Post Dada: los cuentos de Gean Carlo Villegas


Gean Carlo Villegas, escritor


Primero, lo que leerán a continuación no es una reseña, sino un artículo literario para el que quiera consumirlo. Segundo, lo que leerán es simplemente un intento de entender a un escritor que es difícil de despachar con modificadores genéricos como “gran” o “excelso” pareados con el signo “escritor”.  Se trata entonces de tomar la obra como cuerpo del deseo, aunque, en el caso al que aludiré, el autor sea el propio tejido textual casi de manera indisoluble. Me refiero a Cuentos post-retro y sub postretro, de Gean Carlo Villegas.

Confieso y admito que mi lectura viene avivada por ese narcisismo de haber visto nacer muchos de los siete cuentos incluidos en esta segunda edición de la colección. Hay tres (tal vez más, quizá menos) que recuerdo haberse producido en uno de mis talleres de creación literaria, y otro cuya corporalidad estructural desprende de uno de mis ejercicios predilectos a la hora de enseñar un taller de narrativa: la caza de personajes. Pero lo sustantivo es que el conjunto de narraciones transita en un marco de tiempo de una semana, de lunes a domingo, con una polifonía de personajes rescatados del cruce realidad circundante y la mente perversa de Villegas.

Villegas es un provocador. Rebasa las abstracciones. De ahí que su libro no pueda ser otra cosa que una invitación a la trasgresión, una remoción del comfort zone del lector para adentrarlos en ese imaginario donde los tabúes corren libres y desnudos como ninfas en un bosque. 

Es una mitología extraña la de estos cuentos, pero al fin y al cabo, se enuncian con claridad de objetivo: trasgredir.

El primer cuento, “Lunes”, se marina en cierto nihilismo dadaísta y evoca uno de los temas olvidados de la literatura puertorriqueña, que es la historia de los veteranos de guerra. La premisa es simple y efectiva: un veterano de la guerra de Irak observa un match de tenis femenino y ante los gritos de la mujer, el observador rememora otros ruidos bélicos. En cierto momento, el partido de tenis es recreado textualmente a manera de poema concreto, haciendo que la vista del lector imite la mirada tras la pelota según recorre ambos lados de la cancha. Los gritos van tornando decibelios desde la semejanza de los gritos de la tenista a los gritos durante un acto sexual hasta los gritos de mujeres, niños, colegas y  otros que “murieron gritando”. Al final, el narrador pierde el control, se abalanza sobre el cuerpo de la tenista hasta que los gritos degradan a gemido y finalmente cesan. El cuento termina en silencio.

“Martes” es por mucho mi relato favorito. Trae todo el beneficio de las lecturas de William S. Burroughs, particularmente Elalmuerzo desnudo y La máquina blanda. Es un relato surreal servido como metáfora del escritor fracasado, Sogólonom Spartnik, homosexual que decide pagar a alguien para que lo asesine (que es el narrador), que resulta ser uno de sus propios personajes. El cuento trasgrede hacia los confines la metaliteratura con la subrepticia delicadeza de una danza de sombras chinas. El final es espectacular: mientras Sogólonom le práctica sexo oral, el sicario-personaje se convierte en una especie de pistola humana y eyacula un disparo que le revienta los sesos al escritor. El personaje, exhausto,  cae al piso, exhalando humo por la boca.

Ese cuento nada más merece la lectura del libro.

Por supuesto, la dureza del realismo de cuentos como “Sábado, o duermo con la puerta abierta” equilibra el libro y nos remite a una condición de lectura que nos aleja de pensar estos cuentos como caóticos y desorganizados. Todo lo contrario: aquí hay una mente (¿ya dije perversa?)que selecciona elementos en exista previamente y los reordena a gusto. En “Sábado”, el abuso sexual de la niña narradora queda expuesto por ella misma a través del estilo indirecto libre en el cual entabla una dialéctica confesional con su madre.  Cuando admite al final que los compañeros de su madre (mujer divorciada y en búsqueda de una pareja fija) entran al cuarto de la niña, nos queda la perversión:

“Lo mejor que pueden hacer [los novios de la madre] es que la abandonen, que se vayan para siempre y le den la oportunidad a otro hombre que la quiera de verdad, que le den la oportunidad a otro hombre que no se atreva a entrar a mi cuarto en la oscuridad aunque yo les diga que duermo con la puerta abierta”.  

De los demás cuentos, el que le presta título a la colección, “Viernes, o el bicéfalo sub-post retro”, funciona enteramente como los dos rostros de Jano. Independiente el uno del otro, pero atados estructuralmente, este cuento es una narración de mera apreciación literaria. El narrador de la primera parte, subtitulada “Primera cabeza: los muñequitos”, es un niño cuya madre discute con su madre -nuevamente, y de manera eficaz, representado en el discurso indirecto libre- sobre el futuro que la ha llevado a ser madre soltera. El niño no era deseado por lo abuelos, en particular por el abuelo de la madre, quien habría sugerido, en algún momento previo, un aborto. La segunda parte del cuento, “Segunda cabeza: los anuncios”, es una sátira a la comercialización televisiva, a la vez que el niño observa un anuncio de “Suicide R’ Us”.
            
En el cuento “Domingo, o un paseo por el desierto”, se nos presenta un estilo narrativo más en síncopa con la más reciente novela de Villegas, Osario devivos. El cuento inicia cuando el narrador descubre que su compañera, Marianela, era en realidad un hombre. De ahí que ordena a sus tres sicarios, Mahoma Jadiz, Jesús Cruz y Abrahama Halajá, conocidos como La Trinidad, a dar “un paseo por el desierto” con ella. Y entonces, solo añadiré que en esta escritura es que descubro que Villegas viene del mismo árbol genético que yo.
            
En fin, Cuentos post retro y sub postretro es una acertada selección de relatos.  Es un libro, en fin, sobre la pérdida de la inocencia: inocencia social, religiosa, sexual; un libro político en su factura sin querer abrirse a panfletos. La crítica social nos llega cómoda, montada sobre situaciones maravillosas y recursos estilísticos que nos la venden como entretenimiento. 

Pura cultura pop, sin el afán por la inmediatez. 

Es la espectacularización de la violencia hecha literatura. 

La desgracia como objeto de arte. 

            


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