó el despertar de un público latente que estaba ahí desde hace tiempo esperando encontrarse con libros de zombis”. Lázaro González-Pérez De Tormes tiene a “Lazarillo Z. Matar zombis nunca fue pan comido”; Juan Ramón Biedma, “Antirresurrección”, y J. L. T. L. (seudónimo de José Luis Trueba) pronto dará a prensas Una novela de amor, zombis y desgracias cotidianas.

Hace unos años, ya la revista cibernética Derivas recopiló una serie de escritos bajo el nombre de Derivas Pulp, antes incluso que la novela negra en Puerto Rico se convirtiera en trend local.

En la mayoría de los casos, estos libros, como el caso de Fifty Shades of Grey, son adquiridos desde la intimidad de la tableta, donde ningún snob que merodea las librerías con sentido de superioridad, pueda mirarle por encima del hombro. 


Y a mejor precio. Como todo un e-pulp.



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