Ahora ya puedo escribirlo.

Sus ojos temblaban con un brillo sordo. Miraban el suero eterno que gotereaba con austeridad. Buscaban traspasar el techo. Gimoteaban un temor incansable, un temor árido, como el que se siente ante la inevitabilidad de la muerte. Mi madre intentaba moverse, pero el dolor clavado en los huesos no la dejaba. Por la ventana del hospital se deslizaba una luz pálida y sin vigor, como la de los días en que noviembre cambia de piel.

La memoria no es el archivista del pasado; es su cuentista.

La muerte de mi madre ocurrió hace un año. Así la recuerdo en mi artículo "Historia de una Navidad" aparece en el número 30 de la Revista Otro Lunes.

Según nos dice Amir Valle, su editor, en esta ocasión con un dossier literario dedicado al escritor colombiano Marco Tulio Aguilera Garramuño, el dossier de artes plásticas invitando  al cubano Felipe Alarcón Echenique, una sección especial de ensayo dirigida por la escritora española Cristina Consuegra, entrevistas al colombiano Gustavo Forero y al cubano Enrique del Risco, entre otras muchas cosas.

El artículo completo lo acceden aquí:



La periodista y gestora cultural de Miami, Glenda Galán, me solicitó una entrevista tras haber conocido algunos de mis libros. Ahí hicimos los arreglos para que se diera el junte. Y aquí el resultado:

http://dominicanaenmiami.com/?p=5616

Espero que la disfruten.


A veces tarda toda una muerte para que llegue la vida. El final siempre queda más próximo que el comienzo, sabemos, pero cuando se trata de poetas, es más difícil morirse, porque los poetas viven una realidad biológica y otra apalabrada. Entonces, no sabremos si nosotros nos inventamos las palabras, o simplemente ellas nos escogen.
En la revista de creación literaria Nagari, el escrito titulado "Un lugar donde habitar" comenta el legado de Tato Laviera en la poesía AmerRriqueña e hispanoamericana.  Lo pueden acceder aquí:
http://nagarimagazine.com/un-lugar-donde-habitar-sobre-tato-laviera-elidio-la-torre-lagares/

Los dejé a la intemperie un tiempo, y se estropearon.  Se fueron deteriorando en su página web http://laarquitexturadeldeseo.blogspot.com/. Ahora los entierro en forma de libro digital.

Boudoir: la arquiteXtura del deseo, es un conjunto de poemas eróticos para leerse despacio. Casi sin tiempo. Son poemas rotos, descompuestos o inútiles, pero no tiene otra incoherencia que querer representar un impulso para el cual el lenguaje no es suficiente. El lector tendrá que recomponerlos.

Amar un cuerpo no se puede decir nunca. Se nos caen las sílabas de la boca.

Estos poemas son a la vez un homenaje a e.e. cummings, poeta olvidado y, en ocasiones, subestimado.

Así pienso que es mejor dejar un enlace para que aquellos interesados bajen el poemario en formato EPub,  accesible desde su computadora, tablet o teléfono inteligente. Siempre y cuando tengan un lector de libros digitales.

Aquí los enlaces los cuales pueden bajar el poemario:

  1. Boudoir para iBooks
  2. Boudoir para Kindle
  3. Boudoir para Mobi y Kindle
  4. Boudoir para Epub Readers


En este enlace, pueden bajar el Mobi Reader, programa con el que podrán leer Boudoir en los sistemas Windows y Android.  


Gracias a Glenda Galán y a los hermanos de Dominicana en Miami, hoy se publica un escrito mío sobre el arte del texto de contraportada. O blurb (según el Merrian Webster, a short description that praises something (such as a book) so that people will want to buy it). Es el blurb como pseudo género literario. A veces, un modo espectacular de ficción o poesía, máxime si lo el contenido del libro se queda corto ante la magistralidad del texto promocional.

Y me reafirmo:

Leer los blurbs en una biblioteca es como sumergirse en una antología de microcuentos o algo parecido. O peor. Como sentarse a leer un resumen de Cliff Notes –los famosos compendios de las grandes obras de la literatura mundial y a los que todos, aunque sea por curiosidad, hemos recurrido en algún momento de nuestras vidas. Por supuesto, siempre habrá alguien en negación que aluda a que nunca, jamás de los jamases, ha osado abrir un Cliff Note, ni siquiera por Guerra y Paz o Gravity Rainbow (en mi vida, sólo conozco dos personas que estoy seguro han leído Rainbow completo, y como a tres que dicen que lo han leído). Pero el asunto es que me siento en mi biblioteca a eso nada más: a leer blurbs.


El resto del artículo lo pueden acceder aquí: http://dominicanaenmiami.com/?p=5364.


l   a    l    i    b    e    r    t    a    d    es :: solo    /SE/DI/CIÓN
(paralos) (que)  laprivan:
enla (viol)enci(a) si(le)ncio(sa)
/la/ o(presión)     a    b    r    e     [la herida]

lafor   madeu   na     verdadllana
(verte)rá (en)     n˘u˘e˘s˘t˘r˘a     (carne) común
lapalabraquederrotaeltiempo
y [am(O)SCAR]á   ala (de)s[esperanza]

