Decir que las relaciones de producción entre la mimesis (la imitación) y el colonialismo en Puerto Rico se encuentran aún en plena gesta formativa podría parecer hiperbólico para los promotores de la narrativa de la nación, mas no por ello resulta menos cierto. Si para el siglo 16 la Iglesia Católica en Puerto Rico pretendía controlar la mezcla de razas con el propósito de preservar el poder económico, dicha estrategia fue correspondida con un mestizaje cómodo y callado, pero invisibilizado por el lenguaje de la autoridad. 

Y por más de 500 años hemos vestido la tela del mimicry para cubrir nuestra natural desnudez. 

La más reciente prueba de este patrón de conductas producidas por imitación del modelo colonial viene encarnada en la exjueza del Tribunal Apelativo y expresidenta Cameral Zaida Hernández, “Cucusa”, quien en su cuenta de Twitter (que era @malletazo) reprodujo, por medio del retuit, una foto en la que aparece el candidato a Comisionado Residente en Washington, Rafael Cox Alomar, en una parodia no muy compleja: el candidato es comparado con el mono Yuyo, que falleciera recientemente, un hecho que entonces coacciona como analogía de la carrera política de Cox Alomar.



 De pronto, es 1899 y “The White Man’s Burden”, aquel nefasto poema de Rudyard Kipling acerca del imperialismo blanco, repercute con una vigencia caduca pero tóxica en el imaginario boricua.

Take up the White Man’s burden—/And reap his old reward:/The blame of those ye better/The hate of those ye guard”, dice una de las más impactantes estrofas.

El poema de Kipling fue publicado en la revista McClure el 7 de febrero de 1899, a pocos meses de que los Estados Unidos quedaran configurados cartográficamente tal y como le conocemos hoy día por virtud del destino manifiesto, o la creencia de que la Divina Providencia guiaba a la nación norteamericana a la expansión territorial. A Kipling se le conoce mejor por otras obras como The Jungle Book, pero su poema ha pasado a la historia como un cántico al imperialismo de fines del siglo XIX y principios del XX, al ser publicado en un momento que los Estados Unidos debatían si debían conservar las islas Filipinas, obtenidas, junto a Cuba y Puerto Rico, como botín de guerra al cierre de la Guerra Hispanoamericana. 

"The White Man's Burden" es una oda al racismo, al colonialismo, al eurocentrismo y a la creencia en la superioridad de la raza blanca como bien último en la especie humana. Su publicación generó opiniones gráficas como la que reprodujo la exjueza Hernández:


En la caricatura anterior, publicada en The Journal en Detroit, durante 1899. Nótese los rasgos de chimpancé del nativo que es cargado por el colonizador, cuesta árida arriba. 

Pero cuando no éramos animalizados, entonces las nuevas posesiones de los Estados Unidos eran feminizadas y dispuestas como signos de ignorancia y vulnerabilidad. Nótese la postura arrogante del Tío Sam en la siguiente foto, mientras las tres mujeres que representan a Filipinas, Cuba y Puerto Rico, escuchan admiradas el clarín que toca Libertad. 

  
La finalidad última y el sexismo queda provisto en la siguiente caricatura, donde entonces las naciones poseídas, y que van supuestas a superarse, se representan en la figura masculina:


Si bien estas imágenes sexualidad, brutalizan e infantilizan a los colonizados, el reciente issue racial que ha suscitado la imagen de Cox Alomar y reproducida por una figura de la alta esfera política en Puerto Rico como Cucusa Hernández es una mera reproducción del discurso imperialista y caduco que llegó a nuestras playas a finales del siglo XIX. Su mera existencia hoy, en pleno siglo XXI, no deja espacio para pensar que nos falta superar esos modelos de intrusión violenta que obnibulan el futuro. 
Para establecer nuestra propia hibridad como crisol de voluntades, hace falta comenzar a verse como ecuación. 

En efecto, debido a que el proceso de desarrollo de Puerto Rico como país aún no culmina, nuestra evolución racial tampoco. 

No somos (no seamos) una sola cosa. Somos mucho más que tres razas, una narrativa transferida directamente del discurso cristiano católico de la Santísima Trinidad; somos una suma plurivalente y en constante reformulación.

