Formas del siempre, en Otro Lunes

Julia de Burgos, por Jody Hegwill

Un cuerpo es materia física concreta, palpable. El cuerpo es extensión de los sentidos. Pero es la materialidad del cuerpo, y no su materia, lo que determina la forma en que estamos orientados hacia el mundo, tanto en la inmediatez física como en la necesidad psíquica. El cuerpo determina en gran medida nuestra ubicación y dirección en el mundo.

En la poesía puertorriqueña, cuando hablamos de la poesía del cuerpo es menester invocar a Julia de Burgos, pues Julia de América es una poeta grande, inalcanzable, descomunal, realidad ante la cual solo podemos ensayar prácticas simbólicas o poéticas mitologizantes de una historia trunca en nuestra memoria colectiva.

Quizá, por eso, tuvo que alejarse de su patria y, por más que pudo haber querido, no volvió en vida a Puerto Rico. Quizá por esto vagó por largo tiempo de su vida, como una voz en necesidad de una prestación corpórea. Quizá por eso danzamos en la larga furia de su tristeza en un intento por tenerla siempre. Quizá por eso, en nuestras lecturas de su poesía, aspiramos a darle un cuerpo a esa voz que nos habla y nos anticipa, porque no tenemos otra manera de entenderla, y como los grandes mitos, nos recuerda a los puertorriqueños nuestro presente como pueblo. De ahí que la celebremos como es apropiado: evocando lo que tenemos de ella y reconstruyendo nuevas formas del siempre.

La reciente edición Y fui toda en mí: Antología poética en el centenario del natalicio de Julia de Burgos (Ediciones SM, 2014) es ese esfuerzo por darle corporalidad a la leyenda juliana y apalabrarla en cien poemas como si fueran cien velas de cumpleaños. No quede duda: un libro siempre es un intento a la materialidad, una extensión de la memoria, o un nunca te olvido, Julia de Todos [...]

El resto de escrito, lo acceden en Otro lunes.


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