\si\ (pen)s(a)r distinto /in/culpa/
la dignidad noad  mite des  tierro

cua(n)d(o) (lament)ir(a)es (a)r(ma)
\la justicia/ es un (vien)tr(e) baldío

así, [la paz] se    (abra)sa  en el sil(en)cio

si el [silencio] esconde   na   (y)  (am)ord(a)za


Tato bien contigo. Peleabas por your callejones. You thought in español. Escribías en English. Qué asimilao, decían. Eras you porque querías volver a Puerto Rico. Many everything and wonder viven en ti, mi'jo. Querías ser lo que eras, Rican kink; could tú be? Hay un país que inventar todavía, back to el puerto donde éramos gente ¿verdad? Pero te tocó vivir en nueva pobre, aunque soneabas feliz, y tenías sabrosísimo son York, y te vacíabas en tu mythology of migración, pecado despreciado. Te miraban mal, decías. Pobres ellos. Tienes un tú en Carolina, Ponce, Mayagüez. You're tierras por dentro, ¿sabes? Yo admiro tu New Rico, but I think in qué life, mi pana, llevabas en Puerto York. Eras observing the presencia, refugio en l'asimilao, así, forzado. And me, open twenty-four seven. Assimilated? Como dijiste: corazón, "I’m still in the commonwealth stage of my life, wondering/ what to decide, what to conclude,/what to declare myself." Te declaro poeta, mi pana. Ahora la paz es tu bandera. Ta' to' bien.
para Tato Laviera (1950-2013)


La fijación con capturar estrellas fugaces siempre me ha parecido la cosa más poética, le dije a un grupo de amigos cuando subíamos la colina hacia el radar ionosférico de Arecibo, desde donde se emiten señales sónicas en fe científica. La esperanza es que alguien la recibirá. Pensé en un poema de Emily Dickinson: «This is my letter to the world». Arecibo envía cartas al universo. O un poema sobre la condición humana.

Estamos tan solos.

Era un sábado de verano y atardecía tarde cuando decidimos que, mejor que quedarnos a hacer lo mismo de siempre en la ciudad, sería buena idea irnos a atestiguar el viaje de las Perseidas, una lluvia de meteoritos de intensa actividad.

¿Somos humanos porque miramos las estrellas o miramos las estrellas porque somos humanos?, se preguntó una vez el Filosoforáptor en Facebook. Tal vez estamos hecho de la misma materia.

En cada una de mis novelas, aparece una estrella viajante, que cae y cae, como si nunca quisiera caer, les dije a mis amigos mientras conducía.

Un silencio siempre es una respuesta cuadrada en estos asuntos, más si se trata de cuatro silencios. Ajá, escuché a Mónica decir en la parte trasera de la camioneta. Salió el poeta, añadió. Entonces, Juan preguntó: ¿Y para qué poetas?

¿Para qué poetas?

Digo, es fácil la respuesta si uno pregunta para qué médicos, abogados, ingenieros, maestros o agricultores, pero, ¿poetas?

Hölderlin elevó el mismo cuestionamiento en la elegía “Pan y vino”, y Heidegger trató de articular algún tipo de respuesta filosófica: «El poeta dice lo sagrado en la época de la noche oscura del mundo».

Sería igual de válido preguntar: «¿Para qué filósofo?», pero la filosofía se formula tan cercana a la poesía que casi redunda la una en la otra, y viceversa.

Y es que seguimos tan solos.

Es poeta verdadero aquel que, en tiempos de penuria, hace que la poesía y el oficio del poeta se conviertan en cuestiones poéticas, parafraseé.

El silencio fue mayor. Nunca pensé que ir a observar estrellas fuera una experiencia tan tensa.

Cuando llegamos a nuestro destino, la tinta de la noche se había derramado por todo el cielo y algunas nubes se aparearon momentáneamente en nuestro cenit. Temimos que el viaje sería en vano, pues se trataba de que, esa noche, desde el célebre centro de investigaciones astronómicas, se podría observar una intensa lluvia de meteoros.

Algunos países podrán observar hasta cien meteoros cada sesenta minutos, nos dijo un guía mientras nos conducía al pequeño anfiteatro donde pensé nos prepararían para nuestro viaje astral. Pero nosotros, desde nuestro punto en el universo, solo veremos unos treinta o cuarenta, afirmó un científico desde el podio antes de pasar a la actividad de voyerismo galáctico. La relatividad de la perspectiva, pensé. Viajan a más de ciento kilómetros por hora, agregó el guía.

A esa velocidad, ¿quién tiene tiempo de pedir un deseo?, comentó Ida.

Nada más rápido en el universo que la velocidad del deseo, pensé. Del deseo emerge toda la poesía del universo, postulé.

Al igual que la vida en la tierra, las estrellas contienen oxígeno, hidrógeno y nitrógeno, que se cotizan entre los elementos primarios en el universo. Es lo que Rilke llamaría «fundamento originario», puesto que es la base de lo que llamamos vida. Y es nuestra naturaleza vivir: arriesgar, conocer, entender.

Pero lo fascinante de nuestra nerd-aventura fue encontrar a cerca de quinientos otros seres humanos provenientes de diversas distancias que decidieron esa noche descansar la mirada llena de desasosiego y colgar la apatía hacia la realidad circundante para, aunque fuese por un par de horas, pensar que alguna estrella errante les concedería un deseo. Cualquiera que fuese, el deseo es el principio inamovible de la movilidad.

Me sentí en pleno milagro de una soledad multiplicada.

Debemos aclarar que no son estrellas fugaces, dijo otro de los guías de la sociedad astronómica que promovía el evento en el observatorio, uno de los más importantes del planeta. Son meteoros, fijó.

¿Y cómo piensa usted explicarle eso a toda esta gente?, le dije. Me ignoró.

Pensé que, estrellas fugaces o meteoros, todo aquel fervor científico, con sus telescopios de largo alcance, y sus charlas ilustrativas de los movimientos celestes, y las ganas de ver algo, literalmente, fuera de este mundo, no podría existir sin la incertidumbre de existir: ese acto poético donde el ser, en su vacuidad, atrae todo en sí y hacia sí. Como la necesidad de vivir en un estado de poesía, ese riesgo natural de la existencia que existe buscando un poema que habitar.