Negarlo es ayudar al hombre blanco a que monte sobre nuestras espaldas.


Christian Marclay

Y yo que he visto el álbum de vinilo y la cinta de ocho pistas ser desplazados por el casete, al que a su vez el disco compacto se cargó, y así, luego todos enterrados en la memoria por el mp3, de pronto me encuentro con un capilla para las peores carátulas en la historia de las grabaciones discográficas.

El espanto es razonable.

Cuando llegué de director de edición a la Editorial de la Universidad de Puerto Rico, mi primer proyecto fue sazonar el arte de carátula de los libros, dado que siempre he creído en la integración de las formas y sus contenidos. Siempre he tenido la impresión que la carátula del libro (o del disco, en este caso) es el comienzo del strip-tease, una lectura erótica del objeto que dejaremos nos posea.

Por supuesto: todos somos una imagen que se semiotiza ante quienes nos miran. 

Es decir, tal vez el amor a primera vista no existe, pero las primeras impresiones son difíciles de superar. Y lo que se visibiliza de manera incómoda tiende a permanecer en ese recodo de desprecio o desaprobación que todos llenamos en nuestro proceso de discriminación. Como todo arte.

Quién me incita la curiosidad a mirar carátulas que deberían catalogarse bajo “¿¿WTF??” es Zoé Valdés, quien en su blog publica tres carátulas infames y luego invita al sadomasoquismo irresistible de ver arte malo.

Así, damas y caballeros de Genérika, luego de visitar varias páginas que honran las peores carátulas de discos, he hecho una selección parcial para nuestro (dis) que (gusto).

Esto no hay manera de explicarlo. ¿O sí?
¿Qué más quieres tú de mí?, es el título del disco. La foto contesta por sí misma.
Oh, por Dios... Kenny Loggins ("Footloose") en su trip mesiánico
Esto sucede cuando Yanni (el niño símbolo de la Primera Dama de Puerto Rico, Lucé Vela) mezcla psicotrópicos y medicamentos para la disfunción eréctil.
Really? Flashdance?
Really? Doggy style?
What the...?
Esta tiene que ser la peor de las peores, porque aparece en todos los sitios de las peores carátulas.
   ¿Gansta Salsa? ¿Y la escopeta? Por lo de Generales, supongo.
Tú amor como el agua en un billar y un tipo hablando por celular. Observe el del medio, en pose napoleónica, o quizás tanteando el arma con el que matará al impertinente que habla por celular.
Alguien que pueda explicarme esto...
...o esto.
Priceless...
Estos son curas que cantan en su tiempo libre. Really.
Yeah, baby...
Once again: What the... ?????!!!
Las siguientes las voy a clasificar en categoría de B-Movie-Like:

Una vez tuve un sueño así.
Sin duda que el daño de las drogas es permanente...
El hermano de Alicia viaja al Caribe.
Trippy...

Y mis favoritas, por supuesto:

Sexy...
Beatnik...
Y mi favorita. ¡¡¡La mejor!!!

No sé, pero al final, termina uno disfrutando. 




El 25 de agosto de 1968 tuvo lugar en Chicago la Convención del Partido Demócrata. Cinco mil personas entre anarquistas, pacifistas, hippies, comunistas, exponentes de la nueva Izquierda, radicales, militantes negros, llegaron a la ciudad y se acamparon en el Lincoln Park. Junto a Ginsberg estaban Norman Mailer, William Burroughs, Jean Genet. La respuesta de las Fuerzas Armadas, inmediata, masiva y violenta hizo historia. Soldados, agentes de policía, detectives del FBI, un total de 24.000 hombres se lanzaron en una despiadada caza al hombre.

Aunque un informe oficial estableció que la violencia fue provocada por las fuerzas del orden, los organizadores de las protestas de Chicago fueron procesados y condenados. Delante de los jueces desfilaron las personalidades más representativas de la nueva cultura norteamericana: entre ellos por supuesto estaba Allen Ginsberg.

