Detrás de Jennifer López (Big Booty Remix '14)


Este artículo habla sobre el trasero de Jennifer López y se publicó en El Nuevo Día el 9 de abril de 2000. Sin embargo, como ocurre con ciertos cuerpos celestiales de nuestra galaxia, su temática reincide en la cotidianidad de nuestra cultura popular. Luego de ver su presentación en  los Fashion Rocks Awards, no tuve más opción que desempolvar el escrito. Tal vez, de aquí a otros 14 años no tenga que volver a remezclarlo. Pero, ese es el asunto con los mitos. 


De su cuerpo de continente resaltan los dos portentosos tambores africanos que carga por trasero, y que han hecho del tener glúteos abultados, más que una moda, una característica distintiva de la sensualidad femenina, y yo, como muchos otros y otras, me deleito en su feminidad. Y hay quien diga que no, que eso es sexista, que eso es explotación de la mujer, pero a mí, en este momento, me importa un bledo, porque yo creo que detrás de de Jennifer López, además de sus nalgas, se ordena el inevitable cenit eterno de la evolución de la raza. 

Big, big booty. What you got? A big booty.

Bueno, tal vez ande filosofando sobre un par de nalgas, pero nos cualesquiera nalgas: se trata de las nalgas de Jennifer López, cotizadas entre las más famosas y selectas del mundo.

Kim Kar...who?

Y yo las miro, y mis amigos las miran, y tú las miras y nosotros las miramos y hasta parecemos niños de campo en cumpleaños de pueblo. Es nuestra naturaleza. De hecho, un estudio reciente revela que, de todas las partes del cuerpo humano, lo más que miramos -hombres y mujeres, ¿eh?- son las nalgas.  
Ya alguien había dicho que no se le puede dar la espalda a nadie. 

Big, big booty. What you got? A big booty.

De los entrevistados, unos dijeron que lo primero que miraban eran los ojos; otros aseveraron que el rostro, pero todos concordaron en que, en momento determinado, también miraban las nalgas. 100% de los hombres entre 44 y 54 años dijeron que miraban las nalgas de las mujeres. En general, entre los entrevistados de todas las edades, el echarle una miradita a las sentaderas siempre obtuvo sobre el 57%. ¿Conclusión? Nadie nunca pasa las nalgas por alto, tengan éstas apariencia de peras, manzanas o pollos entecos. 

Y somos tan ingratos que pensamos que las nalgas son sólo para sentarse, lo que provoca pensar en todos esos poemas que han cruzado mis ojos y mi mente- tantos poemas que han vagado por mis libretas de apuntes, y ninguno- ni uno sólo ha tenido el honor de ser dedicado a ese par de fieles compañeras que van con nosotros a todas partes. Se han escrito poemas dedicados a los ojos, a los labios, a la boca, a las manos, a la espalda, al cabello, pero nadie ha escrito a las nalgas; odas a las narices, a las cebollas, a los jarrones, pero ninguna dedicada a esos dos santos hemisferios glúteos. 

Buns of steel, anuncia la promoción de un conocido programa de ejercicios para fortalecer esa parte de la anatomía. 

El punto es que a todos nos gustan, pero, ¿qué diría usted si alguien le dice “Me gustan tus nalgas” con la misma naturalidad que le dicen “Me gusta el color de tu pelo”? Dios nos libre de abocetar semejantes piropos, aunque la verdad es que para cuando le elogian el cabello, a uno ya le han calculado el trasero desde diversos ángulos. Ah, pero piedad, Señor, piedad. Verificar la tablilla ajena es puro comportamiento natural humano. 

El argumento, mi hipócrita lector -mon semblable, mon frère!- es científico.

El eminente investigador puertorriqueño Juan A. Rivero, profesor distinguido de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez, dice en su libro Las llamadas del sexo que las nalgas cumplen una función biológica en la preservación de las especies. A algunos animales se les infla en pecho, a otros les cambia de color, pero en los humanos, que estamos capacitados para tener sexo en cualquier época del año, las llamadas sexuales visuales son de otra índole. 

Según Rivero, las nalgas son atractivas porque, cuando la especie humana se tornó bípeda, los músculos glúteos tuvieron que agrandarse y fortalecerse para lograr que la pelvis y el tronco se mantuviesen alineados con la cabeza del fémur y permitir la posicíon erguida del cuerpo. Como antes el hombre tenía sexo como los animales, y ahora… ahora, pues, la situación no viene al caso, pero sí le digo que como las mujeres tienen el cuerpo más arqueado que el hombre, la evolución hizo el cambio más conspicuo en ellas. 

