Los dejé a la intemperie un tiempo, y se estropearon.  Se fueron deteriorando en su página web http://laarquitexturadeldeseo.blogspot.com/. Ahora los entierro en forma de libro digital.

Boudoir: la arquiteXtura del deseo, es un conjunto de poemas eróticos para leerse despacio. Casi sin tiempo. Son poemas rotos, descompuestos o inútiles, pero no tiene otra incoherencia que querer representar un impulso para el cual el lenguaje no es suficiente. El lector tendrá que recomponerlos.

Amar un cuerpo no se puede decir nunca. Se nos caen las sílabas de la boca.

Estos poemas son a la vez un homenaje a e.e. cummings, poeta olvidado y, en ocasiones, subestimado.

Así pienso que es mejor dejar un enlace para que aquellos interesados bajen el poemario en formato EPub,  accesible desde su computadora, tablet o teléfono inteligente. Siempre y cuando tengan un lector de libros digitales.

Aquí los enlaces los cuales pueden bajar el poemario:

  1. Boudoir para iBooks
  2. Boudoir para Kindle
  3. Boudoir para Mobi y Kindle
  4. Boudoir para Epub Readers


En este enlace, pueden bajar el Mobi Reader, programa con el que podrán leer Boudoir en los sistemas Windows y Android.  


Gracias a Glenda Galán y a los hermanos de Dominicana en Miami, hoy se publica un escrito mío sobre el arte del texto de contraportada. O blurb (según el Merrian Webster, a short description that praises something (such as a book) so that people will want to buy it). Es el blurb como pseudo género literario. A veces, un modo espectacular de ficción o poesía, máxime si lo el contenido del libro se queda corto ante la magistralidad del texto promocional.

Y me reafirmo:

Leer los blurbs en una biblioteca es como sumergirse en una antología de microcuentos o algo parecido. O peor. Como sentarse a leer un resumen de Cliff Notes –los famosos compendios de las grandes obras de la literatura mundial y a los que todos, aunque sea por curiosidad, hemos recurrido en algún momento de nuestras vidas. Por supuesto, siempre habrá alguien en negación que aluda a que nunca, jamás de los jamases, ha osado abrir un Cliff Note, ni siquiera por Guerra y Paz o Gravity Rainbow (en mi vida, sólo conozco dos personas que estoy seguro han leído Rainbow completo, y como a tres que dicen que lo han leído). Pero el asunto es que me siento en mi biblioteca a eso nada más: a leer blurbs.


El resto del artículo lo pueden acceder aquí: http://dominicanaenmiami.com/?p=5364.


l   a    l    i    b    e    r    t    a    d    es :: solo    /SE/DI/CIÓN
(paralos) (que)  laprivan:
enla (viol)enci(a) si(le)ncio(sa)
/la/ o(presión)     a    b    r    e     [la herida]

lafor   madeu   na     verdadllana
(verte)rá (en)     n˘u˘e˘s˘t˘r˘a     (carne) común
lapalabraquederrotaeltiempo
y [am(O)SCAR]á   ala (de)s[esperanza]

\si\ (pen)s(a)r distinto /in/culpa/
la dignidad noad  mite des  tierro

cua(n)d(o) (lament)ir(a)es (a)r(ma)
\la justicia/ es un (vien)tr(e) baldío

así, [la paz] se    (abra)sa  en el sil(en)cio

si el [silencio] esconde   na   (y)  (am)ord(a)za


Tato bien contigo. Peleabas por your callejones. You thought in español. Escribías en English. Qué asimilao, decían. Eras you porque querías volver a Puerto Rico. Many everything and wonder viven en ti, mi'jo. Querías ser lo que eras, Rican kink; could tú be? Hay un país que inventar todavía, back to el puerto donde éramos gente ¿verdad? Pero te tocó vivir en nueva pobre, aunque soneabas feliz, y tenías sabrosísimo son York, y te vacíabas en tu mythology of migración, pecado despreciado. Te miraban mal, decías. Pobres ellos. Tienes un tú en Carolina, Ponce, Mayagüez. You're tierras por dentro, ¿sabes? Yo admiro tu New Rico, but I think in qué life, mi pana, llevabas en Puerto York. Eras observing the presencia, refugio en l'asimilao, así, forzado. And me, open twenty-four seven. Assimilated? Como dijiste: corazón, "I’m still in the commonwealth stage of my life, wondering/ what to decide, what to conclude,/what to declare myself." Te declaro poeta, mi pana. Ahora la paz es tu bandera. Ta' to' bien.
para Tato Laviera (1950-2013)


La fijación con capturar estrellas fugaces siempre me ha parecido la cosa más poética, le dije a un grupo de amigos cuando subíamos la colina hacia el radar ionosférico de Arecibo, desde donde se emiten señales sónicas en fe científica. La esperanza es que alguien la recibirá. Pensé en un poema de Emily Dickinson: «This is my letter to the world». Arecibo envía cartas al universo. O un poema sobre la condición humana.