Durante el interrogatorio y el contrainterrogatorio, el autor de 'Aullido' salmodió y recitó sus poemas, indiferente a toda clase de burlas por parte de la corte y determinado a explicar las razones profundas de aquellas protestas.



Primer interrogatorio de Weinglass, abogado de la defensa.




P: ¿Podría por favor indicarnos su nombre completo?


R: Allen Ginsberg.


P: ¿A qué se dedica?


R: Soy poeta...


P: ¿Ha estudiado en alguna ocasión en el extranjero?


R: Sí... En la India y en Japón.


P: ¿Puede precisarles al Tribunal y al jurado en qué... consistieron dichos estudios?


R: Mantra yoga, ejercicios de meditación, cánticos, aprender a sosegar la mente permaneciendo en silencio, ejercicios de respiración para sosegar cuerpo y mente..., pero sobre todo una rama llamada mantra yoga, que es un tipo de yoga que entraña oraciones y cánticos.


P: ¿Cuánto tiempo estuvo estudiando?


R: Estuve en la India un año y cuatro meses, y luego fui a Japón, al monasterio de Daitokuji... Allí aprendí los ejercicios zazen para centrar el cuerpo y sosegar la mente.


P: ¿Sigue estudiando con alguno de sus antiguos maestros?


R: Sí, con el swami Bhaktivedanta... Lo he visto y he cantado con él durante los últimos años por distintas ciudades. De hecho me ha pedido que siga haciéndolo, sobre todo en convocatorias públicas.


P: ¿Se le ha concedido algún permiso especial en relación con los cánticos por parte de las personas con las que ha estudiado?


R: Sí, del maestro zen Roshi Suzuki, del templo budistazen de San Francisco, que aprobó mi cántico del Sutra de la Esencia de la Sabiduría, el "Prajna Paramita"... También me lo han dado el swami Bhaktivedanta y el swami Satchitananda de Nueva York, así como la escuela del doctor Rammurti Mishra..., un yogui que fue consejero de la Sociedad de Yoga de Nueva York, por cuyos discípulos fui iniciado en el shivaísmo... Todo esto incluye cánticos y oraciones, tanto en voz alta como en comunidad.


P: Durante el canto del mantra, ¿hay que adoptar alguna postura en especial?


R: Cualquiera que permita que el estómago se relaje y esté cómodo, sin tensiones, para que la inspiración entre hasta lo más hondo del cuerpo y así se relaje por completo, al tiempo que la mente se calma... todo ello, sentado con las piernas cruzadas.


P: Y ¿se trata de... de un cántico que ha de ser en privado o… en público?


Foran: Vamos, señoría, protesto. Creo que ya hemos oído lo suficiente para establecer...


El juez: Creo que me hago una vaga idea de la profesión del testigo. Tengo una vaga idea.


Foran: Me atrevería a decir también que deletrea estupendamente.


[Para facilitar la labor al taquígrafo de la sala Ginsberg ha deletreado todos los nombres de sus profesores indios.]


El juez: Admito la protesta, pero me hago cargo de que al principio ha dicho que es poeta, y también daré crédito a todo lo demás, signifique lo que signifique...


P: Señor Ginsberg, ¿conoce al acusado Jerry Rubin?


R: Sí, así es.


P: ¿Puede señalarlo aquí en la sala?


R: Sí, el caballero que tiene una cinta india en la cabeza...


P: ¿Recuerda cuándo lo conoció?


R: Fue en Berkeley y en San Francisco en el año 1965, cuando las manifestaciones de Berkeley contra la guerra de Viet Nam...


P: ¿Se le presentó alguna otra ocasión en el año 1967 de relacionarse con el señor Rubin?


R: Sí. Volví a verlo en el Human Be-In de San Francisco. Compartimos escenario junto con otra mucha gente.


P: ¿Podría describirles al Tribunal y al jurado en qué consistió el Human Be-In de San Francisco?


R: Una gran congregación de gente joven que se juntó para...


Foran: Protesto, señoría.


El juez: Un minuto, que todavía no estoy seguro de cómo se deletrea "be-in".


Weinglass: Be, e, guion, i, ene, creo: Be-in.


El testigo: El Human Be-In.


