Cardenal: Poeta Beatnik



Considerar a Ernesto Cardenal como un poeta Beat no es descabellado. Los Beats emergieron en levantamiento contra la re-configuración económica de los Estados Unidos, que fue la columna vertebral de la incumbencia del presidente Dwight Eisenhower al finalizar la Segunda Guerra Mundial. En la década de los 50, se levantaron contra la promoción del consumismo, o el desplazamientos del eros y del vacío existencial hacia objetivos tangibles hacia bienes de consumo, lo que catalogaban como maneras cotidianas de mantener gente dócil, dependiente, esclavizada a los bienes materiales. En fin, surgió un nuevo modo de colonización interna, de un morbo equiparable a los esfuerzos geopolíticos de los Estados Unidos por conquistar Nicaragua y por preservar las ambiciones de conquista bajo los corolarios de la Doctrina Monroe, que autoadjudicaba a los Estados Unidos el poder de proteger a los países de las Américas contra cualquier intromisión europea.

Doctrina como ciencia o sabiduría. El Estado como verdad.

La desaparición progresiva de la influencia de la religión en la vida social, que pudiese relacionarse con los procesos de industrialización, tecnologización, racionalización y diferenciación social presentes, provocó una crisis de sentido peculiarmente moderno que afectó la interconectividad de los vínculos sociales entre los ciudadanos y su entorno, situación que sólo podía ser disipada a través de la creación o la aparición de un nuevo y complejo sentido de la existencia. El declive de la religión y la erosión de sus bases institucionalizadas dentro de la sociedad abrió un plano de vacuidad con efectos perjudiciales tanto para el individuo como para la sociedad.

La desilusión con la realidad material, la pérdida de la identidad auténtica y el desespero nihilista surgen como reductos de las políticas del control de masas que emergieron a partir de la Segunda Guerra Mundial. La solución era comenzar a vivir en un estado de beatitud –de ahí el nombre dado a la generación, Beat; igual que en beat down, o abatido- y de ahí el nacimiento de una nueva estética propuesta como rebelión espiritual.

La creciente importancia de la obra de los beats, más que una mera curiosidad literaria, es un fenómeno cultural. Los beats, al descentralizar la religión de su asociación tradicional con las iglesias y las sinagogas, trajeron de vuelta a lo que significa el Ser individual en armonía con las fuerzas inclusivas del Universo. Una nueva apertura de las puertas de la percepción interior se suscitaría dando paso a la búsqueda de un nivel más profundo de la existencia en la polis. Los beats, de esta manera, iniciaron un despertar espiritual a la vez que formulaban declaraciones airadas contra el sistema que los había engañado.

Las correspondencias entre el espíritu místico revolucionario de los beats y Cardenal no son casuales. Conocemos que la poesía nicaragüense moderna no solo es inseparable de su deuda con la tradición francesa, sino que también se debe a la tradición anglófona. Fundamental en el reencuentro de Cardenal con el cristianismo fue, como es sabido por todos, el también poeta y místico Thomas Merton, cuya tesis de maestría en la poesía de William Blake fue fundamental en la conciencia mística de Ginsberg y los Beats. Igualmente, el libro de Merton, “Visiones de Tom”, hace eco de “Visiones de Gerard” y “Visiones de Cody”, novelas de Kerouac, como ha visto el crítico Angus Stuart en sus lecturas de Merton y en las que lo llama "el hermano mayor monge de Kerouac". Por su parte, Cardenal ha traducido al español varios poemas de Ginsberg, a quien el maestro Cardenal invitó a Nicaragua para unirse a la fundación de una “nación poética”. Fue en 1982, cuando Ernesto Cardenal aún fungía como Ministro de Cultura, que el poeta nicaragüense se sentó junto a Allen Ginsgerg y al poeta ruso Yevgeny Yestushenko para redactar, en medio de la celebración del centenario de Rubén Darío, lo que pasó a ser conocido como “La declaración de los tres”, un manifiesto en el que elevaban una petición de tolerancia y la terminación de la ayuda financiera por parte de los Estados Unidos a los grupos rebeldes de la Contra, opositores de la Junta de Reconstrucción Nacional Sandinista.

De pronto, estas revoluciones nos parecen lejanas, y a la vez más cercanas.