Estamos tan solos.

Era un sábado de verano y atardecía tarde cuando decidimos que, mejor que quedarnos a hacer lo mismo de siempre en la ciudad, sería buena idea irnos a atestiguar el viaje de las Perseidas, una lluvia de meteoritos de intensa actividad.

¿Somos humanos porque miramos las estrellas o miramos las estrellas porque somos humanos?, se preguntó una vez el Filosoforáptor en Facebook. Tal vez estamos hecho de la misma materia.

En cada una de mis novelas, aparece una estrella viajante, que cae y cae, como si nunca quisiera caer, les dije a mis amigos mientras conducía.

Un silencio siempre es una respuesta cuadrada en estos asuntos, más si se trata de cuatro silencios. Ajá, escuché a Mónica decir en la parte trasera de la camioneta. Salió el poeta, añadió. Entonces, Juan preguntó: ¿Y para qué poetas?

¿Para qué poetas?

Digo, es fácil la respuesta si uno pregunta para qué médicos, abogados, ingenieros, maestros o agricultores, pero, ¿poetas?

Hölderlin elevó el mismo cuestionamiento en la elegía “Pan y vino”, y Heidegger trató de articular algún tipo de respuesta filosófica: «El poeta dice lo sagrado en la época de la noche oscura del mundo».

Sería igual de válido preguntar: «¿Para qué filósofo?», pero la filosofía se formula tan cercana a la poesía que casi redunda la una en la otra, y viceversa.

Y es que seguimos tan solos.

Es poeta verdadero aquel que, en tiempos de penuria, hace que la poesía y el oficio del poeta se conviertan en cuestiones poéticas, parafraseé.

El silencio fue mayor. Nunca pensé que ir a observar estrellas fuera una experiencia tan tensa.

Cuando llegamos a nuestro destino, la tinta de la noche se había derramado por todo el cielo y algunas nubes se aparearon momentáneamente en nuestro cenit. Temimos que el viaje sería en vano, pues se trataba de que, esa noche, desde el célebre centro de investigaciones astronómicas, se podría observar una intensa lluvia de meteoros.

Algunos países podrán observar hasta cien meteoros cada sesenta minutos, nos dijo un guía mientras nos conducía al pequeño anfiteatro donde pensé nos prepararían para nuestro viaje astral. Pero nosotros, desde nuestro punto en el universo, solo veremos unos treinta o cuarenta, afirmó un científico desde el podio antes de pasar a la actividad de voyerismo galáctico. La relatividad de la perspectiva, pensé. Viajan a más de ciento kilómetros por hora, agregó el guía.

A esa velocidad, ¿quién tiene tiempo de pedir un deseo?, comentó Ida.

Nada más rápido en el universo que la velocidad del deseo, pensé. Del deseo emerge toda la poesía del universo, postulé.

Al igual que la vida en la tierra, las estrellas contienen oxígeno, hidrógeno y nitrógeno, que se cotizan entre los elementos primarios en el universo. Es lo que Rilke llamaría «fundamento originario», puesto que es la base de lo que llamamos vida. Y es nuestra naturaleza vivir: arriesgar, conocer, entender.

Pero lo fascinante de nuestra nerd-aventura fue encontrar a cerca de quinientos otros seres humanos provenientes de diversas distancias que decidieron esa noche descansar la mirada llena de desasosiego y colgar la apatía hacia la realidad circundante para, aunque fuese por un par de horas, pensar que alguna estrella errante les concedería un deseo. Cualquiera que fuese, el deseo es el principio inamovible de la movilidad.

Me sentí en pleno milagro de una soledad multiplicada.

Debemos aclarar que no son estrellas fugaces, dijo otro de los guías de la sociedad astronómica que promovía el evento en el observatorio, uno de los más importantes del planeta. Son meteoros, fijó.

¿Y cómo piensa usted explicarle eso a toda esta gente?, le dije. Me ignoró.

Pensé que, estrellas fugaces o meteoros, todo aquel fervor científico, con sus telescopios de largo alcance, y sus charlas ilustrativas de los movimientos celestes, y las ganas de ver algo, literalmente, fuera de este mundo, no podría existir sin la incertidumbre de existir: ese acto poético donde el ser, en su vacuidad, atrae todo en sí y hacia sí. Como la necesidad de vivir en un estado de poesía, ese riesgo natural de la existencia que existe buscando un poema que habitar.

Y así es que, a su manera, la poesía vive de la contingencia.

Al final de la noche, serían meteoritos, pero para los que estábamos allí, suponían algo más: eran estrellas fugaces.

[Publicado originalmente en Nagari]



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