Y así es que, a su manera, la poesía vive de la contingencia.

Al final de la noche, serían meteoritos, pero para los que estábamos allí, suponían algo más: eran estrellas fugaces.

[Publicado originalmente en Nagari]





Berta Ares publica, en la Revista de Letras de La Vanguardia, lo que ella estima son las diez "perlas" o frases filosóficas de Peter Sloterdijk. 

Sloterdijk sostiene que los filósofos contemporáneos tienen que pensar "peligrosamente y dejarse llevar por la hipercomplejidad: hay que abandonar el mundo nacionalista y humanista (una utopía ingenua, de domesticación humana mediante la lectura), y abrazar un horizonte más amplio, ecológico y global".

Algunas cosas son difíciles de asumir, ¿no? 

Aquí las 10 perlas de Sloterdijk:

1) No es cierto que el inicio de la filosofía sea la sorpresa, sino la competencia entre sofistas.

2) La filosofía comienza con una mentira, pero no sabemos cuál. Es un campo muy oscuro. Se evita recuperando la apariencia de normalidad. Todos somos víctimas de una gran mentira.

3) La globalización comienza en Sevilla cuando Colón sale con la flota. Globalizaciónvenía de globus (sustantivo), no de global (adjetivo). A todos nos gustaría ser más terrestres, pero este infeliz Magallanes surcó el mar. También hay globalización filosófica.

4) La escuela es el invento más fatídico de la Humanidad.

5) El mundo académico no es utopía sino heteropía. La universidad es un refugio donde no entra ni la poesía ni la vulgaridad.

6) Las ideas también son un refugio. Las ideas no las pensamos: nos visitan. Por ejemplo, la idea de Libertad. El idealismo sólo puede ser visto como un medio.

7) Las ideas no son propiedad privada, pero sí las operaciones psíquicas que hacemos con ellas.

8) Mi último libro (Muerte aparente en el pensar, Siruela, 2013) parte de un descubrimiento: con la aparición y desarrollo de la escuela surge entre los griegos la conciencia de enorme diferencia entre el griego formado por la tradición, y la de aquella generación que por primera vez ha sido educada por la academia, por la escuela. Desde entonces llevamos 60 o 70 generaciones de rupturas.

9) Todos venimos de la ilegitimidad, pero todo es un gran taller de reparación donde continuamente ponemos piezas de recambio.

10) Yes, we can!: esto en filosofía es platonismo. Es una frase esférica. Optimismo morfológico.


Artículo original aparece en http://www.revistadeletras.net/peter-sloterdijk-en-diez-frases/






El llano en llamas, ese libro de siempre de Juan Rulfo (1917-1986), viene abrasando hace sesenta años. Habrá quien nos aclare que el fuego ya estaba encendido. Que ese ha sido su tarea de fuego: quemar. Que si arde, quema y que por eso no puede hacer otra cosa. Quién sabe.

De la primera edición, bajo el sello del Fondo de Cultura Económica, se imprimieron 2,000 ejemplares que salieron el 18 de septiembre de 1953 de los talleres de Gráfica Panamericana, de la ciudad de México, según reza en el colofón.

Así que sesenta años, que es lo que cumple la colección de relatos desde su primera publicación, no son nada. Son como treinta, que es el tiempo que hace que caminé por el llano de Rulfo por primera vez, durante aquel septiembre de 1983 cuando cursaba el primer semestre del curso de literatura hispanoamericana, en el cual solo leímos a dos autores, Carlos Fuentes y Rulfo, y nadie en el aula se arriesgó a preguntarle a la profesora si había otros autores hispanoamericanos.

Hoy me da igual, o quizás simplemente digo que me da igual, porque me bastó leer la obra de Rulfo para saber que no había perdido mi tiempo en aquel curso trunco. Rulfo no era un autor nuevo para entonces, pero, de todas formas, un libro siempre es nuevo cuando se lee por primera vez.

El resto del escrito lo acceden en la más reciente entrega de OtroLunes - Revista Hispanoamericana de Cultura, que pueden encontrar aquí


En esta ocasión, el número 29 nos trae el dossier literario UNOS ESCRIBEN dedicado a la obra del escritor español J.J. Armas Marcelo; el dossier de artes plásticas OTROS MIRAN tiene como invitado al humorista gráfico cubano Ángel Boligán, uno de los nombres más importantes de esta especialidad en Latinoamérica; en la sección PUNTO DE MIRA un bosquejo de la actual Poesía Centroamericana Comprometida; en OTRAS VOCES HISPANAS un acercamiento al Festival Atlántico de Poesía ?De Canarias al Mundo?; entrevistas al argentino Javier Chiabrando, al cubano Héctor García Quintana, al mexicano Marco Tulio Aguilera Garramuño y a la colombiana María Isabel Espinosa y en CUARTO DE VISITA tenemos a la periodista norteamericana Regina M. Anavy, con un fabuloso libro de memorias de sus viajes a Cuba. 



De pequeño, cuando yo ni me imaginaba lo que era ser un poeta, mi tío me llevaba a ver las películas de Bruce Lee, que solían pasar con frecuencia los domingos en las tardes en el viejo Cine Esperanza de mi pueblo. Eran tandas poco costosas y, por tanto, muy frecuentadas. Nunca comprendí tanta violencia, pero es innegable de que mi gusto de hoy día por los filmes de Tarantino tenía que comenzar en algún punto de mi vida. Y ya, cuando uno cree que lo ha visto todo, me asalta un nuevo conocimiento: Bruce Lee era poeta.