Al considerar la obra suprema de Cardenal, el Cántico cósmico, nos encontramos un libro dotado de correspondencias beatniks: espiritual y científico en la formulación cuestionamientos directos y personales cuyo alcance es el saber por sí mismo. La verdad, como la poesía, no puede ser enseñada, sino aprendida. “La vida es un fenómeno inevitable”, dice el hablante de la “Cantiga 9” (89). El universo es asimilable y a la vez inaprehensible ante el ojo. Solo puede ser capturado en verbos. El misticismo científico de Cardenal es a su vez pragmático: “los átomos tienden a unirse en dirección a la vida”, afirma el poeta en su búsqueda de soluciones y respuestas al enigma de la vida. Así, los átomos comprenden una suerte de sintaxis inacabable de la materia. La estructura interna de los átomos no puede ser percibida directamente a través de nuestros sentidos. Los elementos composicionales de la materia no son discernibles en el ojo humano, igual que la estructura jerárquica del universo, o igual que Dios. Mas todo vive en todo y todo se repite en todo, incluso, hasta la misma muerte. “La muerte biológica no es de todo el ser/es otro modo de ser” (89). El camino a la iluminación es, entonces, particular e individual, porque la muerte es individual. “San Pablo dice/ que el último enemigo vencido será la muerte, será/ la segunda ley de termodinámica” (92). La energía no se crea ni se crea ni se destruye, solo se transforma.

Similar propiedad física pudiese atribuirse a la poesía como materia, la cual le sirve a Cardenal de para hacer del Cántico cósmico una epopeya que presenta y a la vez representa una visión particular del universo, una forma en cierto modo innovadora en las letras latinoamericanas de entender el mundo que nos rodea, el papel de Dios en la creación y el propósito en todo y el destino de la humanidad.

Sin embargo, es el carácter prosaico que bordea en el informe documental estadístico, el lenguaje científico proveniente de la física, las alusiones al Big Bang y el fatalismo de la paranoia nuclear a consecuencia de la guerra fría los distintivos primordiales en los que el Cántico cósmico se acerque a, por ejemplo, trabajos como la "Oda plutoniana", poema que da título a una colección de poemas de Ginsberg publicada en 1979. Son obras en las que la apreciación mística va sujeta a su impacto en el plano revolucionario para contrarrestar el secuestro de la experiencia, que Anthony Giddens se ha encargado de definir como enajenación o separación paulatina del ser humano de su dimensión social e individual.

De manera exponencial, la experiencia visionaria de Cardenal se replantea los antiguos mitos sobre el origen de la creación, a la luz de los descubrimientos científicos y la experiencia mística personal de Dios, así como los deseos de la carne, la búsqueda de una nueva perspectiva sobre los misterios ancestrales de origen y destino dentro de un sistema científico alusivo al campo de la física y la astrofísica, un interés compartido con Ginsberg, según consta en al menos dos ensayos escritos por Ginsberg relacionados a la física: “Theory and the Identity of Indiscernibles Revisited” (1981) y “On a Paradox on Quantum Mechanics” (1984). “No podemos ganar, tampoco podemos empatar, no podemos salirnos del juego”, reinterpretó Ginsberg las relaciones entrópicas de las primeras tres leyes de la termodinámica.

Y sin duda: la física es la poesía de las ciencias al punto que parecería que el mundo solo es aprehensible a través de la poesía.

Y aquí es que se fija, el Cántico de Cardenal: en la búsqueda de un nuevo lenguaje se infiere una búsqueda de la verdad expresable en poesía, que, como forma literaria, era para Henriquez Ureña el más alto decir del espíritu en perfecta expresión. En un universo inasible a la condición humana terrenal, se persigue la experiencia liberadora y mística, la regresión conductiva hacia los principios intrínsecos de la humanidad. Una suerte de vuelta a la semilla original. Un primitivismo inevitable, como se evidencia también el Cántico, y a la vez, el vórtice de todas las Américas de habla hispana. Pero a su vez, en diálogo con la prédica beatnik, Cardenal afirma la existencia de elementos comunes a la condición humana en una visión cósmica del individuo. El alcance del Cántico cósmico, por ende, no es restrictivo a lo meramente literario. Es, a fin de cuentas, una búsqueda de la verdad.

Y la verdad es una ternura corruptible.

El escrito es parte de mi ponencia ofrecida en la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, dedicada, entre otros, a Ernesto Cardenal.


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