10. Olvido

las cosas que quedan
entre migajas y café frío
son menos de las que tuve
entre la saliva y el aliento

quizá si me tocas me aplazo
quizá si me nombras me borro
o quizá nada de esto sea necesario

no sé ampararme a tedios pactados

voy granulándome como una mala foto
un paisaje que se desgana




10. Iridiscencia

esa forma de habitar
en que me siento

y te tomo
de la mano

rompe los colores
desmemoriados y tibios

en la soledad
que atraviesa la luz



Escribir es desescribirse. Asumir las formas y romperlas en rebeldías tiernas. No se trata de un futurismo trasnochado, sino más bien de el desmantelamiento del porvenir ante la pulsión del desastre. Agotados los modelos, la unidad falsea, engaña, y entonces solo nos quedan pedazos de lo contenido. El fragor vacuo. Seguimos siendo tan inconexos como en el principio de los principios. Ya lo decía Blanchot: “Escribir es entregarse a la fascinación de la ausencia de tiempo.”
Mas escribir es tiempo. Narrar es ordenar una secuencia de eventos en alguna manera lógica. Crono-lógica.  ¿Se puede contar de otro modo?
Tal parece ser el norte estético en Variedad de malestares, la colección de relatos de Lydia Davis de la cual no hay forma de salir ileso.
Es un libro que pulsa desde la estética deconstructivista para desmantelar aquello que hemos aprendido sobre el cuento tradicional. No hay punto climático en la mayoría de las cincuenta y siete piezas contenidas en este inusual acopio de historias. Muchas carecen de sentido inmediato. Ese es su sentido. Son cuerpos textuales que engranan en la relación dialéctica del lenguaje con su ideología. Pero lo más sorprendente es la manera en que se impone el principio del storytelling.
Davis tiene un proyecto literario en sus manos. En casi todas las historias, la inteligencia hace de personaje principal, puesto que el lector sabe que, en el mejor de los casos, ha leído algo que no entiende del todo pero que reconoce como maravilloso. Esto es cierto, a menos que el lector sea un fundamentalista de las formas tradicionales de narración, las que Davis se encarga de desmembrar. Una mirada sobre la disposición gráfica del libro hará saber al lector que estos relatos ahogan el lugar común. Leerlos es aceptar las reglas del juego.
Reiteración y pluralidad. Fragmentación y elipsis. Nada le basta a Davis. Solo huirle al olvido.
La prosa en Variedad de malestares, más que narrar, argumenta y analiza. Si la escritura analítica busca definir, explicar e interpretar un sujeto de estudio, la escritura argumentativa tiene como objetivo persuadir al lector. Ambos modos de escritura dependen de aserciones y datos que se argumentan sobre hechos, contrario a la escritura expresiva o imaginativa, que narra o describe una serie de actos hilados sin conexión necesaria con hechos o tiempos reales y, por tanto, no hay garantías.
En la escritura de Davis, sin embargo, nada es absoluto. Los tres modos se entrelazan para recrear una experiencia de lectura. Así, la autora recurre, en varias instancias, a la participación del lector como ente cohesor del relato.
En la historia “We Miss You: a Study of Get Well Letters from a Class of Fourth Graders”, el lector se encontrará en una densa prosa escrita a manera de informe o estudio estadístico, como bien anuncia su título. Un chico de nombre Stephen sufre un accidente en el cual resulta herido de gravedad. Su maestra de cuarto grado entonces propone a los compañeros de Stephen que cada uno escriba una carta expresando los deseos de pronta recuperación al afectado. Aquí se encierra la parte literaria: los tecnicismos frívolos del estudio ahogan la reflexividad emotiva de las cartas; desmiembran y trituran las partes llenas de buenos sentimientos que los niños expresan. La solidaridad se convierte en recopilación de datos.
“Passing Wind” es otra historia genial en la colección. Lleno de humor y cinismo, el cuento se concentra en la voz de un narrador en tercera persona que focaliza los pensamientos de un personaje femenino. Casi de manera apologética, argumenta e intenta persuadir a lector de que ella no ha sido la originadora de una sutil flatulencia que invade la conversación que mujer sostiene con un presunto visitante. Nuevamente, no hay narración; solo relevo de pruebas, una serie de hechos y especulaciones que llevan a la mujer a concluir que el aroma invasivo provino de su perro. El perro, claro, no puede argumentar. Pero, nuevamente, no hay certeza posible más allá del cargo de conciencia.
En “Ms. D and her Maids”, Davis recurre al despedazamiento de la historia. El relato no es un producto terminado. De hecho, se trata de un bosquejo o un acopio de notas de escritor que entonces anteceden a la historia misma, que quedará por escribirse. “What You Learn about the Baby”, por otra parte, se escribe a manera de temas de conversación para una charla motivacional, una guía para padres o, incluso, una presentación en Power Point. Estas historias son anti-historias. Desplazan las unidades espacio-temporales por otras formas argumentativas y registros escriturarios que alejan a Davis del cuento convencional. 
Entonces, las prestaciones de la poesía, que dispensa las explicaciones y el lenguaje descriptivo.
“How Shall I Mourn Them?” es una historia dispuesta en oraciones que flotan independientemente a lo largo de la extensión del texto. Visualmente, el cuento asemeja un poema, sobre todo cuando notamos el uso de la anáfora (“Shall I…”) que funcionan con otros recursos de repetición sonora. En “The Way to Perfection,” por ejemplo, Davis presenta cuatro oraciones dispuestas a imagen y semejanza de una cuarteta. Finalmente, Davis nos ofrece “Insomnia” recurre a la copla para representar la tensión entre el narrador y su perspectiva del mundo:
Me duele el cuerpo-
Debe ser esta pesada cama que me oprime.
Lo improbable se torna posible.
En definitiva,  al igual que la naturaleza de la poesía misma, las historias de Davies requieren una plena integración del lector con el fin de hacer que los cuentos funcionen. Los cuentos serán tan buenos como tan ágil de mente sea el lector.
La escritura de Davis se desextiende y proscribe el orden. El lenguaje se hace ruinas.  Pero al final, lo que nutre a Variedad de malestares es una preocupación filosófica por la condición humana. 
Lo fragmentario, como decía Blanchot, siempre promete el desconcierto, que es el trabajo de todos los futuros.

Como siempre, artículo original lo pueden leer en Nagari

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