Bruce Lee podría es el Karate Kid original. Acosado de chico, acudió a su instinto de supervivencia para superar su miedo más febril: ser humillado. 

Cuando el estudiantes está listo, entonces es que aparece el maestro.

Yip Man Wing Chun se convirtió en su guía en las artes artes marciales, por no hablar de un luchador callejero temido. Y así ganó acceso a los secretos del Kung Fu Wing Chun que su maestro le legó.

Pero Bruce fue lavaplatos y maestro antes de convertirse en la estrella que 70. A paso de no querer ser humillado, aprendió humildad. Estudió filosofía en la Universidad de Washington.  Y a paso de humildad, se convirtió en un filósofo taoísta. 

Entonces, nació el poeta.

"Espero ser un artista de la vida", escribió Lee durante los últimos días de su vida. 

En el libro Bruce Lee: artista de la vida, John Little ha reproducido 21 poemas inéditos que él encontrara en el archivo personal de Lee. Pijama Surf publica tres poemas traducidos por Javier Raya en los que se convoca "el poema como lucha o la guerra como palabra", por tomar las palabras de Raya. 

Disfruten:


* * *

Aquellos que saben no hablan;
aquellos que hablan no saben.
Detén tu lógica
Deja que lo agudo pierda su filo,
que las marañas se resuelvan,
la luz se temple
y la agitación acalle;
pues esta es la unidad mística
a donde el sabio es llevado
No por afecto
ni por distancia
ni por ganancia o pérdida
ni por vergüenza ni por honor.
Por acuerdo general, todo el mundo
lo tiene como el más alto.


* * *

Una voluntad flexible tiene disposición tranquila, suave como mullidas plumas,
una quietud, un contraerse de la acción, una apariencia de inhabilidad para hacer.
Plácidamente libre de ansiedad, uno actúa
con el tiempo oportuno; uno se mueve y revuelve en la línea
de la creación. Uno no se adelanta –responde
a la disposición de las influencias.

No establecer nada respecto a uno mismo. Dejar que las cosas
sean lo que son, se muevan como agua o reposen como un espejo,
respondan como un eco, pasen velozmente a la inexistencia
y sean discretas como la pureza. Aquellos que ganan, pierden. No
precedas a otros, síguelos siempre.


* * *

En vida, un hombre es blando, suave;
muerto, inflexible y rígido.
Toda creatura, hierba y árboles, en vida
tienen plasticidad y maleabilidad también;
pero muertos se desmenuzan y secan.
El rigor inflexible va de la mano de la muerte,
y la suavidad que cede acompaña a la vida.
Los soldados inflexibles no obtienen victorias;
el árbol más firme es el más listo para el hacha.
Lo fuerte y poderoso se derrumba en su lugar;
lo suave y flexible se alza sobre todos ellos.



[Poemas tomados de Open Culture. Versiones de @javier_raya]

Metro y el Festival de la Palabra se unen para poner la creatividad a contar cuentos en el concurso #MicroMetro. A continuación les presentamos las bases para el certamen de microcuentos por Twitter:
  • Podrán participar escritores mayores de 18 años de edad de cualquier nacionalidad, con residencia en Puerto Rico. 
  • Los participantes enviarán sus cuentos por Twitter entre el 4 y el 11 de octubre de 2013. El último día, la recepción cerrará a las 6:00 p.m. 
  • Solo serán considerados los tweets redactados del siguiente modo: Texto del microcuento + #MicroMetro. No participarán cuentos que continúen en otros tweets, ni cuentos que no incluyan el hashtag del concurso. 
  • Los cuentos deben ser originales, inéditos, escritos en español y relacionados con el tema de crónicas urbanas. 
  • Cada usuario de Twitter puede participar con un máximo de cinco relatos. 
  • Una vez enviados con el debido hashtag, aparecerán como retweets en la línea de tiempo de la cuenta de Metro Puerto Rico. 
  • El ganador será premiado con una estadía de tres días y dos noches en Río Mar Beach Resort (dos personas p/ habitación). Será el único premio. 
  • El fallo del jurado será final e inapelable y se dará a conocer el domingo 13 de octubre de 2013 por co rreo electrónico al ganador. El microcuento ganador y las posibles menciones honoríficas serán publicados en la web de Metro Puerto Rico el lunes 14 de octubre. 
  • El jurado estará integrado por el escritor boricua Elidio La Torre, en representación de Metro, y la afamada micro cuentista argentina Ana María Shua, en representación del Festival de la Palabra. 
  • Los autores participantes en ningún caso perderán los derechos de autor sobre sus obras. 
  • El ganador y los posibles finalistas deben autorizar por escrito a los o rganizadores a difundir nombre real, seudónimo y obra a través de los medios de comunicación que se consideren oportunos. 
  • La participación en el concurso supone la total aceptación de sus bases 
Información e imagen: extraídas de Metro.

Esta reseña fue publicada a la salida de la primera edición de Septiembre en el 2000. Será el prefacio de la segunda edición que saldrá en unas semanas.

«Adjuntas encuentra un lugar en el firmamento literario»
por Eugene V. Mohr


Elidio La Torre Lagares ha forjado un nombre por sí mismo como poeta. La reciente publicación de Septiembre (Cultural, 2000; Fishbone, 2013), su primer libro de relatos, lo sitúa como uno de los más promisorios narradores en la isla.

Las trece historias en la colección quedan unificadas por temas comunes, por la voz narrativa de un niño entre sus primeros años de escuela primaria y la graduación de escuela secundaria, y por Adjuntas, en donde las historias se desarrollan o con el que se relacionan. El Adjuntas1 de La Torre Lagares no es simplemente un pueblo pequeño. Es un lugar de niebla y lluvia y noches frías, un lugar aislado por las montañas que lo separan del resto del mundo de vacuas pero encantadoras promesas.

