El amor a los libros en tiempos del eBook, en Otro Lunes



En 1940, en un ensayo titulado “Necesidades de empresas editoriales puertorriqueñas”, Manuel García Cabrera, un editor español radicado en Puerto Rico, comentaba que “[e]n nuestra isla se siente la necesidad social del libro” y comentaba la falta de un sistema de libros y bibliotecas en el país. García Cabrera también aludía en su argumento al insigne pensador Antonio S. Pedreira, quien en su seminal ensayo Insularismo (1936) acotaba que “en Puerto Rico no se lee”. Ambas perspectivas se complementan en su proposición de causa y efecto: no se producen libros, no se lee. O viceversa. En todo caso, una forma de violencia contra el derecho a la educación y el progreso de un pueblo.

Al parecer, no hemos cambiado tanto. En Puerto Rico, quizás, ya no se trata de falta de espacios de producción editorial, sino de puntos de distribución y venta. Pero el problema de acceso a los libros tradicionales es legítimo.

En un país donde la imprenta, una invención del Medioevo, llegó apenas a principios del siglo XIX, el amor por los libros y el fomento a la lectura nunca materializaron como proyecto social de Estado. La historia es larga y tormentosa, y merece atención aparte, sobre todo porque el libro es un producto de consumo cultural que se ha visto afectado muy particularmente por los vaivenes de las crisis económicas. Aquel que creció y construyó su mundo con el libro tradicional, se queda con ese placer. Los que no tuvieron esa oportunidad, ya no podrán experimentarla a plenitud, sea en Puerto Rico, Panamá o Nicaragua.

El resto del ensayo lo acceden aquí: 





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