Los libros que alcanzan a uno


Dos días y dos encuentros en el tiempo conmigo mismo.

Anoche anduve de librerías con mis estudiantes poetas. Muchos se sorprendieron de descubrir que, en efecto, su profesor de redacción poética era poeta. No hard feelings. Quedé delatado cuando al entrar a una librería del distrito libresco de Río Piedras y encontrar una copia perdida de mi primer poemario, Embudo: poemas de fin de siglo.

Hablo de aquel tomito 5x8 que solamente tiene un collage de cortes de periódico por portada y el nombre del autor. Y el título del libro, claro. Todo lo demás queda en ausencia: información del autor, ISBN, información en el lomo.

Mi primer libro. Para los gustos, los colores; para que le guste a alguien, los grupos literarios; pero para primer libro, solo uno.

La realización de aquel libro pasó por mi mente como si hubiese sido ayer. La lectura que le hizo José Luis Vega. El préstamo que hice para lanzarlo. El lanzamiento. Y sobre todo, cobrarlo.
Con lo que gané de la venta de aquel artefacto insípido me di un viaje a Miami con Ana Ivelisse.

Y entonces, llega la mañana, abro el correo electrónico y recibo la recomendación del día de Amazon. com. "You might be interested in these items:...", decía. El primero de la lista era Correr tras el viento.

Es una alegría sobria, tranquila, personal, que ahora se hace pública.

Se logran cosas. Sí.

Nada. Que lo que se dice -o se escribe- siempre, tarde o temprano, alcanza a uno.




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