Septiembre tiene varias significaciones en las historias. Un número de adjunteños participó en la revuelta del Grito de Lares el 23 de septiembre. El clima es, entonces, cambiante, puesto que septiembre marca el paso del verano al otoño, de la juventud a la madurez. Septiembre es un hermoso y conmovedor testimonio de un hombre que hace las paces con su juventud llena de comedia, visión, esperanza, pasión y dolor que nunca podrá ser exorcizado.

La comedia domina el primer tercio del libro. "El día que llovió dinero en Adjuntas" presenta una de las imágenes comédicas predilectas del autor: objetos que se caen, como maná o lluvia, desde algún punto del cielo. En esta historia, el dinero se precipita como parte de una promoción de negocios de Agustín García, un cubano marielito que se hace rico traficando afrodisíacos de uña de gato y cartílago de tiburón, y quien quiere traer las bendiciones del "consumismo todopoderoso" a Adjuntas, respaldado por el alcalde, con una tienda llamada "Adjuntas Todo A Dólar". Como principal truco publicitario durante el día de apertura, billetes de 5, 10, 20 y 50 dólares quedan adheridos a un largo sedal, el cual, al agitarse, hace que el dinero descienda sobre la multitud al pie de la tienda.

El pandemonio subsiguiente es magnífico.

Agustín, con su tienda en ruinas, abandona el pueblo, y el complaciente alcalde pierde las próximas elecciones ante un clono suyo perteneciente al partido opositor. Pero el dinero de Agustín es comida de pollos comparado con los cupones que llueven sobre "uno que otro dominicano indocumentado". El padre del narrador "solía sentarse bajo un cedro a beber ron y a esperar que llegaran los cupones por correo". ¿Qué sucedería si los cupones de alimento dejaran de llegar? "¿Cómo le explica usted a doña Pancha que el águila ya no c*** y que se tiene que ir a lavar ropa al río?" Si alguien se atreviera a rechazar "los beneficios de ser colonia de los Estados Unidos", ya no habría un Grito de Lares sino un grito de todo Puerto Rico.

Otra historia divertida, "El rapto de Ángela", hace prestaciones de la saga de la Vírgen de Sabana Grande. Ángela, una fumadora compulsiva y abuela de tres niños de "padres anónimos", es testigo de las frecuentes aparaciones de objetos ovalados con luces intermitentes, y que provienen del espacio exterior hasta Adjuntas. Un día Ángela cataliza una payasada de milagro cuando cae presa de un ataque epiléptico y es adorada por la gente del pueblo como una visionaria mediadora de mensajes desde el infinito. Grupos de protestantes, católicos y ufólogos, como los tres coros griegos, interpretan a su conveniencia los significados de sus revelaciones.

Una segunda historia, "Carmelo", cómica en apariencia esta vez, anticipa las dolorosas historias que se vinculan con relaciones de familia. "Carmelo" trata de un niño autista que, cuando está feliz, tiene el poder de hacer que llueva azúcar proveniente de la nada. Lo que comienza como una inocente historia de niños cambia de dirección cuando el padre natural del chico, que nunca ha tenido el valor de admitir su paternidad, lleva a Carmelo a una barra y lo manipula haciéndole tomar cerveza para ver si logra hacer que el niño materialice la lluvia de dulce. Efectivamente, Carmelo hace dinero crecer en un árbol. Ante el prodigio, la avaricia del padre de Carmelo y de dos obreros de construcción provocan que Carmelo caiga presa del pánico, lo que culmina en una lluvia apocalíptica de fuego y destrucción.

El tema más persistente del libro, desarrollado poderosamente en la primera y la última historia del conjunto, pero presente en casi todos los relatos, es el de la terrible destructividad de las malas relaciones entre padre e hijo, cuyo egotismo mutila a la esposa psicológicamente y destroza su personalidad hasta el punto que ella se torna incapaz de proveer el amor que requieren sus niños para crecer emocional y espiritualmente. En las historias donde aparece este tema, padre, madre e hijo son esencialmente los protagonistas.

Algunas diferencias en los detalles de las historias varían de una a otra. A veces el padre golpea a la madre físicamente; otras, no. A menudo, el padre bebe profusamente y la frustración de su ambición personal lo atormenta. No obstante, siempre disminuye y humilla a la esposa y descompone a la recia figura de la mujer que es dadora de vida, hasta convertirla en algo menos que humano, un acto que tendrá efectos devastadores en sus niños.

"Llover" y "Hoy has sido algo especial", que tratan directamente el mencionado tema, resultan sumamente dolorosas al leerlas. A la vez, dan color a otras historias.

"El sueño de Justo", un pequeño tour de force, captura verbalmente el sueño del protagonista mientras este despierta de una sucesión de sueños ligeros, entre los cuales destaca una vívida fantasía sexual en medio de las noticias de la muerte de su padre.

En "Norte Gris", tres adolescentes rebeldes con un pasado común de padres abusivos y madres destruidas, celebran su última noche juntos con un insensible alboroto vandálico. Ricardo, en "Karma erróneo", habla de la envidia de su padre, "una envidia tan egoísta que no soporta que exista sangre de su sagre en otro cuerpo más joven".

Dos historias intensamente líricas sobresalen en contraste con las anteriores. "Perla", con tersa sensibilidad, describe el amor incondicional e idealista de un chico hacia una mujer joven. La inocencia y el realismo nos recuerdan al temprano James Joyce, y la comparación se reafirma cuando el niño se refiere a las primeras apariciones de Perla como "aquella epifanía" y recuerda cómo, en la mañana, "el sol llegaba despacio como si las montañas estuviesen pariendo luz".

