Osario de vivos en Otro Lunes


La primera entrega de un cuento de Gean Carlo Villegas en uno de mis cursos fue como el equivalente a un cartoon de Betty Boop narrado en vodka con Red Bull y bajo el grillete de 1,000 palabras o menos. Fue entonces que supe que estaba ante un escritor fuera de lo habitual, uno de esos escritores que se exceden a sí mismos.

No es la primera vez que escribo sobre Gean Carlo -y seguramente no será la última-, pero debo adelantar algo: uno nunca está listo para leer a Gean Carlo. Por eso, delegaré en él lo que una vez Mercedes López Baralt me dijo a mí: «Querido, tú no escribes para estos tiempos. A ti tendrán que aprender a leerte en el futuro».

No sé si eso es bueno. Lo único que sé es que de Villegas se dirán muchas cosas, todas increíbles.

En la revista Otro lunes se publica un comentario sobre la novela de Gean Carlo, Osario de vivos.

La novela calza a golpes la violencia urbana que se focaliza a través de los personajes de Jossie, María y su hijo Christopher. La trama se activa cuando María decide hacer un favor a Amalia, jefa de un círculo de narcotraficantes, y con el dinero que reciba a cambio poder comprar una computadora a su hijo, Christopher. María, además, habla de una segunda hija que ha muerto al prestarse a la milicia estadounidense en Afganistán. ¿Su nombre? Libertad.

El cafetal ahora es el residencial público. El catolicismo estoico es suplantado por el protestantismo enajenante. Tecatos (nuestros pintorescos narcómanos), prostitutas y “bichotas” (las “big shots”) del negocio cohabitan en este submundo de corrupción, trasiego de drogas y oportunismo existencial.

La denominada literatura “urbana” como transposición de la literatura realista-costumbrista que dominara la narrativa de la primera mitad del siglo XX.

El artículo completo, lo acceden aquí

Foto de Gean Carlo y Elidio por Alberto Martínez Márquez. 



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