50 años sin Sylvia Plath




La mañana del lunes, 11 de febrero de 1963, Sylvia Plath se encerró en la cocina de su apartamento, abrió las hornillas de la estufa e introdujo su cabeza en el horno. Muerte por gas, como a la que muchos judíos fueron sometidos durante la avanzada Nazi en Europa y parte de la cual el padre de Plath fue parte. La poeta, que se aseguró de dejar a sus niños aislados y con comida en sus cuartos, fue encontrada a eso de las once de ese día por su enfermera.

Dying Is an art, /like everything else. /I do it exceptionally well.

Su esposo, el poeta laureado Ted Hughes, de quien se encontraba separada hacía cinco meses, declaró que se sentía devastado. Más tarde, la madre de Plath acusaría a Hughes de haber destruido capítulos reveladores e importantes de la biografía inédita de Plath.

He kept blowing me kisses. I hardly knew him.

Hughes había abandonado a Plath y a sus dos hijos para correr tras la falda de Assia Wevill. Se especula que al conocer que la amante de Hughes se encontraba embarazada de él, Plath perdió cualquier resquicio de tolerancia.

Hija de un oficial Nazi, en 1956 se casó con Ted Hughes, poeta Inglés, y en 1960, a la edad de veintiocho años publicó su primer libro, El coloso, un libro que tan solo insinúa el talento que comenzó a madurar ya para principios de 1961. Hasta entonces, ella solo era la esposa del gran poeta.

If I've killed one man, I've killed two-- The vampire who said he was you…

De mi favor hacia la poesía emergió en los Estados Unidos durante los ‘50 y ’60, es notable la presencia de Sylvia Plath en mis lecturas. Discípula de la poesía confesional, compartió aprendizaje con otra discípula del poeta Robert Lowell, Anne Sexton. Fue precisamente en esa modalidad poética que Plath se destacó, aunque su valoración plena llegó tras su tormentosa muerte, catapultada por la publicación de su Ariel en 1965.

White /Godiva, I unpeel---- /Dead hands, dead stringencies.


Ciertamente, la poesía confesional que surge a mediados del siglo XX atendía preocupaciones poéticas que anteriormente no había sido discutido abiertamente en la poesía americana, aunque ya John Berryman y Allen Ginsberg se pronunciaban en esas vertientes sin necesariamente autoproclamarse “confesionales”. En efecto, el lirismo del espacio privado –en una época dónde se desbordaba el fervor de comunión con el espacio público– proclamaba una poesis de la subjetividad lacerada por el pathos y el angst; las relaciones de familia pueblan el imaginario herido; la muerte es una posibilidad constante en de vida en el poema;  el trauma, la depresión y incapacidad de establecer conectividades humanas colapsan por este tipo de poesía.

Only let down the veil, the veil, /the veil. If it were death…

Claro que, para gustos, vienen muchos colores. Cierto sector de la crítica poética ha llegado a cuestionar las facultades creativas o la sustancia que pudiese residir en la poesía de Plath. Otros la han despachado bajo el argumento de que el legado de Plath es uno de “cinismo, ego-absorción, y una fascinación lasciva con el suicidio”.

Daddy, daddy, you bastard, I'm through.

A partir de una carrera que se cegó tal vez muy prematuramente, Sylvia Plath nos dejó una poesía que cruje, que agrede en su ira; que se proclama vencedora en la desesperación de la derrota; que hace vida de su inefable muerte.

La poesía confesional hoy está muerta. Passé.

Donde se subraya el carácter autobiográfico muchas veces se descuida la verdadera artesanía poética. Mas, después de todo, toda poesía es de algún modo confesional, particularmente en estos tiempos del “Me Generation”. Así, se han abierto nuevos las venas de la autoficción como primordial medio de exploración. A mi mejor entender, el término “confesional” apela a la circunstancia histórica del desarrollo de la cultura de masas  y las sociedades de consumo de los ’50 y ’60, nada que la poesía de rebeldía de esos mismos años no se haya cargado ya.

No obstante, la Plath sobrevive a las marcas y sellos. Su exploración no se limita a los recodos inconexos de su Yo, sino que también existe un esfuerzo por la artesanía, por la pulición del verso y la economía de palabras. Su imaginería es su principal bien, esa impresionante capacidad de traficar con significantes, a veces de rudo impacto o de obstinada repulsión, dan a su poesía un valor único.

De su propia voz, uno de mis poemas favoritos, "Lady Lazarus":



A Sylvia Plath la pueden leer aquí.

Foto de la poeta en www.counter-currents.com.




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