Tanto conceptualmente como por la brillantez de su lenguaje, "Unicornio" es excepcional.

Chris e Isaac, hijos de vecinos que se preocupan por separar sus propiedades con vallas ciclónicas, persiguen los rastros de su gloria. La descripción, en términos de color y fragancia, de la llegada y el vuelo del unicornio es poesía que debe ser leída para ser apreciada. El contraste entre los confines del mundo adulto y las posibilidades infinitas del mundo en que los niños habitan es manejado con maestría, y la sugerencia de la alegoría religiosa queda presente para el que quiera apreciarla, aunque no se insiste en ello.



1. En el artículo original, el autor confunde el nombre de Adjuntas con el de Utuado. Para mantener la reseña fidedigna al libro de relatos, hemos hecho las correcciones pertinentes.


Referencia
Eugene, Mohr V. "Adjuntas Finds a Place in Literary Firmament." The San Juan Star [San Juan] 27 Nov. 2000: 46. Impreso.

Algunos libros se meten en uno como un virus. 
Y ahí está J.D. Salinger, con su única novela de extensión considerable, escondido tras Holden Caulfield protagonista de El guardián en el centeno. Salinger ya era mito antes de que muriera. Así, inadaptado, como el personaje que persiste la prueba del tiempo desde su aparición en 1951. Incluso yo, que superé la adolescencia, siento algo de Holden.
Ahora que Shane Salermo publica su documental aptamente titulado Salinger, tal vez podamos intentar reconstruir la vida de uno de los escritores más enigmáticos de la historia.

Holden ha impactado más vidas que el propio Salinger, quien, tras el éxito de la novela, vivió su existencia entre las apagadas sombras de la reclusión, donde nada importa y no hace falta la luz. Allí el escritor queda solo con su imaginación, con su mundo enfermo, pero afable. Holden, en muchas medidas, es Salinger. Juntos, los dos rostros de Jano. No podríamos fijar quién de los dos es más inadaptado, si Holden o Salinger. Total: ningún lugar mejor que la covacha de las memorias de un escritor. Pura autoficción antes de que la modalidad literaria tuviera nombre.

La vida pública de Salinger se redujo en la medida que se intensificaba su popularidad. Miles merodeaban su residencia con el afán de, al menos, darle una mirada al enigmático escritor. Peregrinajes y vigilias se centraban en torno a la figura invisible del creador de Holden, el adolescente que escapa hacia las drogas y el alcohol hasta paulatinamente hundirse en la demencia. Pero quizás esperaban encontrar a Holden, redimido e iluminado en una sesión de yoga, como el mismo Salinger. Quizás esperaban una contestación a la pregunta “¿Cuál es el significado de la existencia?”, y recibir una respuesta confusa y sin sentido, como se caracteriza en el habla de Holden a través de la novela. El guardián en el centeno es también una novela sobre el lenguaje y sus posibilidades transformadoras de la verdad, que conste, y cabe la posibilidad de que todos esos seguidores se martirizaran inconteniblemente ante tanto silencio de su autor.
Pero el resto de este artículo, lo tiene Nagari Magazine, y puedes continuar su lectura si pulsa aquí.
Foto: Wikipedia 

Por cortesía de la gestora cultural Zenn Ramos, la revista de arte y poesía Numens publica en su número de agosto un artículo de mi autoría titulado "Calibán visita a Europa, de Manuel Abreu Adorno".  La publicación, en formato digital, tiene una masiva audiencia en Colombia, Nueva York, Puerto Rico y el resto de America Latina. Les invito a que pasen a leerla en el siguiente enlace:

http://issuu.com/juglaresny/docs/numens-agosto2013



De mago a mago, no hay mucho trecho. Con casi las mismas gafas redondas que le ganaron fama encarnando a Harry Potter, Daniel Radcliffe apasionó a los críticos del Sundance Festival con su encarnación de Allen Ginsberg en el filme Kill Your Darlings, dirigida por John Krokidas.

La película se centra en el nacimiento de la generación Beat y el asesinato infame de David Krammerer (Michael C. Hall, Dexter) a manos de Lucien Carr (Dane DeHaan) después de un altercado, por lo que fue declarado culpable de asesinato en segundo grado.

Mientras era estudiante en la Universidad de Columbia en 1944, la vida de Allen Ginsberg se precipitó hacia nuevos territorios cuando conoce a Lucien Carr, un compañero de clases increíblemente cool y ridículamente apuesto. Carr es quien lleva a Ginsberg al mundo bohemio en Nueva York y lo presenta a William Burroughs y a Jack Kerouac.

El resto es conocido por todos (al menos, por los lectores de este blog).

En rechazo de las normas y la conformidad de la vida y la literatura, los Carr, Ginsberg, Burroughs y Keroiac acuerdan derribar la tradición y hacer algo nuevo. En última instancia, plantean la formulación de los principios de lo que más tarde se convirtió en el movimiento Beat. Kammerer, perdidamente enamorado de Carr, es encontrado muerto, asunto por el cual Kerouac, Burroughs, y Carr son arrestados.

La vida de los entonces nacientes artistas cambia para siempre.


Ahora solo falta ver el film. 

Mientras llega a las salas, les invito a que conozcan sobre “Allen Ginsberg en el Otro Puerto Rico”, y el legado del poeta en la comunidad de boricuas exiliada en Nueva York, artículo publicado por Nagari Magazine, y que pueden acceder aquí.