She got the boom, shake the room/ that's the lightning and the thunder.


Así, la función de las nalgas en la mujer trasciende el aspecto mecánico y asume, ante la escasez de otros medios visuales, un interés erótico que despierta el viejo instinto animal. 

Los hombres podremos estar dispuestos al eterno “¡sí!”, así, con cortejado por signos de exclamación and all that jazz; pero es exclusivamente femenino el clavarnos un “no” en medio del pecho, como una estaca de hielo. Eso es lo que yo llamo poder. Las mujeres deben saber utilizar muy bien el suyo.

Shake your bon-bon o “mueve tu cucu”. 

Ya sea vistiendo mini faldas o hot pants, bailando macarena o perreando, el deseo por resaltar el trasero es un definitivo llamado al sexo —un retroceso al instinto primario— una vuelta al génesis, o el cierre de un círculo, que a su vez es un reclamo legítimo de la desemejanza biológica (biológica, puramente biológica) entre los hombres y las mujeres— esas diferencias que nos hacen como aire y fuego. Créame que el único propósito de utilizar zapatos de tacón alto, moda que data desde el siglo XVII, es resaltar las nalgas y exaltar la sensualidad de los relieves y contornos del cuerpo femenino. 

Las nalgas son esa parte de nuestra anatomía que habla en silencio.

Bueno, cada quien, a su manera, entenderá el lenguaje en que le hablen y lo que le digan, porque hay nalgas y hay nalgas, pero, ¿alguna vez le han dado un saludo de pelotero? Me refiero a ese ritual cada vez que un jugador llega a primera base y el coach le da sus palmaditas de cariño. Seguro que sí, aunque usted jamás haya jugado béisbol, lo disfruta. Es algo especial. Digo, no a todo el que va errabundo por los senderos de Dios le permitimos que nos toque las pompis. Las nalgadas en el béisbol tienen la apacibilidad de un beso en cada mejilla. Pero no por ello vamos agarrándanos de nalgas. Inconcebible. Y es que las nalgas, sabemos bien, son más de lo que aparentan ser.
Mi planteamiento trata de algo más que una mera fijación con un par de sentaderas sin las cuales nuestra cuerpo se vería impedido de caminar y que son nuestras mejores aliadas a la hora soportar una vacuna. Las nalgas, insisto, son poder: el poder de la seducción, un arte que es más instintivo y efectivo en las mujeres que en los hombres, lo que lo convierte en un arma importante para las féminas, porque ese arte atraviesa el deseo y el goce y va más allá de lo sexual o de lo productivo. Los hombres, como espectadores, estamos vinculados al aspecto productivo y concreto del acto sexual, pero la seducción femenina, en cambio, está arraigada al universo de lo simbólico—a lo sugestivo—a lo insinuado; viaja en lo intangible— en la fantasía y la imaginación. Se destila entre rituales lúdicos. Constructo o no, es así.

Me gusta la manera en que Jennifer López evoca todo esto y me recuerda que, sin una mujer, no hay nada completo, porque no hay vida; que sin ticket, no hay laundry; que la rosa trae espinas y que no hay fuego sin aire. Me gusta creer que una mujer puede ser tan suave como un susurro y tan fuerte como un desprecio. Me gusta entender porque si los hombres inician el juego, las mujeres cantan las jugadas. 

Si las nalgas, como dice el profesor Rivero, son un llamado visual al sexo, y, por consiguiente, a la procreación de la especie, entonces Jennifer López es más que un nuevo canón de estética en el mundo, o el rompimiento con el prototipo de mujer bulímica, la fabricación estentórea de un ideal de belleza que sublima el deseo en muerte como bien de consumo.

I wanna take that big 'ol booty shopping at the mall...

JLo, en fin, es el arquetipo del llamado a la unión de las almas y cuerpos de todos los que llevamos sangre latina— la evolución de la Raza— la preservación de todo lo que es hispano, y sobre todo, de la identidad puertorriqueña. 


Bueno, no se lo tiene que tragar. Yo tampoco me creo la mitad de lo que dije. Solo buscaba una excusa para mirar el video, desempolvar mi escrito y celebrar a JLo.

El juego es mirar. 

Big, big booty. What you got? A big booty.


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