El juez: En realidad no puedo rebatir la validez de la protesta porque no entiendo la pregunta.


Weinglass: Le he pedido al testigo que nos explique lo que fue el Be-In. He creído conveniente preguntárselo precisamente porque podía generar cierta confusión, pero se le ha interrumpido en medio de la respuesta.


Foran: A mí también me encantaría saberlo, pero no creo que tenga nada que ver con este juicio...


El juez: Voy a permitir, a pesar de la protesta del Gobierno, que nos cuente lo que es un Be-In.


R: Una reunión de gente joven consciente del destino del planeta que se nos viene encima, gente imbuida por una nueva consciencia y deseosa de ver otro tipo de sociedad, una donde la oración, la música y la vida espiritual sustituyan la competitividad, la propiedad y la guerra... Se produjo lo que vino a denominarse una reunión de las tribus de todos los grupos de afinidad distintos: políticos, espirituales, de yoga, de música y poesía... Grupos que sienten por igual la crisis de identidad, la crisis planetaria y la crisis política que vive Estados Unidos, y que se juntaron todos en la mayor concentración de gente joven que ha habido desde el comienzo de la guerra, en presencia del maestro zen Suzuki, al que mencioné antes, de un buen número de budistas tibetanos y budistas zen japoneses, así como de bandas de rock y gente como Timothy Leary y el señor Rubin.


El juez: [A Foran] Ahora que me lo han explicado, le escucharé.


Foran: Protesto, señoría.


El juez: Se acepta...


P: Bien, veamos. ¿Conoce usted al acusado Abbie Hoffman? ¿Podría señalárselo al jurado?


R: En la esquina de la mesa, a su derecha, con la chaqueta burdeos...


P: Me gustaría ahora que centrase su atención en el mes de febrero de 1968. ¿Tuvo ocasión de ver ese mes a Abbie Hoffman?


R: Sí...


P: ¿Sería tan amable de contarle al jurado de qué trató usted con el señor Hoffman en aquella ocasión?


R: Hablamos de la posibilidad de hacer extensivo el sentimiento de humanidad y compasión del Human Be-In de San Francisco a la ciudad de Chicago, coincidiendo con la convención política, de la posibilidad de invitar a Chicago a la misma gente y a los mismos profesores que habían asistido al Human Be-In de San Francisco en las fechas de la convención, para mostrar un nuevo estilo de vida planetario distinto al que los políticos allí reunidos querían mostrarles a los jóvenes. [...]




(publicado en El Cultural el 14 de abril de 2012)


Valparaíso, el Magnífico no es una novela nueva, aunque por vez primera se publica íntegramente en esta edición de Terranova. Comencé a escribirla en el 2004, luego de la publicación de Gracia, mi segunda novela, cuya trama se trenza entre líneas argumentales que son producto de varios años de estudio sobre teorías de conspiración. El principio formador de Valparaíso era el de crear una ficción que fuera ágil, sin ninguna pretensión de gran obra literaria, pero que fuera divertida e inevitablemente política.

La novela la culminé en enero de 2005 y desde entonces ha viajado de manera fragmentada y desigual. Varios capítulos fueron publicados como notas en mi cuenta particular de Facebook, otros en mi blog Minucias desde Genérika, y un capítulo entero en la Revista Academia del EDP College, a solicitud de su editor, Eduardo Machuca. Sin embargo, fueron muchos los amigos, discípulos en mis clases y lectores de mi obra quienes, intrigados por el desenlace y destino de Valparaíso, continuaron durante años instándome a publicar Valparaíso, donde la idea de la literatura como acto circense también ocupa interés.

Si en Gracia me motivo la idea de una droga que hiciera ver a Dios, en Valparaíso se transforma la perversa idea de un mago ilusionista para regir los destinos y vidas de un país.

Y precisamente, en tiempos donde la vida cultural y económica de mi país se descompone irremediablemente, y a instancias de mi editora Ana Ivelisse Feliciano, he decidido publicar esta novela antes que la pierda por completo.

Valparaíso, el Magnifico estará disponible la semana entrante como libro electrónico a través de Amazon Kindle Store, y su precio es $0.99 US

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