Discurso del escritor puertorriqueño Eduardo Lalo, autor de Simone, obra ganadora de la XVIII edición del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, que otorga el Estado venezolano a través del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. 

La mayor parte de los habitantes del mundo poseen orígenes definidos, estables, prácticamente incuestionables: un lugar, un pueblo, una nación, un documento estatal, que establecen claramente sus coordenadas personales. Sin embargo, existen también otros habitantes del planeta cuyos orígenes son preguntas, equivocaciones o condenas. Recuerdo mis tiempos de estudiante en Europa, cuando invariablemente me detenía la gendarmería francesa en sus puestos de frontera. Recuerdo cómo el ceño del oficial se fruncía al examinar mi pasaporte, cómo comparaba la foto con mi cara, cómo volvía sobre el documento, cómo me dejaba esperando ante el mostrador y regresaba con un superior que, luego de examinar nuevamente las páginas de mi documento de “identidad”, me preguntaba con una mezcla de desprecio y celo policiaco: “Qui etez-vous?”, “¿Quién es usted?”.

En ese documento que permite acceder al resto del mundo, se consignaba sin explicación un puñado de datos desorientadores que en mi caso confundían orígenes con legalidades. En el pasaporte no estaban mis lealtades o, lo que es lo mismo, la explicación de mí mismo dada desde la consciencia de los afectos. En ese pasaporte concedido a Eduardo Alfredo Rodríguez Rodríguez se le informaba a los aduaneros del mundo que el que tenían ante sí era un ciudadano estadounidense nacido en Cuba y (en esa época, hace unos 30 años, y he aquí otra instancia por la que ha aumentado nuestra invisibilidad) que este documento había sido emitido por el Departamento de Estado del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. En lugar del pretendido efecto clarificador del pasaporte, entregaba un documento opaco y turbio. Desde entonces, he debido sintetizar en las fronteras en las que he sido detenido una formulación factual que resulta para muchos casi incomprensible: “No soy estadounidense, no soy cubano, soy puertorriqueño”. La explicación larga de esto, la abarcadora pero siempre incompleta, se halla de maneras no del todo evidentes, en mis libros.

A veces alguien tiene la fortuna, y ésta aumenta en aquellos cuya historia familiar está asociada al exilio, la lejanía y la pérdida, de hallar un lugar en el mundo. Recibí este don cuando apenas tuve consciencia de mí mismo, montado en una bicicleta en cuyo manubrio iba trabado perennemente un guante de béisbol. En cualquier calle se armaban partidos con jugadores que ahora bateaban y corrían las bases, pero que sólo un rato después se reagruparían en nuevos equipos, luchando bajo los aros de una cancha de baloncesto. Allí, entre esos muchachos, supe ya lo que ningún pasaporte ni ningún oportunismo podía confundir ni negar: era como cualquiera de mis amigos, era un puertorriqueño más. Conocí así lo que muchas décadas después descubriría en una frase de Derek Walcott: que “el propósito de la poesía es quedar enamorado del mundo a pesar de la historia”.

Durante décadas mis pasos me han llevado por las calles de San Juan hasta la gran explanada que queda ante el Castillo del Morro, la fortaleza principal del sistema de defensas que construyó la corona española. Por siglos nuestra ciudad fue la boca de América. Allí comenzaba su cuerpo de casi incontables miembros y comenzaban también, luego del azaroso cruce de los mares, las palabras que se compartían desde ese litoral hasta la Patagonia. He ido allí incansablemente desde que supe que mi vida estaría asociada a la escritura, desde que en una noche lejana de París Eduardo Rodríguez se convirtió en Eduardo Lalo. Me paro en lo alto de las murallas y observo el mar, la lejana línea del horizonte que tantas veces he fotografiado. Para los isleños, el océano puede ser un desierto. Todo o casi todo llega por él, pero a la vez ese espacio es infranqueable. Uno queda allí, sobre la muralla, en el límite de lo habitable, observando el punto más distante. Pero allí también, el escritor que llegué a ser descubrió el poder devastador de la indiferencia y el silencio. Por esto, probablemente, regreso a esa muralla a contemplar un silencio y un espacio sin límites, a los que aparentemente no hay nada que oponerles. Ante ese vacío entendí que tenía que aprender a sobrevivir a ese océano, que era la imagen de la distancia, el abandono y el aislamiento, y que esta lejanía del mundo había llevado a su fin a tantos artistas y escritores del Caribe. Allí, sobre la muralla, me percaté de por qué las palabras morían tantas veces en nuestras bocas y en nuestras páginas; conocí cómo la historia era una máquina de invisibilizaciones; supe cómo en Puerto Rico la respiración estaría siempre en lucha contra la asfixia. Al igual que en las más altas montañas del planeta, el mar que nos separaba y desdibujaba era una zona de la muerte.

Un día, ya no recuerdo cuándo, supe desde lo alto de esa muralla, con la vista clavada en el horizonte, que era desde ese lugar que debía pensar y escribir. En realidad mis pies pisaban un espacio incomparable. No era un ámbito menor ni prescindible, como tantas veces las toxicidades de nuestras dos conquistas —la española y la estadounidense— nos habían llevado a pensar. Era un lugar privilegiado para reescribir el mundo, un espacio de visión, un lugar al que sólo se podía arribar después de recorrer muchos caminos. Era, es cierto, un sitio roto, sucio, a veces nimio, pero en él se encontraba todo lo humano. Allí estaban también todas las palabras. Si hubo una epifanía ante ese mar, fue que nuestra pobreza me daba una libertad enorme. Sobre esa muralla supe que muchos otros, de los más diversos países y épocas, habían observado también ese horizonte, pero que en su caso podía haber sido un desierto o una cordillera, la pampa o la favela, la injusticia, la locura o la sexualidad, y se habían dado cuenta como yo de que en lo sucesivo su deber era permanecer allí hasta que la lucidez redefiniera el dolor.

En algún lugar dije que escribo para reivindicar nuestro derecho a la tragedia. Sobre esa muralla del Castillo del Morro, en San Juan, supe que mi palabra, como la de mi pueblo, como la de tantos hombres y mujeres y pueblos del mundo, se construiría cuestionando, luchando, rompiendo los pasaportes que nos había reservado y a veces impuesto la historia. Así supe que con sólo ser puertorriqueño podía ser griego; que la tragedia que nos había formado no era menor a ninguna. Así ese mar dejó de ser un desierto y fue a la vez el de Odiseo y el de los arahuacos que desde la costa de Venezuela circularon en dos direcciones, hacia el norte y hacia el sur, poblando el Caribe y Suramérica hasta Brasil y Paraguay. De alguna manera, las palabras y sus sombras nos habían permitido sobrevivir y nos hacían posible el viaje a cualquier tiempo y a cualquier lugar, a pesar de las tempestades y los naufragios de nuestra historia.

Y así he llegado aquí, ante ustedes. Vengo de Puerto Rico, frontera extrema de América Latina, el único país latinoamericano conquistado dos veces. El país al que la administración colonial española le negó la imprenta hasta comienzos del siglo XIX, al que no le permitió crear una universidad por más de cuatro siglos, al que entregó como botín de guerra, como si fuera una hacienda o un cargamento de azúcar, a su nuevo dominador. Soy de ese lugar que acaso vivió la globalización antes que cualquier otra sociedad, aun antes de que existiera el término y el conocimiento, tanto de sus consecuencias como también de las formas de oponerla. Soy de un país que resistió solo, por la fuerza de su propia cultura, a las imposiciones imperiales del país que domina y seduce desde el comienzo del siglo XX. Soy de la sociedad que tiene al preso político que lleva más años en una cárcel en toda la historia de las Américas, acusado de haber conspirado sediciosamente contra un país al que no pertenece. Oscar López Rivera lleva 32 años en prisión. Su libertad está al alcance de una sola mano de un solo hombre. Se consigue con una firma humanitaria. Con una firma que será digna para todas las partes. Pertenezco a una larga lista de escritores marginados, cuando no ninguneados, por el peso de un gentilicio que difícilmente se asocia a la grandeza y la victoria. Brillantes artistas cuya luz fue consumida por el aislamiento y la debilidad de las instituciones culturales puertorriqueñas, víctimas de nuestra incapacidad de autorrepresentación y, a veces también, de autorrespeto. Digo aquí, como un murmullo, como un sonido llegado más allá de los mares, como reivindicación y acto de justicia, tres nombres que representan a una legión. Que estos muertos homenajeen a tantos vivos: Manuel Ramos Otero, José María Lima, Víctor Fragoso. Vengo y regresaré a una sociedad perpetuamente amenazada de muerte por sus fantasmas, por sus terrores, por sus cobardías. Pero estoy aquí con todos mis muertos y todos mis compatriotas.

En un momento único como este, recuerdo y reivindico las voluntades de la palabra, las posibilidades enormes de la literatura. El escritor marca la superficie del mundo con el paso de su sombra. El texto, contrario a las apariencias, es una forma efímera. En la “Canción de Xaxubutawaxugi”, uno de los últimos Aché Guayaki del Paraguay, dice su autor ante una noche en la selva equivalente a observar el horizonte desde una muralla de San Juan. Los versos son de una casi insoportable belleza:

Yo mismo
solo y sin nadie en el mundo
tengo ya el hermoso hoy.

Los hombres y las mujeres que ejercen cierta práctica de la escritura pueden comprender el abismo salvador presente en estas palabras. Luego de escucharlas, la noche no será ya la misma por haber conquistado la plenitud de su momento: el “hermoso hoy”. Ningún pasaporte, ninguna ley imperial, ninguna de las incapacidades históricas de nuestra nación, puede destruir o silenciar completamente lo que generaciones de hombres y mujeres han descubierto frente al océano que los separa y los reúne, en las palabras que han reunido cercados por el mar y por la historia.

En la pobreza que me compone tengo ya al “hermoso hoy”. Agradezco profundamente que sea aquí en Venezuela, donde quizá por primera vez en mi vida, haya sacado del bolsillo mi verdadero pasaporte, aquel en que ninguna de sus palabras me niega o me condena. Por fin, luego de leer mis datos opacos y turbios, ninguna autoridad me detiene. Así, como los antiguos nautas del Caribe, viajo hacia el norte y hacia el sur, del Mar de las Antillas a la costa venezolana y más allá. Voy y a la vez regreso y ya no sé exactamente lo que significan los puntos cardinales, las islas o los continentes, porque esta noche mi pasaporte ya no es una equivocación o una decisión tomada por un extraño, una agenda inconclusa, una incapacidad histórica o un cúmulo de renuncias, sino una forma en que generaciones de puertorriqueños se han enfrentado a las violencias de su historia, al vacío del océano, a su dolor, a su lucha, al fracaso, y han formulado así palabras que se unen a las voces de todos aquellos que se han enfrentado en cualquier tiempo y lugar con los límites de sus cuerpos y sus sociedades.

Pronto volveré a San Juan. Iré a la muralla y encontraré de nuevo el océano. Haré como Xaxubutawaxugi en la noche de la selva. Recordaré la valentía y la dignidad de la palabra. Entonces volveré a sentir más allá del océano, más allá de la historia, el “hermoso hoy”.

Texto preproducido de Letralia
Foto de El País.

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